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TENIS

ATP 500. La leyenda de Rafa Nadal crece: undécimo Godó

domingo 29 de abril de 2018, 17:37h
El balear arrolló al griego Tsitsipas en una final de claro color español (6-2 y 6-1).

Stefanos Tsitsipas se plantó este domingo en el camino de Rafael Nadal. Lo hizo después de sorprender a Diego Schwartzman, Albert Ramos, Dominic Thiem y a Pablo Carreño. El jugador griego de 19 años, y número 63 del ránking mundial, tenía claro el plan para abordar la lucha por el título en el Barcelona Open Banc Sabadell-Trofeo Conde de Godó. Para arrebatar al rey de la tierra, al mejor jugador de la historia en esa superificie la oportunidad de añadir otra muesca a su ilustre currículo.

"Si tienes un plan de lo que juegas, tu mente está clara, nada te para y sientes que lo tienes todo controlado para ejecutar lo que practicas en los entrenamientos", expuso en una previa en la que resaltó que ante el zurdo legendario "voy a seguir haciendo lo que hago ser agresivo, atacar mucho, servir cómo lo estoy haciendo. Lo que estoy haciendo funciona, debo concentrarme en cada partido individualmente". Pero, para su desgracia, no estaría en condiciones del cumplir su hoja de ruta para el asalto del cielo.

Más bien, declinó la versión menos optimista ofrecida con respecto al brete: "Si pierdo, habré disfrutado de tener una clase gratis del número 1". Porque desde el primer punto el manacorí se lanzó en tromba a por el heleno que hace tan sólo tres años fue salvado del ahogamiento por su padre. El español dictó el tempo de duelo, golpeando con todo y marcando territorio con celeridad. No obstante, se granjeó un par de breaks a las primeras de cambio para colocarse con un 4-1 esclarecedor.

El vencedor de las semis ante Goffin, el décimo de la ATP, por un rotundo 6-4 y 6-0, no se apiado de la juventud de su contrincante. Le relegó a un rol de sujeto pasivo, urgido en la labor de resistencia y precipitado en su tratativas por colocar sus latigazos en los ángulos. Porque, además de llevar la iniciativa, Nadal desplegó su capacidad para responder a cada tiro ajeno y Tsitsipas sólo se soltaría cuando la presión decató. Cuando el set estaba casi decidido. Competía ante un rodillo y no había podido, siquiera, abrazar el tino en el saque para salir a flote. Y el balear zanjó la cuestión en 40 minutos y por un premonitorio 6-2.

"A nivel de sensación personal, de control de juego y de seguridad ha habido muchas diferencias hoy con los demás días", declaró Rafael este sábado, susurrando la jerarquía sobre la que iba a galopar en la final del torneo cuya pist central lleva su nombre. El novel finalista acusaría el golpe sufrido, pues éste fue el primer set que había cedido en el campeonato. Empezó la segunda manga al saque y arrancó con un 0-40. Maquillaría algo el desepeño pero un fallo grosero le llevó a regalar un break en el estreno del periodo definitivo.

La excelencia en la firmeza y la cadencia de Nadal, que certificó la confirmación de la ruptura, puso al heleno en un dilema: tenía que arriesgar para ejecutar un salto de página, pero podía amontonar errores, ya que estaba incómido por el ritmo imprimido por el tenista local. Mas el principal problema del joven no fue su rendimiento, sino la superioridad y finura, impía, del manacorí. Parecería que el terreno mental le jugó una mala pasada a este competidor que no llega a los 20 años.

Otro rosario de errores no forzados, con síntimas explícitos de deseperación, gestaron el 3-0 y saque que brindó al zurdo una autopista para clausurar la final por al vía rápida. Pasada la hora de juego amanecería el único lapso de irregularidad del español: cometió dos dobles faltas y varios errores no forzados para complicarse el servicio. Pero salvaría dos bolas de break y salió del hoyo para ponerse 4-0. Se le notó pesado de piernas al griego, que desaprovechó el oasis. En consecuencia, el coloso se remangaría para añadir el undécimo Godó a su cuarto de trofeos (ya tiene 77), después de concatenar un trabajado punto al saque y otro, más resplandeciente, al resto (6-1). Para zanjar la final más corta que se ha visto en la Ciudad Condal y afianzar su número 1 (después de brillar en Montecarlo).

Y este hito no fue el único vivido en el Godó este fin de semana. En esta misma jornada dominical Feliciano López y Marc López se adjudicaron por primera vez el torneo de dobles. Doblegaron a la pareja compuesta por el paquistaní Aisam-Ul-Haq Qureshi y al holandés Jean-Julien Rojer, por 7-6(5) y 6-4. Después de una hora y 52 minutos, y tras saber interpretar la influencia del viento, los López volvieron a dejar en casa el trofeo tras 21 años sin triunfos españoles en esta categoría y en la Ciudad Condal.

"Haremos una cena, nos están esperando, ahora nos tiraremos a la piscina y después cenaremos e iremos a dormir temprano", explicó, entre risas, Marc López. Y señaló que "en Roland Garros, no lo pudimos celebrar y ahora merece hacerlo a lo grande". Feliciano, por su parte, apuntó que "Marc es la única persona con la que me apetecía asumir el reto". "Siempre creía que podíamos jugar bien y él siempre tenía alguna duda, pero esta victoria nos da confianza para afrontar el año más tranquilos", sentenció.

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