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Argentina: una irresponsable división

miércoles 16 de julio de 2008, 22:51h
Partidarios del Gobierno, por una parte, y seguidores de las patronales agrarias, por otra, escenificaron el pasado martes en Buenos Aires la división existente en la sociedad argentina, división irresponsablemente alentada por los Kirchner. Según fuentes gubernamentales, 300.000 personas -95.000, según medios locales- abarrotaron la plaza del Congreso, donde el marido de la actual presidenta, Néstor Kirchner, lanzó un incendiario discurso, cargando contra los productores agropecuarios, a quienes acusó, una vez más, de golpistas. Pocas horas después, a escasos cinco kilómetros, otras 225.000 personas, según fuentes extraoficiales, se concentraron en el barrio de Palermo para arropar a las patronales agrarias en su protesta contra las medidas arancelarias del Gobierno.

Resultaría absurdo enzarzarse en una estéril guerra de cifras cuando el problema y las causas del mismo están bastante claros. A poco más de seis meses de su llegada al poder, Cristina Kirchner ha sido incapaz de resolver un conflicto que lleva alargándose desde marzo, y, lo peor de todo, es que no sólo no ha conseguido librarse de la sombra de su marido sino que ha permitido que éste siga ejerciendo el poder sin disimulo alguno. El argumento del matrimonio de acusar a los productores agropecuarios de desestabilizadores queda neutralizado cuando es el propio Néstor quién vacía de legitimidad el mandato de su mujer, empeñándose en centrar todo el protagonismo en la toma de decisiones. Son hechos como éste, las designaciones a dedo, o las “argentinizaciones” de empresas a favor de amigos, como lo sucedido recientemente con Aerolíneas, lo que realmente desestabiliza al país, ya que suponen un desacato continuo a las normas más elementales de un estado de derecho.

Y es que el auténtico problema no reside en un anacrónico enfrentamiento entre argentinos pobres y argentinos ricos y “oligarcas”, como quiere hacer ver Néstor Kirchner. Lo que exigen los productores agropecuarios y las clases urbanas que les apoyan, a pesar de su aparente lejanía social, es un Estado de derecho sólido, en el que se cumplan las leyes y reglas de juego que legitima y sostiene una democracia. El discurso del presidente hablando de oligarquías y malvados empresarios que sólo quieren “encarecer” los alimentos es una peligrosa treta discursiva que sólo trata de desviar la atención del verdadero problema argentino. Hoy por hoy, esa división está superada, pero lamentablemente, la política de los Kirchner, que se basa en crear enemigos frente a los que aglutinar a sus seguidores, en vez de en buscar consensos con los que gobernar a todos sus ciudadanos, puede lograr que la división acabe convirtiéndose en una peligrosa realidad.
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