Vuelvo con mi canto al obreraje, a los proletarios de levita del periodismo, a una manera de salir de todos los males de España que ha sido la de siempre: trabajar y no pensar. Valle-Inclán lo tenía claro: “Ideas las tenemos todos, lo difícil es pintar un burro con un gitano”. La acción no tiene nada que ver con el pensamiento: es acción y va sola. Umbral lo dijo de otro modo, de dos modos nada despreciables: “El que lo piensa todo primero, no escribe nada después” (la propia escritura, la acción, es ya una manera de hacer) y “El talento, en buena medida, es una cuestión de insistencia” (a la hora de hacer bollos de pan, cambiar neumáticos o cantar copla: trabajar y punto).
Voy con una anécdota que pocos saben. Verano en Madrid, ferragosto en Madrid, cuarenta grados a la sombra y, como en Shakespeare, interrogándose los ojos de tan agotados. Sudan los espejos, suda el asfalto, sudan las camisas coronadas de cercos y las testas, los “cráneos privilegiados” (Valle). Un grupo de periodistas, de plumas ricas de la profesión, de millonarios capitaneados por Miguel Ángel Aguilar beben, cuentan chistes y salen a la fresca de los hielos y el vidrio congelado, un yoga español muy refrescante. La francachela lleva a la apuesta. Todos ríen en francés, desajustan nudos de corbatas y abrevan, según la leyenda, como si no hubiera un mañana, felices en su cotización y “spleen” veraniego.
La apuesta (mil duros de entonces cada uno sobre la mesa) es quién puede estar trabajando en Madrid ese día, 15 de agosto, a las ocho de la tarde. Aguilar no tiene ninguna duda: lord Anson. Muchos lo ven imposible, no puede ser, el clima invita a la francachela y el ocio, es verano. Recogido el dinero alguien llama, pregunta por lord Anson, se mantiene a la espera, pronto la secretaria tiene la respuesta y salida al laberinto: “Sí, espere, ahora le paso”. El clima interior nada tiene que ver con el exterior, las vocaciones obstinadas no conocen la calma, la urgencia es otra vida y no sabe de vacaciones, el hombre feliz no necesita descansar y solo pide más vida.
¿El problema de España? Siempre el de los horteras: llenarse por fuera y no por dentro, otro chalet adosado, otro traje o coche de alta gama, y cero libros o blindaje interior. ¿El problema de España? El dinero como negocio, sin vocación detrás, sin martirologio ni sufrimiento dentro de una pasión. La segunda derecha española (Ciudadanos) ya se come a la primera (Partido Popular) sencillamente por las ojeras, las camisas sin corbata, una manera franca de hablar al pueblo y vivir ajenos a la desafección. Detrás del dinero fácil está siempre la creencia que todo es una mierda, que el sistema es una mierda, y la mejor manera de progresar es ésta, robar o timar. Craso error.
La salida al laberinto es que el trabajador español comience a amar lo que hace. El único fracaso es el de no haberlo intentado. Y el llenarse de cosas (chalets, coches, ropa…) solo es una forma de vaciarse por dentro.