Para caer en el mismo punto, solo que con su cauda de muertos, su idea de separar la herencia vasca de España y Francia y su desprecio a tales nombres y al estado de Derecho. Y con el discurso y sentimiento de odio del que políticamente hay quien se ha servido y vivido de ello. ETA derrotada, sí, pero no su legado, ella a su vez legado de un franquismo al que respondió y del que se sirvió en la era democrática española. “No van a obtener nada por su disolución” ha dicho con acierto Mariano Rajoy. Me escalda el silencio de Felipe VI. Y por supuesto que ETA debe ser recordada como lo que fue: una banda terrorista.
En ultramar, donde la diplomacia española contó en general, con la eficaz cooperación para extraditar a cuanto etarra escapara a las Américas, no ha pasado inadvertida la actuación de ETA y en concreto, su más reciente anuncio de disolución que me siembra más dudas que certezas. Amerita encargarse del tema poniéndole una especial atención. Y no con un ánimo de aguafiestas, pero sí de incredulidad que posiblemente inquiete. Quisiera estar más esperanzado, pero me resulta incontenible la suspicacia, el recelo mayúsculo.
Porque…menuda cruz, menuda carga ha supuesto ser el advenimiento de ETA en el devenir de los vascos, los más, claro, y de la historia de España –y en su justa proporción en la francesa, covíctima de sus agresiones– y al final, ¿la quimera de Euskal Herria fue igualmente un espantajo? porque…después de anunciar reiterados ceses al fuego y despedirse más veces que un torero, hete aquí que parece que al fin pudiera suceder la anhelada desaparición de ETA, no sin dejar rencillas y el miedo que dicen que se respira en las calles de las Vascongadas. En la honestidad que clama debió plantear si su derrota era frente a España, cuyo nombre calla cual si la derrota fuera solo frente a sí misma, y deja los rencores, los presos llamados políticos, los terroristas gobernando, un tema de cultura y lengua euskera sin resolver en su inserción a España y sí, con al menos, dicen, 353 casos no resueltos de asesinatos, y sin pedir perdón por todas las víctimas, ajenas o no, distinguiendo a lo más a los colaterales, pero sin más, sin una conclusión puntual: un País Vasco reunificado, dicen, socialista y republicano e independiente de España y Francia, que no sea patriarcal, refiriéndose al PNV, que ya es decir.
Los textos de ETA anunciando en 2017 su desmilitarización, o los de su reconocimiento a que fueron violentos y mataron a quienes no estaban inmersos en su conflicto y el no mirar a España callando su nombre, en 2018, son la muestra de su soberbia, de su mala leche, de su asesino sentimiento de rencor. Vergonzosos. La cultura vasca no merece tal tratamiento y manifestación execrable. Distinguir en víctimas que merecen su “perdón” y las que no, es brutal y mezquinamente miserable. Y no, lo del perdón no es tema de frailes o monjas.
Ahora que… ¿ETA ha fracasado como proyecto? Lo deseamos. Veremos qué hacen sus apologistas y seguidores. ¿Triunfó el estado de derecho y la democracia española sobre tal? Esperamos que sí, y pese a las voces detractoras, es ETA la que se disuelve y no el Estado español. Punto para aquel. Pero conste: el comunicado del 3 de mayo de 2018 en que anuncian su cese definitivo, adelanta que solo sucederá después de que su militancia haya ratificado la propuesta.
Con bases populares que desmienten la idea de que de ETA queda nada, dejando de agradecer los días transcurridos desde el último atentado en España (Mallorca, 2009) y esas vaguedades en cifras de asesinados, 820, 829, 853 según cada fuente, miramos las espeluznantes palabras de uno de sus comunicados, expresando: “ETA quiere resaltar que la Organización ha reivindicado todas las acciones que ha realizado en sus periódicos comunicados, y en ellos la militancia de ETA ha asumido una responsabilidad colectiva. ETA ya ha aclarado qué es lo que ha hecho. Nos parece importante subrayarlo, puesto que todavía hoy existen muchas acciones violentas producidas en Euskal Herria que nadie ha asumido, que nadie ha esclarecido. Más aún, los responsables de esas acciones han negado su responsabilidad en las mismas. Subrayar eso también nos parece relevante si se pretende realizar ejercicios para sacar a la luz toda la verdad.” Habla pues, de complicidades y manos que no son las suyas. Merecería clarificarse todo ello. Y en otro comunicado sentencia que pese a todo, hay: “La falta de voluntad para solucionar el conflicto”.
España persistió en que no estaba para negociar con terroristas. Felicitaciones. Certeza que contrasta con la nebulosa fecha cierta de la fundación de ETA (¿1958?, ¿1959?) y la siniestra presencia de tres encapuchados anunciando muerte y falsas esperanzas, que esperemos que ya sea la última vez que amagan al pueblo español. ¡Nunca más! Aunque jamás sabremos los nombres de esos tres finales que evanescentes, quedarán en la memoria colectiva, clandestinos.
El tono empleado en sus comunicados finales, amenazantes después de todo si los leemos con cuidado, va de lo bucólico a perdonavidas o de franco decaimiento y desilusión por optar por la fórmula democrática para una nueva etapa, que no teme a un futuro sin pasado. Una etapa donde ETA afirma que no será agente ni madrina de acciones precisas. Sus entrelíneas son muy confusas.
Azoro, impotencia, incredulidad sentidas tantas veces ante su actuar violento y reprobable, no nos deja ajenos ni indiferentes. Imposible. La existencia de ETA requiere regresar al punto inicial: una España unida. Unida en su historia y regiones. Un País Vasco democráticamente unificado, que lo sea si ha de ser, pero no por la voluntad de los asesinos de ETA y si por acciones legales y democráticas, en dado caso.
ETA se disuelve tras un cese al fuego y un actuar sin sentido, no sin antes haber expresado que proponía un camino legaloide como el catalán, en vísperas del 1 de octubre de 2017. Hoy parece que no habrá más. Lo ha dicho tantas veces eso de irse, que me recuerda la canción ranchera interpretada por José Alfredo Jiménez, “No me amenaces”, que seis veces dice en su estribillo: “porque estás que te vas, y te vas, y te vas, y te vas, y te vas, y te vas y no te has ido”. Pues eso.
Y ya que refiero algo de México, decirle que la representación del País Vasco en Ciudad de México, entidad oficial desde luego, tiene un asta bandera para tres pendones y ¿sabe? solo pone la ikurriña. Una pena. Una muestra de la falta de reconciliación. Tres sitios cuentan y no alcanzan para la española. Pues entonces solo resta decir: ese lema de “País Vasco y Libertad” implica que el País Vasco se queda libre de ETA y a no verse forzado a secundarla y a no ser asesinado por ella. Ya podemos respirar todos, aliviados. Si mi segundo apellido, Amezcua, no me viene de nada, ya lo ve.