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La gente que merece la pena

Diego Medrano
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diegomedranotelefonicanet /12/12/23
miércoles 16 de mayo de 2018, 20:44h

El historietista Alfonso Zapico sale de su exilio francés en Angulema, entre festivas gaitas asturianas interiores y borgoñas de empaque, para presentar un libro que le ha salido en mitad de la culminación de La balada del norte (queda el tercer volumen; muchos esperamos el desenlace de Tristán Valdivia: “periodista sin periódico, editor sin éxito y amante sin ilusión”, hijo del marqués de Montecorvo, en mitad de la lucha obrera de 1934). La obra menor no existe, la obra artística total es siempre mosaico, constelación de trabajos y, lo que pensamos obra menor, es pórtico inesperado hacia nuevos territorios y tesoros desconocidos. Los puentes de Moscú (Astiberri) es mucho más que el encuentro casual entre el político Eduardo Madina y el músico Fermín Muguruza durante el invierno del 2016 para un encuentro con la revista Jot Down a la que el historietista actúa de testigo de ocasión.

Analiza las trayectorias de ambos, el diputado y el rockero, el activista independentista y la víctima al que el terrorismo le costó una pierna, el Bilbao de las tensiones sin solución durante el pasado y el presente actual donde el diálogo construye puentes firmes entre orillas separadas. El cómic va sobre la gente que merece la pena, sobre la buena gente que puede pensar diferente, cuyo pasado siempre ha sido otro, pero que en la ciudad de humo azul y pesada decadencia industrial, en la urbe de la heroína juguetona y las pistolas serias, del voleibol resultón y las chicas sonrientes, de la universidad eterna y las tascas auténticas, hace lo propicio por construir un refugio húmedo y cálido donde el encuentro sea posible y el diálogo evite cualquier perdón. Siempre en el dibujante hay una búsqueda: Dublinés (sobre Joyce, premio Nacional), Café Budapest (conflicto árabe-palestino), La balada del norte (franquismo frente a izquierda minera), etc.

Zapico está donde ha estado siempre: en la mezcla de costumbrismo y vida cotidiana relatada en voz baja, francotirador del detalle, orfebre de un arte que hable de la gente y para la gente, detective de tascas de vino y verdades pequeñas. Durante años grises, cuando todavía vivía con sus padres, se quedaron sin televisión y el niño comenzó a devorar folletines en los que la prosa iba a mayor velocidad que la vida y un rapto de lápiz quedaba en el costado como herida a la que no dejar de hacer caso. “Kortatu” (grupo rockero de Muguruza) es religión juvenil y fresca en el País Vasco (el propio Madina fue fan en sus años mozos): grupo viajado, grupo que sabe bien lo que es el mestizaje musical, grupo formado e informado, hoy en el debate de la vida más que nunca por el empujón de Zapico en estas páginas de viento presente y ningún odio.

La pelota vasca de Medem, la reivindicaciones de Muguruza en pro del pueblo palestino en plena zona de conflicto, el debate eterno donde callen las armas y la palabra recoja su protagonismo, el precio exacto sobre la vida de una persona que Madina preguntaría a los ojos de su asesino, el puro rock de no esperar vivir más de treinta años por culpa de los excesos en contra del camino lector que jamás ve un fin en su horizonte, los presos y sus familias, viejos conciertos de los Clash en Donosti donde empieza todo, el asesinato de militantes de ETA en la calle por parte de sicarios de la mafia marsellesa bajo el GAL, cantar o no en Euskera para ser más libre, la legalización de las drogas para evitar el enriquecimiento de las mafias, los tejemanejes del general Galindo en sus feudos, el martirio y asesinato de la militante de ETA Dolores González Katarain (“Yoyes”) por querer desvincularse de una organización militar presidida por las armas, etc.

Zapico, siempre literario (en este libro adora a Magris como antes lo hizo con Pushkin), gracias a unas alubias con guindilla y un vino barato, ha relatado un nuevo puente entre las dos Españas donde todo pesa menos y el derecho de cada nación a autodeterminarse o la defensa de una cultura precisa en plena globalización neoliberal (Muguruza) va en liza con un Estado de bienestar universal con negociación colectiva dentro del marco democrático y donde no se sea buen vasco ni buen español para muchos vascos o españoles (Madina). Obra sobre crecer o no libre de odio. Obra sobre mirar o no atrás con el cuchillo entre los dientes. ¡Hasta el subcomandante Marcos, en pleno argumento, y su lucha contra el neoliberalismo y contra la negación histórica de los derechos de los pueblos indígenas de México! Tremendo. ¡Menudas alubias!

Diego Medrano

Escritor

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