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LLEGA A ROLAND GARROS REGRESANDO AL NÚMERO UNO DE LA ATP

Rafa Nadal, el mejor en la tierra

domingo 20 de mayo de 2018, 19:19h
Tumbó a un gran Alexander Zverev (6-1, 1-6 y 6-3) para alzar su octavo título en Roma. Por M. Jones

"Para mí lo más importante es ganar Roma, en términos de satisfacción. He venido para tratar de ganar un título importante. Luego, si vuelvo a ser número 1 es algo grande, pero mi motivación es ganar el torneo", explicó Rafael Nadal toda vez que derrotó a Novak Djokovic en la semifinales del Masters 1.000 de Roma. El balear sabe que si mantiene su ritmo imperial en la superficie de la que es patrón histórico se adjudicaría el trono de la ATP este mismo lunes. Por ello, lo más importante, recalcó, es centrarse en lo venidero y poder competir sin las molestias que le suprimieron de la lucha por los torneos en los tres primeros meses de 2018.

En la final en la que competiría para levantar por octava vez el trofeo del Foro Itálico (venció en 2005, 2006, 2007, 2009, 2010, 2012 y 2013) se le atravesó la perla alemana Alexander Zverev, número 3 del mundo y que venía de triunfar en el Masters 1.000 de Madrid. El duelo entre la leyenda española (31 años) y el nombre llamado a suceder a los mitos que todavía copan los dos primeros puestos del circuito (21 años) se está revistiendo de clásico incipiente.

El aspirante, de Hamburgo, acumulaba una racha de 13 victorias consecutivas desde el pasado 2 de mayo, pero se desgastó en su duelo previo. No obstante, tuvo que desempeñarse al máximo para derrumbar al cuarto cabeza de serie Marin Cilic a través de dos desempates (doble 7-6). Ese factor, el del fuelle, asomaba como determinante en el choque de estilos que se iba a desarrollar en la capital italiana. Asimismo, el 4-0 que le ha endosado el manacorí en sus duelos directos abría el parámetro mental y marcaba el hambre del germano, que declaró antes de salir a la tierra batida que "hemos competido en partidos realmente duros. En Indian Wells tuve un matchpoint y en Australia nos fuimos a 5 sets".

Prometió batalla y arrancó rompiendo el saque de Nadal en el primer juego. Pero el zurdo, que empezó frío, se activo con celeridad y le devolvió el break. En blanco y de inmediato. Con 1-1, Rafael sí confirmó la rotura. Lo hizo de manera autoritaria para decretar el primer descanso. Zverev le buscó el revés a su ilustre oponente, en un planteamiento defensivo que le costaría ceder la iniciativa. Su primera doble falta allanó el segundo break de un jugador balear que anuló el arma del servicio al alemán y empezó a moverle. A erosionar su confianza en peloteos largos y exigentes. Entró en un bloqueo rebelde Alexander, pues la defensa de su rival le negaba puntos bien trabajados, y lo amortizó el rodillo del primer candidato a Roland Garros (4-1).

Desde el fondo de la pista o en la red, el favorito dejó claro al joven que iba a tener que sudar cada punto. Corroboró esta aseveración sobreponiendose a dos errores no forzados para remontar un 40-0 y firmar su tercera rotura del irreconocible saque del líder de Alemania en la Copa Davis. Con 5-1, Nadal implementó una gestión plácida de la ventaja cosechada para sellar el primer set por la vía rápida. Con una superioridad que pocos pronosticaban (6-1). En 33 minutos. El español ganó el 100% de los puntos con segundo servicio y el alemán sólo conectó el 27% de sus primeros, un parámetro clave.

Zverev amontonó 12 errores no forzados (por 3 del gigante) y, más que otra cosa, dudas. Le urgía ser más ambicioso, porque la resistencia del tenista nacional desde el fondo era sólida y desesperante. Quiso serlo, aunque resultó una dejada de terciopelo el golpe que le entregó su primer punto de saque de la segunda magna y de la final. Se había edificado un desafío psicológico monumental para el teutón, mas éste es competitivo y cultivó dos bolas de break a continuación. No encontraría escapatoria Nadal y sobrevino un 0-2 que daba alas a la promesa que anhela ser presente.

Tiró de orgullo y lectura de juego Zverev con el fin de renacer del naufragio precdente. Y se puso 0-3, con un juego en blanco al saque y una disposición más rítmica y variada. Acudió a la red con más asiduidad y dejó al manacorí calibrando cómo amortiguar el cambio en la dirección del viento. Pretendió acelerar los puntos, acabar rápido con el día, y calculó mal. Perdió la iniciativa al tiempo que la reclamó el alemán por la vía del resto más afilado. Subió metros en pista y relativizó las conclusiones que dejó el set inicial. Y con otra rotura se disparó hasta el 0-4. La consistencia y el temple se mudaron de trinchera.

Cayó en un mar de imprecisiones (9 errores no forzados y sólo un winner) y en la falta de finura física un Nadal que en este tramo jugaba contra sus fantasmas. Ya no sacaba de eje tanto a su némesis y el de Hamburgo dominada y disponía desde el centro. Su primer ace coronó el 0-5. El gobernador de esta superficie únicamente acertó a maquillar la metamorfosis con su primer punto al servicio de la segunda manga y 'Sascha' empató la final, después de refrescar lo venenoso de su saque, con un 1-6 desarrollado en 37 minutos.

Asi pues, se extendió la incógnita en torno a qué relación de fuerzas se vería en el set definitivo. Un error en la lectura de la defensa ajena y la complicación para ocupar los espacios mejor empujaron al balear a salvar otras dos bolas de break iniciales con una torsión atinada en la red. Pero en la tercera oportunidad, cuando la lluvia empezó a caer, Zverev confirmó que volvía a robarle el servicio a un español contrariado. Su resurgir había copado cada centrímetro de la Centrale. El zurdo yacía en situación de emergencia. No estaba a su mejor nivel, como en tantas otras citas, y tenía que detectar la escapatoria para sobrevivir.

Confirmaría la rotura el número 3 del mundo, con más dificultades. Y Rafael no pudo enmendar el continuo viraje hacia el revés de su oponente, pero sacó la cabeza para ponerse 1-2, con ganador reconocible incluido y juego en blanco. Había de focalizarse en el siguiente punto, nada más. No disponía más horizonte que el resto venidero, la próxima devolución. La ejecución del servicio alemán se propulsó, complicando la papeleta. Y el 1-3 subió al electrónico, constriñendo al español a portar toda la presión sobre sus hombros.

El cuarto juego de la tercera manga arrinconó a Nadal: no podía ceder su servicio de nuevo. Entonces, el juez de silla paró el partido ante la tromba de agua. Quedaría en suspenso cómo afectaría el parón a los dos finalistas, de trayectorias antagónicas. La ignición ganadora y plena de personalidad de Zverev se congelaba por motivos climáticos. Ambos se encaminaron a vestuarios y el español regresó con ropa nueva, tras repensar su plan y efectuar un balance de situación. Dentro de su rompacabezas mental, o quién sabe si ansiando desestabilizar a la firmeza ajena, se empeñó en que la organización retirara una lona en el fondo de la pista.

La reanudación alzó el telón con una doble falta del zurdo. Sin embargo, un par de derechas y más agresividad en cuanto a las subidas a la red le proporcionaron el 2-3. Arreció la lluvia y se decretó otro parón -más prolongado y en el que los cuerpos técnicos pudieron leer la trama con sus pupilos-. Cuarenta y seis minutos después, los protagonistas retomaron el pulso. Y en esa recta final con apariencia de reinicio del evento Zverev sacó las uñas con el saque y Nadal multiplicó su actividad. En ese crucial brete pescó el balear el anhelado break que empató todo (3-3).

Como si en la larga pausa hubiera repasado los fundamentos de juego sobre los que trabajó en el cómodo primer set, el legendario jugador desplegó un pico de tenis que le granjeó la iniciativa (4-3). Soltó su derecha y con ella también los nervios, disfrazando a 'Sacha' de sujeto pasivo del sprint hacia la gloria. El germano, conducido a desplazarse más de lo que le gustaría, batalló contra sus fallos aunque con la tensión tocando techo naufragó. Rafael ajustó se resto y sus defensas para meter todas las bolas en la pista, desgastando al alemán. Y, desatado, arrancó otro break trascendental (5-3). Impuso su gen histórico para poner el lazo a otra muesca épica de su faraónico currículo.

Tras el asfixiante esfuerzo, el balear explicó que "mi primera victoria aquí fue en 2005, es uno de los mejores recuerdos de mi carrera. Tener esta copa conmigo tantos años después es algo de verdad especial". Asimismo, mandó un mensaje a los que le han ayudado a solucionar el bache padecido a lo largo de la jornada. "Gracias a todo mi equipo, los que están conmigo siempre, su apoyo es importantísimo. Sin vosotros sería imposible hacer lo que estamos haciendo", ha reconocido.

Zverev llevó al límite a un jugador que tiene una relación de victorias y derrotas en tierra de 408 triunfos y 36 partido perdidos. Dos horas y nueve minutos duró el laborioso trabajo.

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  • Rafa Nadal, el mejor en la tierra

    Últimos comentarios de los lectores (1)

    8081 | Pontevedresa - 21/05/2018 @ 22:40:40 (GMT+1)
    No limitar tanto el tiempo, me habéis borrados dos comentarios. Rafa en su línea, un luchador, espíritu de trabajo, deportividad, un enorme deportista que nos hizo casi sufrir un infarto con el tercer set. Espero pueda ganar su torneo favorito Roland Garros. ¡Vamos Rafa¡.

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