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ORIENT EXPRESS

El supremacismo nacionalista

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 27 de mayo de 2018, 19:43h

Lo que el presidente de la Generalitat de Cataluña, Quim Torra, ha escrito durante tanto tiempo ha permitido a muchos descubrir el verdadero rostro de la “revolución de las sonrisas”. El éxito del separatismo en seducir a los jóvenes gravitó sobre la imagen de sociedad “progresista” y “moderna” que pretendían construir una vez conquistada la independencia. Toda la propaganda de los últimos años -recordarán los famosos vídeos en los que “el pueblo” empujaba una furgoneta por un páramo para terminar bailando el “mambo”- esa propaganda, digo, inspiraba anhelos de libertad, diversidad y cosmopolitismo altermundista. A los jóvenes en chanclas y camiseta de tirantes los ha venido a representar el autor de unos textos cuyo supremacismo complacería al Dr. Rosenberg.

No debe llamar nuestra atención esta importancia que el pensamiento racial ha ejercido sobre los nacionalistas catalanes. Algunos de sus autores de más rancio abolengo -Rosell i Vilar, pongamos por caso, con su terrible “La raça”- han defendido los mismos postulados que fuera de nuestras fronteras sostuvieron los padres intelectuales del nacionalsocialismo. La idea de que existe una “raza catalana” cuyas diferencias biológicas con el resto de los españoles podía demostrarse científicamente es habitual en los autores nacionalistas históricos.

En cambio, sí debería resultarnos sorprendente que en pleno siglo XXI -después de décadas de educación en valores y celebraciones constitucionales- textos como los de Quim Torra sigan teniendo acogida e influencia. En Cataluña, no sólo está en juego la prevalencia de la ley y la constitución, sino el propio papel del sentido común, la inteligencia y la razón en el discurso público. El empobrecimiento de la sociedad, la división entre compañeros de trabajo, amigos y familias y la creciente violencia en los espacios públicos, son sólo algunas de las consecuencias que la locura nacionalista está dejando como herencia en Cataluña.

También debería movernos a la reflexión que haya habido tantos sorprendidos con los textos del presidente. ¿Qué pensaban que era el nacionalismo? El nacionalismo es exactamente eso que los textos de Quim Torra revelan: supremacismo, clasismo, racismo, discriminación, exclusión… ¿Tan efectiva ha sido la propaganda nacionalista durante décadas? Parece que sí.

Sin embargo, no debe soslayarse otro de los factores que todo nacionalismo necesita: la violencia. Para imponer su voluntad, los nacionalistas necesitan recurrir a la agresión, la provocación y el victimismo. La campaña de cruces amarillas en playas y de lazos por doquier tiende a disparar los altercados e incidentes entre la minoría separatista y la mayoría opuesta a ellos. A diferencia de lo que sucedió durante los años en que los nacionalistas trataron de silenciar a los demás, ahora ese muro de silencio se ha roto. En una espiral de acción-reacción, los separatistas tratan de lograr así lo que no permiten la ley, la justicia ni la razón.

Esa violencia simbólica y verbal -las pintadas, los insultos, la hostilidad que se despliega contra los no nacionalistas- prepara el camino a la violencia física. Los Comités de Defensa de la República (CDR) son las bandas encargadas de imponer el discurso nacionalista o el silencio. Así, las alternativas son hacerles frente -y, entonces, explotarán el victimismo de una pretendida represión- o dejarles hacer y entonces crearán la imagen de una Cataluña separatista dentro y fuera de nuestras fronteras. En ambos casos, la violencia que emplean les habrá servido.

En estos días, estamos asistiendo a una operación de propaganda que trata de lavar la imagen de Quim Torra al igual que antes asistimos a otra para disimular el fondo supremacista y violento del nacionalismo. De la efectividad de estas campañas habla el éxito que Carles Puigdemont está obteniendo en su fuga de la Justicia.

Sin embargo, el supremacismo que los textos de Torra revelan sigue inspirando el separatismo en Cataluña. Si no hay una reacción decidida que detenga esta deriva, el separatismo terminará pasando de la violencia simbólica y verbal a la violencia física generalizada. Ahí están anunciándola las amenazas, los acosos, el hostigamiento a manos de los CDR.

Ojalá estemos a tiempo de evitarla.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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