Patricia Racette, quien recientemente ha debutado en el Teatro Real con el papel protagonista de la ópera de Kurt Weill, Street Scene, ofreció el pasado domingo y ayer lunes sendos recitales con el título Diva on Detour, en los que demostró saber defender un estilo, el “clásico-popular” americano, muy lejano del operístico del repertorio de lírico spinto en el que está especializada como belcantista (Mimì en La Bohème, Nedda en I Pagliacci, Elisabeth de Valois en Don Carlo o Cio-Cio San en Madame Butterfly).
Acompañada al piano por el -también estadounidense- Craig Terry, que, en parte, ha construido su carrera profesional acompañando a algunos de los cantantes más conocidos mundialmente, como Joyce DiDonato, Susan Graham, Kate Lindsey o Ana María Martínez (actualmente Craig Terry es Subdirector Musical de la Ópera de Chicago), Racette, literalmente, se metió al público en el bolsillo desde el primer tema de la nocturna velada dominical, primera de las ofrecidas, a la que pudo asistir El Imparcial.
El recital Diva on Detour, ofrecido en el Salón de Baile del coliseo madrileño, inaugura un nuevo proyecto del Teatro Real llamado Teatro Real After Dinner, que pretende ofrecer veladas musicales al margen de la programación operística habitual. El corazón del salón, con una capacidad para más de cien personas, se habilitó con sillas en torno a un escenario improvisado para acoger al pianista y a la soprano. Se impuso el uso del micrófono, dado que las características acústicas de la sala no permiten hacerlo de otro modo, si bien Racette dejó el micrófono a un lado al interpretar el famoso tema francés La Vie en Rose, pero en español, que fue muy aplaudido, ovacionado e incluso vitoreado.
Racette demostró adaptarse bien a este registro tan distante del operístico, aunque en lo que más destacó fue en el aspecto interpretativo de estas canciones populares, que le vienen como “anillo al dedo”, pues se nota que las “ha mamado”, si se permite a quien escribe la expresión.
El recital Diva on Detour no fue un concierto al uso: no había programa de mano, porque Racette, en perfecta coordinación con Terry, iba hilando los temas y combinándolos a su gusto, mientras, entre trago y trago de un cóctel Margarita que tenía preparado, alternaba los temas musicales con un monólogo muy simpático, en el que repasó momentos de su vida personal y artística.., como cuando su madre, cuando cantaba en casa, le gritaba: “!Canta más bajo!”, o le recordaba: “¡Canta un Avemaría!”.., claro, que, como Racette reconoció, esta recomendación, que era más bien un deseo, implicaba también cantar en los Funerals, en los Weddings … y en el resto de oficios religiosos de la comunidad.
La actuación de Racette en el salón de Baile del Real fue un espectáculo delicioso, cercano y, a la vez, intimista en lo musical. Durante la velada la soprano estadounidense alternó temas típicos americanos (Come Rain or Come Shine, Not a day goes by…) con célebres canciones de Edith Piaf (Milord, Padam Padam, Mon Dieu y la Vie en Rose).