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RELATOS

Daniel Ruiz: Maleza

domingo 10 de junio de 2018, 19:41h
Daniel Ruiz: Maleza

Tusquets. Barcelona, 2018. 288 páginas. 18 €. Libro electrónico: 9,99 €.

Por Francisco Estévez

La ácida e higiénica sátira practicada con acierto por Daniel Ruiz revela las carencias y oscuridades de nuestra inmediata realidad. No es tarea pequeña la del escritor que allá con su literatura nos presta lentes para mejor entrever nuestro mundo circundante. En esta columna sancionamos positivamente el calado de su anterior novela, La gran ola, dardo certero sobre las imposiciones economicistas que se infiltran apenas perceptibles en el individuo. La novela pareciera buen ejemplo y estupendo reverso literario del lúcido ensayo de una de nuestras mejores mentes filosóficas, Alberto Santamaría, En los límites de lo posible. Política, cultura y capitalismo afectivo (Akal, 2018) o, de otro modo, cuáles son los cambios afectivos que impulsa este neoliberalismo imperante que todo lo empaña.

El narrador hispalense presenta ahora la reunión de tres cuentos de extensión, calado, atrevimiento y resultado disímiles, donde resulta enrevesado encontrar el nudo que remeda en conjunto los tres hilos narrativos más allá de las varias dimensiones del querer. El primero de los tres relatos, “Perrera”, resulta una novela corta sobre la miseria y violencia que une a tres amigos en un barrio pobre. Lastrado por el aceleramiento trepidante de la acción la escritura por desgracia no se demora mucho en los excelentes pasajes descriptivos que Ruiz construye con un acierto estético digno de aplauso. Es en ellos donde se completa de forma simbólica la arquitectura psicológica de los personajes y sus relaciones. No hay posible salvación, sino una huida hacia adelante empujados los personajes por el instinto amoroso en cualquiera de sus manifestaciones.

“Carnaza” es quizá el relato más endeble no tanto por la extrañeza del asunto: un vendedor de electrodomésticos con matrimonio en crisis e hijo a cuestas encuentra la mano seccionada de una mujer que le sirve como fetiche para ahuyentarse de la sórdida realidad, como talismán contra la carcoma del espíritu, en definitiva, un sortilegio frente a la erosión del amor: “Se ve la mano formando una concavidad con las manos. El cuerpo está desnudo y en posición fetal. Pertenece al hombre que lleva la mano dentro de su chaqueta […] que lo acoge como a un recién nacido”.

Para el final deja el cuento que se alza como título del volumen, “Maleza”, y en ello debiéramos atisbar simbología. Nolito es un disminuido psíquico en pleno despertar sexual que trabaja en una piscina donde todos le sobreexplotan con otros quehaceres vecinales como subir a casa las bombonas de gas, ayudar con las bolsas de la compra, etc. En contra de lo que pareciera el objetivo del relato no es saber “Que hay en la cabeza de un tonto. Qué pensamientos, qué desvelos, qué sueños” ya que se admite la incomprensión de la mente de Nolito pero no así sus relaciones con el vecindario y las dificultades de la inclusión, a través de las cuales podemos atisbar de manera indirecta y refractaria la mente del protagonista.

Hay alguna curiosa selección léxica, como el andalucismo “tragantada” en sustitución por la común “bofetada”. Más peligroso resulta en unos cuentos de estos registros y con un narrador como el presente el chocante uso de alguna palabra elevada como “salacidad” que no menudea presencia ni en los barrios pobres ni en el léxico mercantil ni en la mente de disminuidos, sino en el capricho desafortunado. Ciertas palabras pueden tirar abajo el tono psicológico, la recreación de ambiente, y más allá, ay, la estructura, de todo un relato. En el último tomo de la gran obra que son Los diarios de Emilio Renzi, Ricardo Piglia recordaba una importante anotación de Tolstói en su diario: “Escribir no es difícil, lo difícil es no escribir”. Así entendía el escritor porteño su oficio y por más decir, la consigna de la literatura contemporánea. Y hará bien Daniel Ruiz en ponerla de cabecera en su escritorio. Es la poda y el control de muñeca los que separan a un buen escritor de otro excelente. Maleza tiene buen pulso narrativo con relatos de interés, dos de ellos con aciertos pero que pudieran haber ofrecido más aún.

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