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RELATOS

Jack London: Cuentos completos, I (1893-1902)

domingo 17 de junio de 2018, 17:50h
Jack London: Cuentos completos, I (1893-1902)

Traducción de Susana Carral. Reino de Cordelia, Madrid, 2017. 820 páginas. 36, 95 €.

Por Francisco Estévez

Leer a Jack London es tomar billete hacia aquellas lecturas de viaje infinito con el horizonte de aventura como itinerario y el goce como brújula caprichosa. Descontadas sus novelas, algunas tan famosas como La llamada de lo salvaje también titulada La llamada de la selva (1903), El lobo de mar (1904) o Colmillo Blanco (1906), que aparecen rápido en la memoria de cualquier lector, ve ahora luz, por fin íntegra, la narrativa breve formada por 197 relatos a lo largo de apenas 40 años de vida del estadounidense. La importancia de esta edición se entiende primero si aclaramos que más de un tercio de esos relatos, 36 de ellos, no habían sido recogidos todavía en libro, permaneciendo en hojas volanderas de periódicos ya amarillentos hace décadas.

El segundo motivo es la nueva traducción ofrecida por Susana Carral, que con respeto acerca la lengua a nuestro español contemporáneo. La tercera, la apuesta editorial de Reino de Cordelia, que publicará el tomo II a finales de este mismo año y el tomo III a finales de 2019, con lo cual tendremos por fin a mano toda la distancia corta de uno de los maestros del género como es Jack London. La edición está basada en la publicada por la Universidad Stanford de California (1993) y da lugar a este magnífica y voluminosa primera entrega de los Cuentos completos de Jack London.

En el presente volumen tenemos los siguientes relatos que se publican por primera vez: “Relato de un viejo solado (incidente real ocurrido en tiempos del abuelo del autor)”; “En tiempos del príncipe Charley”; “Una lección de heráldica”; “Un rincón común”; “Cómo desenmascarar a un canalla”; “El rey de Mazy May”; “El escarnio de Loren Ellery”; “El amigo Baldy”; “La chiquilla adecuada”; “Final de capítulo”; “Cuando el camino te persigue”, “Un milagro del Norte” y “Pendiente arriba”. Por más que algún pedante tenga el estilo de Jack London por tosco, un genuino sabor de aventura desprende cada página. Para mayor dimensión aún, la lectura de estos relatos no elude una buena cantidad de temas candentes de la época como la ecología, la explotación laboral o sexual, el duro trabajo en las minas y, en definitiva, las gruesas amenazas que ya planteaba el desarrollo de la sociedad industrial en el siglo XIX, que dan cuenta del compromiso ético del escritor, nulla aesthetica sine ethica.

La breve pero intensa, poliédrica y enrevesada vida de Jack London, a caballo entre siglos (1876-1916), le permitió tener filón inagotable para sus narraciones. Político, periodista, corresponsal de guerra (Japón, México), buscador de oro, pescador clandestino de ostras, boxeador…, aventurero, en suma, siempre dispuesto a profundizar en el secreto de la naturaleza salvaje y lo indómito del ser humano. De tal modo describió aquella América que se antojaba aún de grandes espacios ilimitados. Aportó además la voz de los sin voz revelando las distintas tensiones sociales que se producían en la conquista del terreno.

A pesar de algunos sonados fracasos, el rechazo de editores o la penuria económica que sobrellevó en distintos periodos, la tenacidad de Jack London por convertir la escritura en su principal profesión le permite sin arrojo de osadía plasmar toda una poética de matute en boca de sus personajes. O de qué otra forma podemos entender el genial arranque de “¡Quién va a creer en los fantasmas!”, que no casualmente abre este volumen: “Extraordinariamente buena… para ser tuya. Pero yo sé una que supera… -No, no, Damon. Ya sé que siempre tienes una historia mejor que la anterior, pero mi franqueza ha sido absoluta y si dudas de que la historia sea cierta, al menos acepta mi sinceridad al contarla”.

Ahora, sí, podemos recalibrar con mayor acierto la narrativa breve de uno de nuestros clásicos mundiales. Y, de paso, disfrutar la aventura lectora y vital concentrada en un grueso volumen que supera mucho más allá de lo que podemos encontrar tras la ventana.

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