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NOVELA

Hagar Peeters: Malva

domingo 24 de junio de 2018, 18:55h
Hagar Peeters: Malva

Traducción de Isabel Clara Lorda Vidal. Rey Naranjo Editores. Colombia-España, 2018. 236 págs. 17 €.

Por Inmaculada Lergo

Carlos Morla Lynch, diplomático de la Embajada de Chile en España, y pieza importante en el extraordinario bullir cultural y literario de los años anteriores a la Guerra Civil, escribió en su diario el 12 de abril de 1935: «Ayer salimos moralmente asfixiados de casa de Pablo Neruda. Encontramos a su mujer, Maruca, sola, junto a la cuna donde yacía la nena enferma. Cuadro doloroso, trágico y de pesadilla… Pablo y Delia en el cine…». Solo unos meses antes, el 18 de agosto de 1934, había nacido en Madrid Malva Marina Trinidad, única hija del poeta chileno Pablo Neruda, de su primera esposa, la neerlandesa María Antonia Hagenaar Vogelzang, Maruca, con la que había contraído matrimonio en Java -donde en ese momento era cónsul honorario- en diciembre de 1930, antes de trasladarse a la capital de España.

Hasta la publicación de esta novela, Malva, era esta de Morla Lynch unas de las pocas referencias a Malva Marina, una niña que nació con hidrocefalia y a la que el poeta abandonó, junto con su madre, en plena Guerra Civil española, cuando tenía dos años. Les procuró un tren con destino a Barcelona, pues Madrid se había convertido en una ciudad peligrosa, asegurándoles que se reuniría con ellas en breve; aunque al poco, en una carta que escribe desde el Hotel Nautique de Marsella a su amante, Delia del Carril, leemos: «…rodeado de barcos de vela. Sé que nos espera un futuro feliz juntos. Yo no quiero sino que vengas, me siento solo, esta mañana me he cortado las uñas por primera vez solo, y a pesar de las dificultades, qué bien estar sin Maruca. Me sentía vivir de nuevo»). A este abandono se sumó después la decisión de borrar toda huella de su existencia, no respondiendo a ninguna de las cartas que su mujer le enviaba desde Holanda donde vivía, ni siquiera a aquella en que le comunicaba la muerte de su hija en 1943, y eliminando de su vida privada y pública todo rastro, al punto de ni siquiera nombrarlas en sus conocidas memorias, en las que sí aparecen sus otras dos esposas, la argentina Delia del Carril -antes mencionada- y la chilena Matilde Urrutia, que lo acompañó hasta su muerte. Y, posteriormente, los esfuerzos del Partido Comunista por que no se conociera un episodio tan oscuro de uno de sus afiliados de más renombre universal.

La escritora holandesa Hagar Peeters -Malva está enterrada en Gouda, y su tumba se ha descubierto no hace muchos años gracias al empeño de Antonio Reinaldos, exiliado chileno en Holanda- recrea en este libro la historia de Malva Marina. Lo hace desde la voz de la propia niña. En la pequeña protagonista, se mezclan continuamente el dolor del abandono con la admiración por «el poeta». Cuesta derribar mitos, especialmente los de un escritor de versos tan «humanos» como los de Neruda. Humanidad que no tuvo con una hija que frenaría su carrera y que probablemente le avergonzaba, ni con su mujer. Tras la muerte de Malva, Maruca le escribió suplicándole que la ayudara (podía hacerlo gracias a su posición de diplomático) a salir de los Países Bajos, ya en manos de los alemanes. No le contestó, y lo que hizo en cambio fue emitir «un mensaje oficial en el que manifestaba su deseo de que Maruca no abandonara el país», por lo que al poco fue a parar al campo de Westerbork: «Él, que con palabras había condenado la ocupación de Holanda, con sus actos hizo todo lo posible por impedir que su propia mujer o exmujer, que acababa de perder a su hija, pudiera huir de aquel territorio ocupado por los nazis». Neruda estaba en ese momento en México, reconocido y alabado por todos.

El 25 de septiembre de 1973, a los dos días de su muerte, tiene lugar en Santiago de Chile el multitudinario entierro de Pablo Neruda, muy poco después del golpe de Estado de Augusto Pinochet. Observadores y periodistas se encontraban en Chile para cubrir la noticia y su impacto político, entre ellos el padre de Hagar Peeters, que asistió al entierro de Neruda. Llevaba un cuaderno de notas que han servido a Peeters para hilvanar ambas historias.

Narrativamente hablando, la novela tiene muchos aciertos: la mezcla de la historia de Neruda con la del padre de Hagar, a quien ella, Malva, le cuenta todo lo que ve y lo que siente desde la perspectiva que da estar más allá de la muerte; la inclusión e interacción con otros personajes que sufrieron su misma suerte, olvidados y rechazados por sus propios padres (Lucía, la hija de James Joyce –esquizofrénica-; Daniel, el hijo de Arthur Miller -síndrome de Down-; Óscar Matzerath, el enano de El tambor de hojalata de Günter Grass), o escritores como la poeta Wislawa Zsymborska, o Federico García Lorca (que tiene un revelador poema dedicado a Malva Marina); el diálogo entre narradora y autora del libro; los contrastes y contradicciones en el razonar de Malva; agilidad en la escritura; y el «capricho» tipográfico de separar las secciones de los capítulos con un punto y coma (;) cuya justificación encuentra el lector un poco avanzada la lectura en la cita de una carta de Neruda dirigida a una amiga, en la que escribe: «Mi hija, o lo que yo denomino así, es un ser perfectamente ridículo, una especie de punto y coma, una vampiresa de tres kilos…».

Lean el libro y juzguen ustedes mismos…

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