www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

El milagro según Sotomayor

Jorge Casesmeiro Roger
lunes 25 de junio de 2018, 20:47h

Entro en una librería y me fijo en un tomo del aparador de novedades. Es un ensayo sobre el expolio encubierto del Museo del Prado durante la Guerra Civil. El que perpetró la Segunda República y repatrió Franco. Lo firma el hermano de la actual vicepresidenta del Gobierno y se titula El milagro del Prado.

Lo cojo y me acomodo para echarle un vistazo. El tema es fascinante. El enfoque oportuno. Pero la bibliografía no cuenta con las Memorias del hombre clave que obró el milagro, a quien se menta como si molestara. El hombre comisionado en 1939 para el rescate y reinstalación de las obras birladas, que antes expuso en Suiza para asombro del mundo. Hablo del pintor y museógrafo Fernando Álvarez de Sotomayor, director del Prado de 1922 a 1931, y desde 1939 hasta su deceso en 1960.

Recuerdos de un pintor

Las apasionantes Memorias de Sotomayor, manuscritas en los años 50 e inéditas hasta 2016, fueron publicadas por la Universidad de Santiago de Compostela en colaboración con la de Granada y la chilena de Talca. Escanciemos aquí unos fragmentos sobre el milagro de marras según dichas cuartillas, tras hacer una mínima semblanza de su autor:

Exponente tardío de la gran tradición española, Sotomayor (1875-1960) fue uno de nuestros artistas más destacados de la primera mitad del siglo XX. Con su estilo entre Zuloaga y Sorolla, dicen que fue inconfundible por su dominio del oficio, y original porque no quiso inventar nada. Tras su paso por la Academia de España en Roma (1900-1904) triunfó en el género mitológico, y sobre todo como pintor costumbrista de su Galicia natal, de cuya escuela todavía es referente.

En Santiago de Chile fue profesor y director de la Escuela de Bellas Artes (1908-1913), que desafrancesó nutriendo con maternaje español al primer grupo de artistas modernos del país andino tras la Independencia: la llamada Generación del Trece o Generación Sotomayor. Cuando vuelve a España es nombrado pintor de la Corte de Alfonso XIII y entre la aristocracia se codician sus retratos.

Con el advenimiento de la Segunda República renuncia a la dirección del Museo del Prado y a su sillón en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Cuenta que estando en Londres, Alfonso XIII le pidió que volviera para servir al nuevo Gobierno y que le respondió: “Señor, es la primera vez que voy a desobedecer a Vuestra Majestad pues yo no sirvo a la República”.

Desatada la Guerra Civil, Sotomayor se adhiere a los sublevados. Le asesinan a un hermano y pierde a un hijo en el frente. El último año de la contienda es apuntado alcalde de La Coruña (1938-1939). Es por entonces cuando prestará a España el servicio de contribuir al citado milagro. Al informarle el Subsecretario de Asuntos Exteriores que el Gobierno había decidido nombrarle de nuevo Director del Prado, y darle la comisión de ir a Ginebra para recoger el Tesoro Artístico Nacional depositado en el Palacio de la Sociedad de Naciones. Veamos lo que recuerda él mismo de su rapto y rescate a partir de sus Memorias:

Piratería y Providencia

“El Tesoro Artístico Nacional entre el que se encontraban los cuadros del Museo del Prado y los demás expuestos en Ginebra fue sometido a todos los riesgos sin justificación de causa, como no fuera el de disponer de un valor negociable y privar a toda costa de su posesión a la España Nacional: ‘Antes que esto suceda es preferible que todo se pierda’. Palabras dichas por el Comisario del Gobierno Sr. Alberti en el propio Museo al ir a recoger las Obras (…)”.

A lo que añade: “El Gobierno republicano había expresado por medio de su embajada en París el 8 de noviembre de 1936 que: ‘El Gobierno Español seguiría la guerra por, entre otros motivos, disponer de grandes reservas del Tesoro Nacional de lo que los rebeldes no obtendrían ni un céntimo, viniera lo que viniera’. Es por este espíritu por lo que se desplazaron las Obras de Arte (…)”. El mismo espíritu, seguramente, por el que en abril de 1938 todo el Patrimonio Artístico de España pasó a depender del Ministerio de Hacienda.

Sin embargo –recuerda–, como no hay mal que la Providencia no pueda trocar por bien: “La salida de España de la famosa caravana que contenía el mayor tesoro de Arte que haya viajado desde que el mundo existe, produjo como resultado la exposición de Obras Maestras del Museo del Prado en Ginebra”. Una muestra que fue visitada por más de cuatrocientas mil personas, y que el Times de Nueva York calificó como el hecho más importante acaecido en 1939, después de la declaración de la II Guerra Mundial.

Son muchos los detalles y nombres que ofrece Sotomayor sobre todo esto en sus papeles. Pero abreviemos. Cuando recibe las llaves de las salas del Palacio de la Sociedad de Naciones, el encuentro es agridulce. Gran cantidad de material yace defectuoso, a granel y sin embalaje alguno. La tarea es inmensa y Sotomayor enferma. Pero recuerda pletórico: “¡Creían los enemigos de nuestra civilización que iban a hundir o aventar por el mundo adelante nuestro tesoro de cultura!”.

Después, declarada ya la Guerra Mundial, escribe sobre viaje de retorno: “Yo bien quisiera tener condiciones literarias para exponer ante vosotros la impresión clara y evocadora de aquellos momentos en que los que conducíamos el más preciado cargamento, el Tesoro más inestimable que jamás haga cruzado los caminos de Europa, sentíamos el peso de nuestra responsabilidad. En aquellas largas noches (…) en que nuestro convoy dormía en una vía muerta para dejar paso libre a los trenes militares que marchaban al frente (…), noches propicias para la aviación (…), atábamos las cuerdas que sujetaban las cajas donde iban La familia de Carlos IV de Goya, el Conde Duque de Olivares de Velázquez y otras pequeñeces así”.

Cuando llegan a Madrid, el Prado ya está abierto. Sólo resta sustituir las piezas que faltaban por las 26.000 que había almacenado el Gobierno republicano en el mismo Museo cuya destrucción fingió temer: “Hoy puede decirse con inmensa alegría que en el Prado no falta nada, ni un dibujo (…) ¿A qué se debe el milagro? En primer lugar a los que supieron en los primeros momentos guardar el tesoro artístico de la ira popular, al personal del Museo y muy particularmente al Sr. Sánchez Cantón, Subdirector, Conservador en funciones de Director y después, mejor dicho, principalmente, a la Providencia”.

Luego Sotomayor dirigió el Prado veinte años más. Con resultados, obviamente, para todos los gustos. Dicen las malas lenguas que sólo la providencia de haber sido ferrolano y amigo íntimo de Franco explican su tan larga regencia en la Pinacoteca. Y que en el referido milagro sólo obró como comisario político. Tonterías. Lo hizo muchísimo mejor que su colega Don Pablo Picasso, bajo cuya ausente dirección de la Galería se cometió el despojo. Aunque de estas cuestiones mejor no me ocupo, que es encomienda para los grandes museólogos y novelistas de la historia de España. Quede abierto el epílogo que Dios cerrará cuando sus Altos designios se cumplan.

Jorge Casesmeiro Roger

Licenciado en Pedagogía y en Periodismo

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (6)    No(0)

+
0 comentarios