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LA SANDEZ DEL PRESIDENTE RUBIALES AL SENTIR HERIDO SU ESTÚPIDO ORGULLO

domingo 01 de julio de 2018, 20:13h
Quiso demostrar que el que mandaba era él. Que no se le podía ningunear. Que era el presidente...

Quiso demostrar que el que mandaba era él. Que no se le podía ningunear. Que era el presidente y todos le debían pleitesía. Y dos días antes de comenzar el Mundial de Rusia, destituyó a Julen Lopetegui, un seleccionador serio y solvente que había cosechado éxitos extraordinarios contra equipos de envergadura como el alemán, el italiano o el argentino. El orgullo desmedido de Luis Rubiales, la sandez de destituir a un gran seleccionador dos días antes de que comenzara el Mundial, la actitud sin grandeza de un hombre menor, poco conocido, además, en los medios deportivos, ha derivado en la pobre actuación de la selección nacional en Rusia, donde le faltó la mano maestra que dirigió al equipo durante los últimos años.

Fernando Hierro ha hecho lo que ha podido. Él no es el culpable del desastre. El principal culpable es Luis Rubiales, al que el cargo se le subió a la cabeza. Ha actuado de forma disparatada para tristeza de unos jugadores y, sobre todo, de una afición ejemplar que sufre y goza con su equipo nacional y que ha experimentado un desencanto sin posible reparación inmediata.

Seguro que si se hiciera una encuesta entre los aficionados españoles al fútbol, se rechazaría de forma estruendosa a Luis Rubiales y su disparatada decisión de destituir a Lopetegui sin otro motivo real que haber sentido ofendido su estúpido orgullo.