Y se redujo al 15% de preferencias y se hundió al tercer puesto. Casi desaparece. México giró a la izquierda en una doble combinación de expulsar a ese PRI nauseabundamente corrupto y de abrazar una propuesta que cuestiona abiertamente el neoliberalismo empobrecedor y que acentuó un clasismo entre los mexicanos, encubridor de los privilegios de una casta priista muy lejana a ser revolucionaria y que se siente dueña de México.
Ese es el resumen de una jornada electoral, pero también de la respuesta a treinta años de políticas neoliberales, vigilantes muchos de que Andrés Manuel López Obrador no sea Hugo Chávez. Gana por el Movimiento de Regeneración Nacional, Morena. Se ha deslindado en su discurso al triunfar. Veremos.
La pobreza de la mitad de la población mexicana en un país rico y mal administrado, y con la complacencia de gobiernos que prometen el oro y el moro de mejoría que nunca llega, a esa mayoría de los ciudadanos hartos del exceso y la corrupción priistas, explican el triunfo por primera vez contundente, de la izquierda. La gente ha dicho clamorosa ¡ya basta! a un PRI y a un PAN que no ofrecen alternativas, sino balbuceantes y llorones lo mismo ya conocido. La clave es la palabra hartazgo. Ese que lleva a la reflexión del voto y que no quieren aceptar los priistas, como es natural porque los evidencia ineptos y corruptos.
Porque los electores del Movimiento de Regeneración Nacional, Morena, han visto perderlo todo: de la soberanía nacional y su seguridad a los derechos laborales elementales, en el nombre del mercado irrefrenable y voraz, mientras se acentúa una clase política asaz ladrona y corrupta y una casta social que se siente merecedora de todos los privilegios. Para mí es una vergüenza que el ojo de los extranjeros detecte que este país al límite, vive cada vez más en los extremos, cada vez más insalvables entre ricos y pobres.
La derrota del PRI en las presidenciales de 2018 –las más violentas gracias a su incapacidad de gobierno– implica echarlo de la presidencia a la que volvió en 2012 y además, supone perder el acceso a las finanzas públicas que desfalcó, a la impunidad absoluta. Porque…imagínese que pierde el acceso a las arcas públicas que desfalcó como nunca se había visto. Yo también lloraría si fuera él. Pero que recuerde que no hubo un priista, uno solo, para abanderarlo por ser una camada de impresentables. Recurrieron así al externo y no por ser buenas personas.
Sí, no queremos un Chávez. México ha optado por un gobierno de izquierda. Uno recibido con recelos. Quienes votamos por esta opción tapándonos la nariz al emitir el voto, lo hacemos porque la otra opción al PRI, Ricardo Anaya del frente Por México al frente, acabó por parecerse al oficialista por el PRI, José Antonio Meade y no cuestionó las reformas peñistas que nos han empobrecido. Necesitaba ser una opción de cambio real y prometía ser en por el contrario, la tibieza de Vicente Fox con un país con muchos más problemas de los ya heredados por Vicente Fox en 2000.
No necesitábamos esa tibieza ante la emergencia nacional en que nos colocó el PRI, cuando nos están masacrando en las calles, cuando los ladrones priistas –tantos perseguidos por Interpol con su nexos con el narco– aseguraban ser la solución de los problemas creados por ellos mismos. Espero que este país entienda que necesitamos una opción de izquierda inteligente. El PRI corrupto solo regresó en 2012 a robar. Echarlo pa'fuera costó Dios y ayuda. Aquí en El Imparcial lo escribí en 2012 el día que asumió Peña Nieto: regresaban voraces. Y acerté. Se dedicaron a dos cosas: a robar a sus anchas en una edición de priismo como el más corrupto de su dilatada historia de crímenes; y a promover unas reformas estructurales a conseja del FMI y la OCDE, que han desfondado al Estado Mexicano y han privilegiado a unos cuantos. La razón de su derrota es la suma de corrupción, abusos, desfachatez, soberbia e ineptitud mamando de la ubre sin hartarse, comprometiendo la estabilidad, crecimiento y seguridad interna y exterior de México, lo que ha llevado a que el 53% del electorado opte por la izquierda.
Sí, hay muchos tránsfugas, muchos cambiaron de partido, muchos se pasaron al carro vencedor, porque tal no se fraguó en esta campaña. Hace años que priistas y de otros partidos, desde múltiples sectores, se han ido sumando a construir la campaña exitosa de López Obrador. Desde muchos frentes, a veces en voz baja, dándole la espalda al PRI y hoy derrotándolo con Peña Nieto.
La opción elegida es un acto desesperado. Se nos acaban las opciones. La lección en ese sentido es la recibida por el PRI: funcionas, te quedas No funcionas, te echamos a la siguiente. ¡Basta de ver el poder como de tu pertenencia! como si fuera tu patrimonio, pues no lo es. Lo que venga no lo sabemos a ciencia cierta. Pero hoy perdió esa casta priista que no aprendió del 2000 ni se renovó. No digo que llega el populismo porque me fastidian las etiquetas, cuando que todos ofrecen medidas populistas para ganar. Sencillamente, no ganó el PRI por inepto.
Hoy perdieron esos que han creído que solo ellos son merecedores. Ladrones. Eso es lo que han demostrado ser. Y se los recordamos en las urnas. ¿Sabe que los priistas pidieron de corazón que votáramos PRI? de corazón México hoy echó otra vez al PRI del poder.