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CASADO-COSPEDAL

viernes 06 de julio de 2018, 12:18h
Mariano Rajoy ha ganado el primer envite de las primarias. La persona que el expresidente hubiera designado...
Mariano Rajoy ha ganado el primer envite de las primarias. La persona que el expresidente hubiera designado como sucesora se ha alzado con el triunfo. Se ha adelantado por la mínima en el primer tiempo del partido. Ha derrotado a Pablo Casado y a María Dolores de Cospedal en la batalla inicial. Puede perder la guerra si los compromisarios se rebelan.

No sé la influencia que Mariano Rajoy conserva sobre María Dolores de Cospedal. Tampoco sé si la inquina que ésta profesa a Soraya Sáenz de Santamaría se mantendrá por encima de los deseos del expresidente. Está claro, en todo caso, que la inteligente exministra de Defensa se ha convertido en árbitro de la situación vidriosa que zarandea al Partido Popular.

En política no se puede sumar matemáticamente. Parece probable, sin embargo, que la alianza entre Pablo Casado y María Dolores de Cospedal se alce con la victoria final. Soraya lo sabe y por eso pelea atolondradamente para integrar a Pablo Casado en su opción. El joven líder popular, por el momento, no ha mordido el anzuelo con el que le tienta la vencedora de la primera batalla de las primarias. Sabe que Soraya significa para la opinión pública la continuidad pura y dura de Rajoy. Y lo que necesita el Partido Popular es soltar amarras, que la nave pepera recupere el rumbo y navegue al aire libre.

Difícil vaticinar lo que ocurrirá en las conversaciones de los pasillos y en las intrigas de los despachos de Génova. Pero si se tomara el pulso a los españoles de centro derecha, a los liberales y a los conservadores, seguramente nos encontraríamos con que apuestan por el rejuvenecimiento y la regeneración que significa Pablo Casado. Con él no pierde nadie. Hará de puente entre Aznar y Rajoy, incorporará a lo mejor de lo que se ha ido y regenerará el partido para que pueda hacer frente en elecciones generales al PSOE de Sánchez que se encuentra ya en cuarto creciente.

El pasado día 25 de junio publiqué un artículo en el que decía: “La militancia pepera, al menos la que yo he consultado, coincide en señalar a Pablo Casado como la solución para evitar la fractura del partido y salvar la unidad y la estabilidad del centro derecha español. Estrategia clave, por cierto, si se quiere combatir al Frente Popular que se enseñorea en Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Cádiz y tantas otras ciudades, mientras condiciona hasta la náusea al Gobierno de Pedro Sánchez. Pablo Casado no es una estrella fugaz, surgida del esplendor del incendio. Tiene una larga experiencia política y conoce como muy pocos los problemas de España y las espinas clavadas en la frente del Partido Popular.” En esta misma página, hace más de dos años, el 2 de marzo de 2016, escribí: “El nombre emergente es el de Pablo Casado. Político que descarga día a día su estimulante equipaje cultural a pesar de su juventud… Pablo Casado es hombre de simpatía contagiosa, excelente comunicador, con las ideas muy claras. Sabe expresarse sin tapujos ni veladuras. Representa para muchos la regeneración del PP, desde el respeto a lo mucho que el partido ha sumado en la democracia española. Nadie o casi nadie se atreve a decirlo, pero en Casado está el sucesor que presentaría la cara más votable del centro derecha español. Apostar por él es apostar por un futuro de eficacia, de firmeza, de moderación y prudencia. Quienes conocen a fondo el Partido Popular lo saben…”

Esto es lo que piensa desde hace varios años un número creciente de militantes del PP. Ante el riesgo de fragmentación del partido, ante el temor a la continuidad de la prepotencia, el desdén y la lenidad, Pablo Casado se alza sin aspavientos como la gran solución para el Partido Popular.