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PABLO CASADO, EL LÍDER QUE NECESITA EL CENTRO DERECHA ESPAÑOL

martes 24 de julio de 2018, 10:51h
El 23 de febrero de 2016, hace dos años y medio, publiqué un artículo titulado “Pablo Casado, en su sitio”. Desde entonces...

El 23 de febrero de 2016, hace dos años y medio, publiqué un artículo titulado “Pablo Casado, en su sitio”. Desde entonces, y en muy reiteradas ocasiones, fui subrayando la necesidad de regeneración del Partido Popular y el nombre de Casado como líder para timonear la nave del PP. Por fortuna, aunque tarde por la resistencia de Mariano Rajoy a retirarse convocando elecciones, las bases peperas, que son las que eligen a los compromisarios, han respaldado la figura del joven político, despertando la ilusión del electorado liberal conservador en España. Tan claro me parecía lo que iba a ocurrir -y ha ocurrido- que reproduzco a continuación varios de los artículos que he dedicado en los dos últimos años a la figura de Pablo Casado.

PABLO CASADO, EN SU SITIO
El Imparcial, 23-II-2016

Entre los líderes con futuro del Partido Popular -Ana Pastor, Núñez Feijóo, Soraya Sáenz de Santamaría, David Erguido, María Dolores de Cospedal- destaca Pablo Casado. Es hombre firme, consecuente, moderado y prudente. Se expresa con claridad. Le cae simpático a la gente. Comunica con espontaneidad. Tiene la edad adecuada y la experiencia necesaria para afianzarse como un hombre clave en la dirección del Partido Popular.

Aseguran algunos que Pablo Casado ha exagerado su indignación ante la corrupción. Mi opinión es la contraria. Ha estado mesurado y exacto. La multiplicación de los casos de corrupción está fragilizando la imagen del Partido Popular ante la opinión pública. Mucha gente está indignada, casi todos a asqueados. Mes tras mes, semana tras semana, día tras día, los medios de comunicación estallan con noticias de corruptelas que conciernen al PP. Un escándalo tras otro que afecta a dirigentes del pasado pero también del presente inmediato.

Pablo Casado se ha limitado a sintetizar la opinión de una parte sustancial de los militantes del PP, que destacan por su honradez, y que se sienten especialmente ofendidos por el grupo de los que se han aprovechado del poder público para forrarse los bolsillos.

Bien por Pablo Casado. Ha hecho y ha dicho lo que debía hacer y decir. No es Savonarola. Nada de exaltación hay en él. Ha sabido compartir con las bases del partido una indignación creciente y un asqueamiento general. El PP está en el deber de combatir hasta la extenuación las prácticas corruptas. Y a emprender cuanto antes una vasta operación de regeneración y democratización del partido.

Luis María ANSON
de la Real Academia Española

PABLO CASADO
El Mundo, 3-III-2016
Último párrafo

El nombre emergente es el de Pablo Casado. Político que descarga día a día su estimulante equipaje político a pesar de la juventud, todavía no ha cumplido los cuarenta años, Pablo Casado es hombre de simpatía contagiosa, excelente comunicador, con las ideas muy claras. Sabe exponerlas sin tapujos ni veladuras. Representa para muchos la regeneración del PP, desde el respeto a lo mucho que el partido ha sumado en la democracia española. Nadie o casi nadie se atreve a decirlo, pero en Casado está el sucesor que presentaría la cara más votable del centro derecha español. Apostar por él es apostar por el futuro, por un futuro de eficacia, de firmeza, de moderación y prudencia. Quienes conocen a fondo el Partido Popular, lo saben, aunque no se atrevan a decirlo en público por miedo a quedar excluidos de la foto.

Luis María ANSON
de la Real Academia Española

LA SUCESIÓN DE RAJOY
El Mundo, 15-III-2016

Ana Pastor, Pablo Casado, Alfonso Alonso, Núñez Feijóo y Soraya Sáenz de Santamaría son los nombres sucesores que retumban en Génova y alcanzan los salones del Palacio de la Moncloa. No llegan a los oídos de Mariano Rajoy que permanece parsimonioso e impasible, encantado del incienso que todos los días se quema en su loor en el botafumeiro instalado a las puertas del despacho presidencial.

José María Aznar abrió la veda. Desde la red Floridablanca, Isabel Benjumea disparó la primera salva. Cayetana Álvarez de Toledo profundizó en el acoso. El murciano Alberto Garre y el navarro Jaime Ignacio del Burgo se sumaron a la cacería. La verdad, sin embargo, es que las intrigas y cotorreos de sobremesa a los que se entregan muchos militantes del PP se quedan en la veladura y el tapujo. Los dirigentes populares forman un inmenso rebaño mansurrón y lanar, atentos todos al carnero adalid. Los corderos y las ovejas solo se sienten seguros en el redil y balan de placer al escuchar la llamada del pastor cuando enarbola su cayado y descarga su ironía.

Que el Partido Popular precisa de una terapia de regeneración es algo que nadie duda. Que esa terapia pasa por la sucesión de Mariano Rajoy parece claro. Casi nadie, sin embargo, se atreve a plantearlo abiertamente. Rajoy ha pilotado una formidable administración económica y también una deleznable gestión política. Tras la mayoría absoluta, y solo en cuatro años, ha perdido autonomías, municipios y 63 diputados pero sostiene que él es el político ungido para continuar impartiendo sabiduría desde la silla curul de Moncloa. Está firmemente enrocado. Ni hay alfiles que le den jaque ni parece probable que le puedan hacer la cama porque todos o casi todos quieren salir en la foto. Y si el presidente en funciones no da un paso atrás, si no se aparta a un lado, el centro derecha seguirá liderado por el hombre que ha consagrado la sandez de Pedro Arriola como su divisa: “No hay que hacer nada porque el tiempo lo arregla todo y lo mejor es tener cerrado el pico”. Los “frikis” de Podemos, según la denominación arriólica, los “insignificantes” de Ciudadanos y la “finta” sin alcance de Arturo Mas se le han subido a las barbas al Mariano Rajoy distinto y distante. La inaudita cachaza y la lenidad permanente ante el órdago secesionista catalán pasó factura al Partido Popular y engrosó el cesto de votos de los Ciudadanos de Albert Rivera.

Si de algo estoy seguro es de que el presidente en funciones no acudirá nunca, cuando visite Londres, al teatro del Globo donde Shakespeare interpretó como actor y estrenó como autor algunas obras que permanecen vivas en los escenarios de los cinco continentes. Sobre el frontispicio del Globo se lee: Totus mundus agit histrionem. Jacinto Benavente traducía libremente: “Todo el mundo es teatro y todos somos en él comediantes”. Mariano Rajoy no está dispuesto a dejar el protagonismo de la comedia, de la gran farsa a la que asistimos, mientras por la espina dorsal de la sociedad española se multiplica una sensación general de asco ante el espectáculo que está dando la clase política, atenta solamente al personalismo de los políticos mandarines y a los intereses tantas veces espurios de los partidos.

Luis María ANSON
de la Real Academia Española

CASADO, CONVINCENTE
El Mundo, 12-IV-2018

Pablo Casado es hombre moderado, prudente y razonador. Le cae bien a la gente porque rezuma simpatía. Tiene sentido del humor. Es discreto, flexible, firme al defender sus ideas. Representa la política que viene, la nueva generación que aprieta. Hace dos años escribí en este periódico que apostar por Pablo Casado era apostar por el futuro. Más liberal que conservador, el joven político del PP, que sin duda tendrá defectos como los tenemos todos, nunca pierde los nervios. Carga además con un excelente equipaje cultural y sabe bandearse en un partido en el que a veces brillan las navajas cachicuernas, si bien lo que predomina es el amor al redil del rebaño mansurrón y lanar, atento siempre al carnero adalid, que administra pesebres y mamandurrias.

Frente a una insidia de especial repercusión en la opinión pública, Pablo Casado ha reaccionado de forma fulminante. Sin una altivez, sin vacilaciones, se ha presentado ante la opinión pública haciendo gala de transparencia. Nada que ocultar. Lo único que el pueblo no perdona al político es la mentira o la falsedad. Pablo Casado ha exhibido documentos incuestionables, ha contestado a todas las preguntas que se le han hecho, se ha expresado con sencillez y claridad. La insidia se ha vuelto contra quienes la lanzaron. Pablo ha sido convincente y ha cegado las sombras y despejado las dudas.

Con su gran sentido de la solidaridad, el joven político se ha colocado desde hace años por encima del egoísmo de los partidos. Ayer, y por enésima vez, la encuesta del CIS, que señala los diez grandes problemas que agobian a los españoles, situó a los partidos en tercer lugar. Menuda contradicción. Existen los partidos para solucionar los problemas de los ciudadanos y, en lugar de una solución, se han convertido, por su voracidad, en uno de los más agrios problemas.

Pablo Casado ha tenido, además, el señorío de no echar las culpas a la Universidad. Todo lo contrario. La Universidad es la continuidad de la ciencia. Y la Rey Juan Carlos dedica parte sustancial de su actividad a la investigación. De ahí su prestigio, que no debe quedar agrietado por algún pasaje lamentable pero menor. Un claustro de catedráticos sobresalientes y muchos millares de estudiantes que miran hacia el futuro se merecen el reconocimiento general. Pablo Casado ha tenido el acierto de desbaratar la insidia contra él vertida, sin descargar la menor culpa sobre la Universidad.

Luis María ANSON
de la Real Academia Española

PABLO CASADO SALDRÁ ROBUSTECIDO
El Imparcial, 18-V-2018

Le temen como a un huracán. Es el político liberal con más simpatías en España. Ha dado al Partido Popular la imagen que necesita para el futuro. Es moderado, prudente y razonador. Carga sobre sus hombros jóvenes un notable equipaje cultural y político.

Y por todo ello, le atacan, tratan de triturarle, de expelerle de la vida política. No lo han conseguido. No lo conseguirán. Aunque le hagan cien análisis de sangre política y una resonancia magnética, no podrán con él. Tarascada tras tarascada, Pablo Casado, sin perder la serenidad ni los nervios, responde de forma convincente. Ha conseguido ya que el sector más cualificado de la opinión pública se manifieste a su lado. La ciudadanía está ya al cabo de la calle de que la campaña contra Pablo Casado es una sucia maniobra política para eliminarle como candidato en las próximas elecciones.

“Ladran, buena señal de que cabalgamos”, decía Azaña. Mientras más puntos sume para ganar las próximas elecciones madrileñas, más se redoblarán los ataques, las invectivas y las calumnias. Eso forma parte del navajeo político. Pablo Casado lo sabe y se defiende con serenidad, con razonamientos y con pruebas. Los acosos a su persona se están convirtiendo en un bumerán contra quienes los lanzaron.

El Pablo Casado sereno y convincente se está imponiendo. Saldrá robustecido de tanta agresividad y tanta calumnia. Hoy por hoy, y de cara al futuro, Pablo Casado es uno de los nombres que más esperanzas despiertan para el futuro político de España. Lo saben en Génova. Lo saben en Moncloa. Lo saben en las madrigueras de los partidos de la oposición, que tratan de destruirlo. Sin éxito. Se verá dentro de unos meses. Al convertirlo en diana de sus insidias, le han robustecido.

Luis María ANSON
de la Real Academia Española

CASADO, AZNAR Y RAJOY
El Imparcial, 25-6-2018

Pocos políticos conocen tan bien como Pablo Casado las virtudes y los defectos de José María Aznar, las virtudes y los defectos de Mariano Rajoy. No sé si se tratará de una utopía, de un deseo inalcanzable. Pero tiene sentido común que el joven político aspire a conseguir la reconciliación entre los dos expresidentes para consolidar la unidad de un partido que debe hacer frente en muy poco tiempo a unas elecciones autonómicas y municipales, a unas elecciones generales, de especial trascendencia.

Aznar, con excelente relación con Albert Rivera, puede contribuir no solo a cicatrizar las llagas abiertas en el Partido Popular sino a conseguir un acuerdo entre los populares y la agrupación de Albert Rivera. No se trata de fusionar ambos partidos. Se trata de que no se hostiguen y sumen entre los dos la mayoría absoluta que necesita el centro derecha para poner orden en los más graves asuntos que zarandean a España. Y de forma especial, la situación de Cataluña, que ha padecido un intento de golpe de Estado y aunque algunos de los presuntos golpistas están encarcelados o prófugos, otros se mantienen en posiciones relevantes a las órdenes del presidente marioneta Quim Torra.

Si Pablo Casado consiguiera reunir en torno a una mesa a José María Aznar y a Mariano Rajoy, habría avanzado decisivamente en su propósito de mantener la unidad del partido, desbaratando la confrontación interna que, según analistas sagaces, parece inevitable. Con la claridad que le caracteriza, Pablo Casado ha sabido enfrentarse con una cuestión esencial del Partido Popular. Y tan agria y agresiva es que tal vez esté por encima de sus fuerzas reales, según algunos analistas. En todo caso, no está de más que lo intente. Parece positivo esforzarse por restablecer la relación fluida entre José María Aznar y Mariano Rajoy.

Luis María ANSON
de la Real Academia Española

PABLO CASADO, LA SOLUCIÓN
El Mundo, 25-VI-2018

El presidente marioneta Quim Torra saludó al Rey como un cadáver a su enterrador. Felipe VI podía haberle dicho a otro moribundo que pululaba por las gradas del estadio tarraconense: “Si encierras a tres españoles en una habitación, saldrán de ella cuatro partidos políticos”.

He dedicado el fin de semana a la sosegada conversación con senadores y diputados del Partido Popular, también con dirigentes peperos y afiliados de base. Todos subrayan las altas cualidades que adornan a María Dolores de Cospedal y a Soraya Sáenz de Santamaría, pero temen la fragmentación del partido, la guerra intestina, la fuga de Aznar a un territorio más estable. Une y vencerás. Esa es la clave si los populares pretenden regenerar el PP y extraerle con vida de la fosa en la que fue delicadamente enterrado por la moción de censura.

La militancia pepera, al menos la que yo he consultado, coincide en señalar a Pablo Casado como la solución para evitar la fractura del partido y salvar la unidad y la estabilidad del centro derecha español. Estrategia clave, por cierto, si se quiere combatir al Frente Popular que se enseñorea en Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Cádiz y tantas otras ciudades, mientras condiciona hasta la náusea al Gobierno de Pedro Sánchez.

Pablo Casado no es una estrella fugaz, surgida del esplendor del incendio. Tiene una larga experiencia política y conoce como muy pocos los problemas de España y las espinas clavadas en el Partido Popular. En esta misma página, hace dos años, el 2 de marzo de 2016, escribí: “El nombre emergente es el de Pablo Casado. Político que descarga día a día su estimulante equipaje cultural a pesar de su juventud… Pablo Casado es hombre de simpatía contagiosa, excelente comunicador, con las ideas muy claras. Sabe expresarse sin tapujos ni veladuras. Representa para muchos la regeneración del PP, desde el respeto a lo mucho que el partido ha sumado en la democracia española. Nadie o casi nadie se atreve a decirlo, pero en Casado está el sucesor que presentaría la cara más votable del centro derecha español. Apostar por él es apostar por un futuro de eficacia, de firmeza, de moderación y prudencia. Quienes conocen a fondo el Partido Popular lo saben…”

Esto escribí yo hace dos años. Esto es lo que piensa ante las primarias un número creciente de militantes del PP, ante el riesgo de fragmentación del partido, ante el temor a la continuidad de la prepotencia, el desdén y la lenidad. Pablo Casado se alza sin aspavientos como la gran solución para el Partido Popular.

Luis María ANSON
de la Real Academia Española

LADRAN, LUEGO CABALGAMOS
El Mundo, 27-VI-2018

“Se supone -dijo André Malraux unos meses después de hacerse cargo en Francia del ministerio de Cultura- que la política es la segunda profesión más antigua del mundo. He llegado a la conclusión de que guarda un estrecho parecido con la primera”. Tal vez no le falte razón al gran intelectual, autor de La condición humana, libro de cabecera para toda una generación.

Las primarias del Partido Popular han florecido en el juego sucio de las navajas cachicuernas y algunos floretes florentinos. ¡Qué espectáculo! Las bases de 800.000 afiliados se han derrumbado espectacularmente. El censo de votantes se ha transformado en especulación. El PP vivía en una realidad virtual sedimentada sobre la cachaza y el voluntarismo político de Mariano Rajoy y sobre la política arriólica de no hacer nada porque el tiempo lo arregla todo y lo mejor es tener cerrado el pico.

Nadie sabe si Pablo Casado ganará el órdago electoral. Son muchos los militantes que consideran al joven político como la esperanza cierta de la regeneración del partido, como el puente capaz de enlazar las orillas del expresidente Aznar y el expresidente Rajoy. A su entorno le preocupa el juego sucio. Se sabe ya de dónde procede el fuego con el que se trata de abrasar las posibilidades de Casado. Es fuego amigo. Se dispara contra él enmascaradamente y no se descartan enmerdadas jugarretas de última hora.

Todo esto no es la política pero sí una vertiente de la política y es necesario aprender a circular por ella sin ahogarse en el albañal. Los ataques que se sufren no debilitan sino que robustecen si se sabe reaccionar con serenidad y distancia. Atribuyen a Manuel Azaña la frase certera: “Ladran, buena señal de que cabalgamos”. José María Gil Robles sufrió la mayor campaña hostil cuando ganó las elecciones al Frente Popular en 1936. Las perdió oficialmente. Manuel Álvarez Tardío y Roberto Villa García han demostrado en un libro de imprescindible lectura -1936: Fraude y violencia- las trampas y la manipulación de los frentepopulistas, que, sobre una colosal mentira, consiguieron alterar la Historia de España.

A la estabilidad nacional le conviene que el PP no dé continuidad a los errores de los últimos años sino a los aciertos. Se necesita un cambio en el partido y jóvenes manos tendidas para restablecer la autoridad perdida y la unidad de acción.

Luis María ANSON
de la Real Academia Española

CASADO-COSPEDAL
El Imparcial, 6-VII-2018

Mariano Rajoy ha ganado el primer envite de las primarias. La persona que el expresidente hubiera designado como sucesora se ha alzado con el triunfo. Se ha adelantado por la mínima en el primer tiempo del partido. Ha derrotado a Pablo Casado y a María Dolores de Cospedal en la batalla inicial. Puede perder la guerra si los compromisarios se rebelan.

No sé la influencia que Mariano Rajoy conserva sobre María Dolores de Cospedal. Tampoco sé si la inquina que ésta profesa a Soraya Sáenz de Santamaría se mantendrá por encima de los deseos del expresidente. Está claro, en todo caso, que la inteligente exministra de Defensa se ha convertido en el árbitro de la situación vidriosa que zarandea al Partido Popular.

En política no se puede sumar matemáticamente. Parece probable, sin embargo, que la alianza entre Pablo Casado y María Dolores de Cospedal se alce con la victoria final. Soraya lo sabe y por eso pelea atolondradamente para integrar a Pablo Casado en su opción. El joven líder popular, por el momento, no ha mordido el anzuelo con el que le tienta la vencedora de la primera batalla de las primarias. Sabe que Soraya significa para la opinión pública la continuidad pura y dura de Rajoy. Y lo que necesita el Partido Popular es soltar amarras, que la nave pepera recupere el rumbo y navegue al aire libre.

Difícil vaticinar lo que ocurrirá en las conversaciones de los pasillos y en las intrigas de los despachos de Génova. Pero si se tomara el pulso a los españoles de centro derecha, a los liberales y a los conservadores, seguramente nos encontraríamos con que apuestan por el rejuvenecimiento y la regeneración que significa Pablo Casado. Con él no pierde nadie. Hará de puente entre Aznar y Rajoy, incorporará a lo mejor de lo que se ha ido y regenerará el partido para que pueda hacer frente en elecciones generales al PSOE de Sánchez que se encuentra ya en cuarto creciente.

El pasado día 25 de junio publiqué un artículo en el que decía: “La militancia pepera, al menos la que yo he consultado, coincide en señalar a Pablo Casado como la solución para evitar la fractura del partido y salvar la unidad y la estabilidad del centro derecha español. Estrategia clave, por cierto, si se quiere combatir al Frente Popular que se enseñorea en Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Cádiz y tantas otras ciudades, mientras condiciona hasta la náusea al Gobierno de Pedro Sánchez. Pablo Casado no es una estrella fugaz, surgida del esplendor del incendio. Tiene una larga experiencia política y conoce como muy pocos los problemas de España y las espinas clavadas en la frente del Partido Popular.” En esta misma página, hace más de dos años, el 2 de marzo de 2016, escribí: “El nombre emergente es el de Pablo Casado. Político que descarga día a día su estimulante equipaje cultural a pesar de su juventud… Pablo Casado es hombre de simpatía contagiosa, excelente comunicador, con las ideas muy claras. Sabe expresarse sin tapujos ni veladuras. Representa para muchos la regeneración del PP, desde el respeto a lo mucho que el partido ha sumado en la democracia española. Nadie o casi nadie se atreve a decirlo, pero en Casado está el sucesor que presentaría la cara más votable del centro derecha español. Apostar por él es apostar por un futuro de eficacia, de firmeza, de moderación y prudencia. Quienes conocen a fondo el Partido Popular lo saben…”

Esto es lo que piensa desde hace varios años un número creciente de militantes del PP. Ante el riesgo de fragmentación del partido, ante el temor a la continuidad de la prepotencia, el desdén y la lenidad, Pablo Casado se alza sin aspavientos como la gran solución para el Partido Popular.

Luis María ANSON
de la Real Academia Española

CASADO O LA UNIDAD DEL PP
El Mundo, 18-VII-2018

Seis candidatos optaban a la presidencia del PP. Conforme a las exigencias reglamentarias del partido, solo dos han accedido a la segunda vuelta: Soraya Sáenz de Santamaría y Pablo Casado. Los cuatro excluidos por el voto de los afiliados -Cospedal, García-Margallo, Hernández y Cabanes- han decidido integrarse en la opción Pablo Casado. Piensan algunos que Soraya debería hacer lo mismo, presentando un frente unido ante los compromisarios del Congreso del PP. Pero la exvicepresidenta cree que tiene posibilidades de ganar y, con todo derecho, hará frente a Pablo Casado en la elección del próximo sábado. Está claro, en todo caso, que Sáenz de Santamaría no representa la integración y la unidad del partido, sino Pablo Casado, que significa, además, la esperanza cierta de la regeneración, imprescindible para que el PP no se quede anclado en las escombreras del poder perdido. El joven líder popular se mueve muy cerca, por cierto, de Adolfo Suárez en sus planteamientos.

Que el PP se está dejando jirones de estabilidad en las alambradas de las primarias, es una cuestión de hecho. Ocurre así en casi todas las elecciones internas de este tipo. Si después del trauma electoral, el candidato vencedor, o la candidata, tienden la mano y armonizan una renovada unidad, el partido resultará robustecido y se abrirá ante él la anhelada recuperación de la madriguera monclovita.

Mariano Rajoy pasó de 186 diputados a 123 y después a 137. Un retroceso abrumador. Un desastre, que se confirmó tras la moción de censura, en la que la mayoría absoluta del Congreso votó contra él, no a favor de Pedro Sánchez. El líder del PP se retiró tarde pero bien. Está claro que debió convocar elecciones generales. No lo hizo porque el voluntarismo político presidió siempre su gestión. Derrotado de forma inmisericorde, ha sabido apartarse con dignidad, dando paso a las primarias que ahora padece el Partido Popular.

“Si no vamos juntos, nos ahorcarán por separado”, explicó Benjamin Franklin a los grupos revolucionarios americanos que se agitaban ante la luz de la independencia visible desde el túnel. El vis unita fortior, la unión hace la fuerza, debe ser la consigna pepera tras las elecciones del sábado y también uno de los puntos cardinales de la gestión en Génova, bien de Pablo Casado, bien de Soraya Sáenz de Santamaría.