www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

MENÚ DE POBRE

El pan del taxi

Diego Medrano
x
diegomedranotelefonicanet /12/12/23
martes 31 de julio de 2018, 20:33h

He cogido taxis en todos los estados de ánimo y físicos imaginables, a las horas posibles y las imposibles, diurnos y nocturnos, bajo aguaceros, nieve y estupendas mañanas soleadas. La picaresca del taxi sigue igual que hace mil años: al subir al vehículo no solo hay que pronunciar el destino, sino, preferiblemente, el recorrido, las calles por las que quieres que vaya, de lo contrario te da el paseíto mientras la cuenta corre a su favor y la música del dinerito que llega desentumece el rictus de la sonrisa hermética o los ojillos vencidos por la pereza o fatiga del sueño. No puede ocurrir que un mismo recorrido, por mucho que sea el tráfico, tenga un implemento de cinco veces más su coste en otra ocasión más favorable. Si te limitas a decir solo el destino, el paseo está garantizado, sin escrúpulos y con esa alegría, ya digo, esculpida al bronce en el lienzo noble e inmóvil del espejo retrovisor. Hecho el prólogo, vamos al asunto.

Uno. Diez mil trabajadores de VTC (Vehículos de Transporte con Conductor) circulan en España en las dos empresas líderes del sector (Cabiby, Uber). Los trabajadores de tales empresas tributan aquí, porque son de aquí, la mayoría autónomos, y Uber lo hace además en Holanda, que no es ningún paraíso fiscal. Las empresas VTC llevan a la calle la llamada “economía digital”: el precio se acuerda desde la salida, el vehículo no maneja monedas y es imposible incremento de tipo alguno en la tarifa final. Por si lo anterior fuera poco, se le da al cliente una botellita de agua fresca al subir y las condiciones de limpieza y personales del chófer son inmejorables (traje, corbata, buena educación y el mejor tono). No hay malos olores, no hay vehículos hechos trizas, no hay fósiles de anteriores glaciaciones sobre los asientos o en los sitios menos visibles. Las VTC (Uber, Cabify) no creen en monopolios de clase alguna en el año 2018 en España: el monopolio –lo saben bien- es la excusa perfecta para subir precios –al no haber competencia- y otros abusos para los que el cliente muestra indefensión absoluta. ¿Qué monopolios hay a nuestro alrededor en otros sectores?

Dos. Los taxistas se creen hoy abanderados de la lucha obrera en su primera acepción: de ahí el matonismo, la visceralidad y la prepotencia en sus reivindicaciones. No se puede tirotear con bala un vehículo presumiblemente con la ayuda de terceros (sicarios) ni se puede agredir a un segundo (hachas, bates, palos) por el solo hecho de estar realizando su trabajo ni se puede cortar una calle (La Castellana) a nuestro antojo. Paralizar una ciudad no es derecho a huelga y a manifestación, pues tales medidas no solo están legitimadas en nuestras leyes sino que son controladas por los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado para evitar el atropello y la inseguridad de la mayoría. El sector del taxi está nervioso, ve peligrar su pan y salen a la calle a por todas, ante un Gobierno de vacaciones o ausente en la mayor parte de los periodos. Veo peluquerías de señoras que tiran los precios (5 euros por tinte, corte y no sé cuánto más) sin que la peluquería de enfrente se le ocurra cruzar la calle y romperle la luna del escaparate porque es ilegal.

La salida al conflicto es muy fácil: economía digital para todos. Dicen que un vehículo de VTC se lleva por delante a treinta taxis. Muy bien, por todos por el mismo rasero. Mejoras fiscales para el señor taxista, reconceptualización de sus licencias o pagos, pero pura economía digital, ajena a las picaresca de la profesión y que el cliente, en todo momento, sepa cuánto le van a cobrar antes del servicio. ¿Un restaurante cobra lo que le da la gana por los platos que se le han pedido? ¿Qué tienda de ropa cobra el pantalón al precio improvisado a la hora de pasar por caja? ¿Por qué esos márgenes en el sector del taxi? Lo que se pensó toda la vida (el tráfico, la circulación, las horas punta, etc) los señores de VTC han demostrado, ampliamente, que no es así. Menos imponderables, menos imprevistos, y las cuentas claras, de cuánto vale el viajecito y por qué.

Finalmente, el último amparo, los tribunales dicen muy clarito que en ningún caso se trata de “captura ilegal de clientes” o “competencia desleal”. Otro matonismo y mayor perversión del lenguaje. Es un servicio que permiten los nuevos tiempos, a completa voluntad del consumidor y sin ninguna pistola en la nuca del cliente. Menos humos, más diálogo y ningún abuso. Toda Europa maneja VTC. Aquí esto del sobresueldo, del dinerillo extra de los pardillos, destinado a goces supremos o menores, debe acabarse. Baraja igual para todos, todos en igual condiciones y legalidad en lo que respecta al derecho a huelga y manifestación, que, repito, ampara nuestra Constitución con todas sus garantías de cumplimiento, previsión y perspectivas. Cero violencia y, mucho menos, garrote vil. Un buen azumbre de hostias frescas dificulta cualquier acuerdo y menos la visión exacta sobre el conflicto a dilucidar en todas sus aristas, ángulos y puntos de fuga.

Diego Medrano

Escritor

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (2)    No(1)

+
0 comentarios