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TRIBUNA

Cal viva

Juan José Vijuesca
miércoles 01 de agosto de 2018, 20:25h

En realidad uno ya no sabe quién es quién en esta especie de sátira nacional. Mandatarios que asumen lo inverosímil como algo de vital y humanitaria manera de acercarnos a lo más duro de una realidad que no podía ser de forma distinta después del episodio del Aquarius. España es un país solidario, pero no tenemos crédito en Europa, por cierto, lugar en donde ya se ha demostrado que no hay voluntad de hacer una política común. Está claro que la solución o es global o no tendrá remedio por mucha buena voluntad que tengamos; de manera que no cabe otra que la de ir a Bruselas y ser desagradables.

Este terrible asunto de la inmigración ya no atiende a razones de buenos samaritanos, qué también para ciertos casos, pero lo acontecido en Ceuta forma parte de un más que preocupante ataque a las leyes de todo orden. No se trata de elegir entre buenos y malos, pero estarán conmigo que lo sucedido en el asalto de la valla fronteriza nada que ver ni con mafias, ni con anhelos de conseguir ayuda humanitaria. Se trata de una invasión orquestada, sistemática, calculada. Es como si un pretendido proceso de disgregación de España estuviera en marcha. Demasiados silencios cómplices para la gravedad de los hechos ante la inusitada violencia desatada contra la Guardia Civil.

Y una cosa conduce a la otra. Pateras tomando tierra a pleno día, en plena playa y en medio de cuantos veraneantes miran atónitos ante una nueva versión de Dunkerque. No hay cámaras ni nadie que suelte la voz de “Acción” No hay claqueta ni estrellas de la gran pantalla, por no haber no hay ni siquiera políticos con el guion debajo del brazo. El attrezzo es el clásico en un escenario de cualquier playa en hora de desembarco. Son migrantes que tocan tierra en la costa española en medio de los veraneantes que intentan somatizar el rodaje de una irreverencia vacacional.

Tal secuencia se desarrolla a pie de playa mientras unos juegan a las palas y otros hacen castillos de arena. Una pléyade de sombrillas a modo de abrigo cuida de la epidermis. Niños ajenos a los colores de la piel se empeñan en hacer viable un trasvase a costa de cubos de agua. La megafonía recuerda la hora del mediodía y la temperatura del agua. Cada cual se siente libre a su manera. De pronto llegan pateras cargadas con hombres, mujeres y niños. Ponen pie en la orilla y comienzan a correr sin mediar palabra. Correr, correr sin saber a dónde. Derecha, izquierda, norte o sur, cualquier dirección. Alguno cae exhausto en medio del nuevo continente mientras alguien se apresura a darle agua. Sonríe, se levanta, sus ojos miran pero no ven, solo quiere correr ahora que sus pies pisan algo más seguro. Nadie sabe qué hacer.

-Al menos éstos no han agredido a nadie –dice uno. – ¡Pobre gente!, -exclaman otros. Minutos después solo queda una barca varada a pies de curiosos que inmortalizan la secuencia haciéndose selfies. Los cuelgan en sus redes: -No te lo vas a creer, colega. ¡¡Qué pasada!! La escena vivida se hace viral en cuestión de un clic y la embarcación azul y blanca se convierte por momentos en la nao Victoria como si el mismísimo Magallanes hubiera retornado a tierra firme. Hay un remolino de opiniones alrededor de la escena vivida. Todos quieren inmortalizar aquello como la mayor de sus experiencias.

-Esto se está yendo de las manos –dice un bañista. El otro día atacaron a la Guardia Civil con cal viva y de qué manera. Casi nadie se ha escandalizado por ello, es más, parece que ahora es lo correcto, – añade. Al otro extremo de la playa nadie se ha percatado. Cientos de bañistas mantienen viva su azarosa rutina de calmar el tiempo a base de tiempo. Es un día de julio en medio de un abarrotado escenario. La mayoría observa el horizonte, otros hacen sudokus, o hablan por el móvil. Algunos dormitan e incluso hay quienes leen. De vez en cuando un niño sacude la toalla y comunica a los demás que el agua está estupenda.

-¡La que se ha liado por allí! –comenta el portavoz recién llegado de la otra punta de la playa. La noticia crea una corriente de nuevas y variadas opiniones: -¡Es una vergüenza!, dicen que no hay dinero para las pensiones y aquí viene todo el mundo a chupar de la teta. -Luego dicen si eres o dejas de ser, pero a la vuelta de nada estamos invadidos. –No exagere usted doña Alfonsa, al parecer Pedro Sánchez ya ha pedido ayuda de emergencia a Bruselas ante la avalancha de inmigrantes. -Pues me quedo más tranquila, hijo. (Verano del 2018 en una playa cualquiera del sur de España).

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