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MENÚ DE POBRE

Más pisos útiles para procrear mejor

jueves 09 de agosto de 2018, 20:06h
Hablemos en plata, en cristiano, a calzón quitado. Los males de España son secretos, de los que nadie habla, olvidados del interés común y propio. Tenemos una pirámide de población invertida (he ahí el gran drama de las pensiones) y buena parte de nuestros talentos universitarios o recién licenciados repartidos por el mundo (Estados Unidos, Europa y Latinoamérica). ¿Qué cesto vamos a hacer con tales mimbres? Las mimbreras mejores son lo que no ocurre por esta “tierra de conejos” (Arnao): natalicios, partos, procreación, bebés. Si algo tuvo claro Franco fue que los obreros necesitaban una casa: estudiemos el crecimiento de ciudades industriales del norte (Bilbao, Avilés, Barcelona), el propio cinturón de barriadas capitalino (plan de vivienda de los años 40 donde, según la Falange: “La casa era un instrumento de trabajo y la vivienda habría de regirse por los siguientes fundamentos: separación en habitaciones del matrimonio y de los hijos por sexos, dotar a la vivienda de una pieza central que simbolice la idea de hogar, y mínimos higiénicos de orientación, iluminación, ventilación y agua, conforme a las diferentes características regionales”) hasta si queremos los barrios de la mar en ciudades pesqueras (Cádiz, Valencia). El casado casa quiere. El fornicador se crece en el catre y su temblor. No hay amor intenso sin lecho perturbador.

Francia impulsó las medidas de natalicios desde el Estado. Lo de Zapatero (el cheque de doscientos euros) fue aquí una broma o el peor chiste. Conocíamos el dato ayer mismo: los bancos se desprenden en un año de 74.800 millones de inmuebles. Vamos al lío mayúsculo: ¿Cuántos pisos vacíos hay en España? Imaginemos que se empiezan a ofertar vivienda módica, por diez años, a un alquiler simbólico, a toda aquellas familias que decidan ser numerosas (3 hijos). ¿Es tan disparatado? El precariado no puede con familia y casa, si aligeramos una de las alforjas, igual da para pensárselo y cargar en la otra. El piso vacío no produce, un alquiler simbólico de doscientos o trescientos euros, más la cobertura estatal oportuna, tal vez por subvención o beca, igual produce otra vendimia en lo que nos ocupa, otro censo de población que mejore la factura general del país referida a recién llegados. Ocurre una paradoja, justo al revés que en el franquismo: entonces buscaban un plan general de vivienda porque no había y ahora nos encontramos con un parque general de pisos que, en su mayoría, crían insectos, drogadictos, gatos o inmundicias propias del abandono y su ignominia. Pisos abandonados, bien conocidos, muchos solo útiles gracias a los okupas, yonquis y desesperados que los habilitan.

¿Por qué en la posguerra, en plena hambruna, se tenían hijos y más hijos? ¿Por ignorancia? Sería interesante volver a preguntárselo. La riqueza era la familia numerosa y no tanto el dinero. Fomentar la natalidad desde el obreraje fue lo que hizo nuestra vecina Francia en sus medidas más solidarias, antes de Macron y desde los años 70. Las naciones más poderosas serán las más pobladas, las que más procreen: lo han dicho muchos pero la hipótesis más literaria es la planteada por Houellebecq en Sumisión, cómo el Islam no para de procrear y pronto en París, de seguir la suma sin cortes, habrá más foráneos israelíes que franceses, que para entonces como ocurre ahora ya serán propiamente, nativamente, franceses, por haber nacido allí, y en tales circunstancias podrán hacer desde la mayoría lo que les venga en gana, porque ser una minoría es lo que les ha debilitado desde todos los parámetros sociales. Incentivos, ayudas, facilidades, una vivienda, una casa, a cambio de hijos, puede ser el plan idóneo para muchos. España, según teóricos, está sobreconstruida, sobran pisos en todas las ciudades, y ahora los del centro los llenamos de turistas (Airbnb y fenómenos similares) para justo eso, seguir siendo el botellón u hotel de los demás y nosotros, con la carita muy larga de pena, a dos velas.

Nadie habla de natalidad, de ayudas fuertes o consistentes para interrumpir el celibato más forzado de los correajes metálicos y tremendos de la crisis financiera. Alejandro Macarrón (Fundación Renacimiento Demográfico) lo lleva diciendo muchos años: “Se debe favorecer mejor a las personas que tienen hijos y tratarlas mejor económicamente desde el Estado. No puede recibir la misma pensión una persona con cuatro hijos que quien no tuvo ninguno, porque el que tuvo cuatro pudo ahorrar menos precisamente por contribuir a que todos podamos cobrar una pensión. Es necesario, además, centrarse en la mujer y rebajar las cotizaciones a la Seguridad Social. También se debe tener en cuenta a las empleadas que dejan de trabajar unos años o que reducen su jornada para cuidar de los hijos para que no sufran una penalización en su pensión”.

Hay correlación matemática entre la tasa de fecundidad por población de cada país y el porcentaje del PIB dedicado a ayudas. Suecia o Francia, con más ayudas, han aumentado su natalidad. Otra medida que llamarán de derechas o facha es fomentar la nupcionalidad: las parejas casadas, es una obviedad, tienen más hijos y la estabilidad familiar es mayor. La mujer que se establece profesionalmente, en otros aspectos, no puede renunciar a ser madre. ¿Cuántos pisos vacíos hay en España?, vuelvo a preguntar. Ahí puede encontrarse la salida a una situación demográfica catastrófica. En el 2015 estábamos en una tasa de natalidad de 1,2 hijos por mujer según el INE. Con el 2,2 se llegaría a ver el cielo abierto. Es materia política muy sensible, Macarrón ya lo advirtió: “Los políticos no tienen un referente claro y, además, temen incomodar a la población porque habrá que hacer reformas, lo que supone perjudicar a personas acomodadas que se verán obligadas a cambiar de status”. Más pisos útiles, y llegarán los pañales.
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