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NOVELA

Miguel Ángel Hernández: El dolor de los demás

domingo 19 de agosto de 2018, 18:24h
Miguel Ángel Hernández: El dolor de los demás

Anagrama. Barcelona, 2018. 312 páginas. 18,90 €. Libro electrónico: 10,99 €.

Por Adrián Sanmartín

Cuenta Miguel Ángel Hernández, autor de El dolor de los demás, que en una conversación con el también escritor Sergio del Molino, a raíz de la novela Lo que a nadie le importa, donde este último reconstruye la historia de su abuelo, salió a colación el asunto de la autoficción y de las novelas de no-ficción, inspiradas en hechos acaecidos realmente y en elementos autobiográficos. Y que Hernández le resumió a Sergio del Molino en una brevísima frase una historia que le rondaba desde hacía mucho tiempo, que estaba dentro de él, “una historia amarga que no sabía si algún día tendría el coraje de afrontar”. La frase, “seca y desnuda”, que le dijo fue: “Hace veinte años, una Nochebuena, mi mejor amigo mató a su hermana y se tiró por un barranco”. Así de simple, así de terrible.

Del Molino le responde: “No le des más vueltas, chaval. Ahí está la historia que buscas”. Afortunadamente, Miguel Ángel Hernández (Murcia, 1977) sí le dio vueltas, pero no ya para rehuir el enfrentarse a esa historia, sino para aclarar qué pudo suceder, qué desencadenó un hecho tan trágico, tan luctuoso, y que necesitaba de alguna manera exorcizar a través de la literatura. ¿Es posible ese exorcismo?

Miguel Ángel Hernández, que antes de El dolor de los demás tenía en su haber títulos muy bien acogidos por crítica y público como Intento de escapada o El instante de peligro –finalista del XXXIII Premio Herralde de Novela-, ha confesado el coste psicológico que le acarreó esa vuelta al pasado, a lo más oscuro y espantoso del ayer, y que quizá más que una liberación, la novela le ha supuesto reabrir las heridas.

Lo que sí está claro es que el escritor murciano ha escrito una de las mejores narraciones publicadas este año, más allá de las etiquetas de autoficción o novelas sin ficción, encabezada por una cita de Susan Sontag (“La memoria es, dolorosamente, la única relación que podemos sostener con los muertos”), cuyo ensayo Ante el dolor de los demás está presente, y no solo en el título, en la novela de Hernández. Puede leerse como un singular thriller que nos absorbe, a la vez que se adentra en inquietantes cuestiones: “¿Podemos recordar con cariño a quien ha cometido el peor de los crímenes? ¿Es legítimo hacerlo después de haber comprendido la parte del otro? ¿Podemos amar sin perdonar? ¿Es posible llevar flores a la tumba de un asesino?”

Merece la pena adentrarse, junto a Miguel Hernández, en la búsqueda de una respuesta. Aunque puede que no la haya.

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