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MENÚ DE POBRE

El chófer lo apunta todo

Diego Medrano
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diegomedranotelefonicanet /12/12/23
martes 21 de agosto de 2018, 20:16h

Venga, Manolo, coño, el coche. Manolo mío, saca el coche, que somos los últimos. Este Manolo siempre está durmiendo. Manolo, fiera, que no te enteras. Manolo, somos los último, písale al acelerador. Manolo, coño, esto es una tortuga. Venga, Manolo, lince, que estoy aquí como una boba y no me recoges. Oye, Manolo, la paciencia se está acabando. Manolo, chico, ¿no me vas a dejar aquí? No te mueves, joder, y ya ha salido todo el mundo. Todos recordamos las palabras y gestos, convertidos en lenguaje, de Celia Villalobos esperando por Manolo, su chófer y ángel custodio. Salían el resto de vehículos, menos Manolo, y la impaciencia de la presidenta del hemiciclo no podía ir a más. Manolo, a lo suyo, finalmente salió y al guiñarle el ojo a su patrona todo el remolino fue calma, remanso de paz aviar y mundo zen.

Ahora sabemos que Cristina Kirchner, otra presidenta, ha caído en Argentina por culpa de otro Manolo, el chófer de uno de sus hombres cruciales que llevaba tiempo apuntando todo lo irregular de una década extraña donde no faltaron sobornos, bolsos repletos de dólares de oscura procedencia y una corrupción generalizada –el llamado kirchnerismo- donde la Justicia iba con la venda o mirada para dónde no era. Cientos de millones de dólares pagados durante años mediante sobornos y al contando, billete sobre billete y sin equivocarse. Hablan, los más cursis, de recuperación de dinero, divisas o bienes, de desentrañar pormenorizadamente el circulo de la “asociación ilícita”; el Gobierno conservador de Mauricio Macri ofrece recompensas a quien pueda aportar datos: ella, Cristina, la Presidenta, cómo no, dice que es todo una “persecución política”, mientras la juez Bonadio ha rellenado ya el último folio de otra metáfora, la “prisión preventiva”.

Oscar Centeno fue el chófer de Roberto Baratta (ex alto cargo del Ministerio de Planificación) y en una libretita doméstica fue haciendo acopio de traslados de dinero, bolsos de billetes hasta arriba, pasta gansa, parné proveniente de las coimas (sobornos) que grandes empresarios pagaban a altos cargos del Gobierno. El espejo retrovisor del vehículo es la mayor pantalla acerca del deseo imaginable. El chófer lo sabe todo de nosotros, el chófer parece mudo pero habla en el idioma de las neuronas ágiles, el chófer maneja datos (calles, plazas, avenidas…) pero también números (de fincas, de teléfonos, de apartados de correos…) y todavía más flashes de la memoria activa que a otros pasarían desapercibidos. ¡Manolo mira y no parpadea!

Argentina se hunde por culpa de la crisis económica, Macri pide ayuda de rodillas al Fondo Monetario Internacional y un hombre bueno, vulgar, honesto, está contento y muy seguro de su escritura pacífica y pequeña durante años en pos del bien común. Baratta, detenido, junto a varios ex dirigentes y media docena de empresarios, la mayoría de los cuales se acogieron allí a la última metáfora, la llamada “Ley del arrepentido”, que es echarlo todo fuera por la boca sin café con sal ni vacíos largos en el relato.

El pase de modelos transcurrió por los despachos del juez Bonadio y el fiscal Carlos Stornelli: hombres de negocios detenidos y otros que, sí, deciden prestar declaración por voluntad propia. Información a cambio de libertad, es la ecuación, en busca del máximo dinero negro posible. El pez más gordo, Claudio Uberti, parece que se acoge a la condición de “arrepentido” y sus vómitos van haciéndose coherentes, en la realización del magno puzle. Más de una decena de ex presidentes investigados en América latina, y todos los chófer con la libretita, desde el 2014, mientras los países se mueren en estado crítico, y Venezuela no sale de la UVI (acabará en guerra civil), siguiéndole en gravedad Haití, Nicaragua y Guatemala. En Perú: cuatro presidentes señalados por el caso Odebrecht, operación que viene de los tejemanejes de Lula da Silva en Brasil. ¡Un desastre completo!

Necesitamos ojos que, por el espejito, vigilen los nudos de las corbatas más apretados. Necesitamos notarios de la hora cotidiana, del minuto insignificante, de cuando no pasa nada, que es en realidad cuando está pasando todo. Al rey emérito, me cuentan, le gustaban mucho las motos, tal vez porque ahí no hay volante, y el respaldo mullido viene de la jaca que va detrás y nos abraza como si fuésemos a desaparecer. Prohibidas las motos y los triciclos, señores, y mayor vigilancia secreta, que es la del pueblo llano sin mayor gloria que la de hacer bien su trabajo y una vez en la vida no ver, oír y callar, sino hablar muy poco por la boca y mucho por el lapicero, porque lo apuntado siempre es más incontestable y certero. Argentina igual se salva por Manolo, ojalá, y todos los Manolos del mundo, es el mensaje, que no callen. Otro mundo es posible con las mayores verdades del volante sobre la fría e inmediata mesa de disección del Juzgado. Gracias, Manolo, eres muy grande. Pásame los vídeos por whatsapp, no seas tacaño, granuja.

Diego Medrano

Escritor

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