Alcalá Zamora expropió en 1931, mediante un decreto, cerca de tres centenares de iglesias, capillas, monasterios...
Alcalá Zamora expropió en 1931, mediante un decreto, cerca de tres centenares de iglesias, capillas, monasterios, conventos… Y catedrales. El furor anticlerical desencadenado al comienzo de la II República se adueñó de la catedral de Palma. También de las de Málaga y Zaragoza. Los bienes de la Iglesia Católica expropiados pasaron a ser “monumentos pertenecientes al Tesoro Artístico Nacional”.
Inevitable el recuerdo de aquella tropelía porque, tras la filtración por parte del Gobierno de Pedro Sánchez de un listado de los bienes de la Iglesia Católica, alienta el proyecto de fragilizar a la institución y de adueñarse de algunos de sus bienes destacados.
Un sector del islamismo nacional e internacional reclama la devolución de la catedral de Córdoba, antes mezquita, propiedad de la Iglesia Católica ininterrumpidamente desde el siglo XIII. Pedro Sánchez ha visto en la operación un gesto de cara a la galería que robustezca su imagen, es decir, la de un gobernante laico que devuelva al mundo islámico un colosal edificio que fue mezquita hace ocho siglos.
La incongruencia es de tal calibre que solo la inconsistencia ideológica de Pedro Sánchez puede acordar una operación tan dañina para la Iglesia Católica española y tan contraria al derecho constitucional a la propiedad. Tras la operación de imagen de la exhumación de los restos mortales del dictador Franco, vendrá, según el entorno de Pedro Sánchez, la expropiación de la catedral de Córdoba, primero, y su adjudicación, después, a la jerarquía islámica. Ese gesto, que será aplaudido por las naciones del islamismo, se continuará con el atropello de otros bienes de la Iglesia. El anticlericalismo vuelve de nuevo a una España que había superado esta cuestión, propia de otros siglos, pero que la ligereza histórica del presidente del Gobierno está devolviendo a la actualidad.