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MENÚ DE POBRE

Los más débiles no pueden ser los menos protegidos

Diego Medrano
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diegomedranotelefonicanet /12/12/23
lunes 27 de agosto de 2018, 20:36h

El dato es estremecedor. En diez años, una década, han muerto en nuestras carreteras: 400 ciclistas. Muchas de esas muertes fueron, con todas las letras, asesinatos. Conductores dados a la fuga, y el cadáver ahí, tirado en el arcén, arrojado a la cuneta como un fardo, para sólo testigo de cielos y la sonrisa atroz del demonio entre los pinos. Alberto Contador ha reunido 230.000 firmas contra esta situación, y en sus reuniones ministeriales, gubernamentales, con los que mandan, pide soluciones a este drama. Se calcula que entre siete y ocho millones ciudadanos cogen la bicicleta a la semana para ir a trabajar o por ocio. El canal /bici en las urbes más pobladas sigue provocando desprecio, abuso, náusea de quienes son o se creen los reyes de España al volante con su puro, bigote y tacos de acémilas sin pulir (todo bien aromado de claxon y peinetas con medio brazo por fuera de la ventanilla y el dedo corazón bien duro como mástil o verga tiesa).

Al amanecer en nuestras ciudades de hierro largo la boina atmosférica que sobrevuela techos inhabitables esconde para todos nosotros cánceres, tumores, tóxicos, enfermedades raras y clásicas, vajillas rotas para el alma entera y devastada… la contaminación que nosotros mismos provocamos nos trae la muerte en golosa bandeja de plata y unos pocos, a dos pedales, intentan otro mundo mejor para desprecio de sus congéneres. No puede que ser que los más débiles sean los menos protegidos. En el mundo de los drones, de las cámaras digitales y de la informática como arma total debe haber más ojos en nuestras carreteras (todo un mapa de ojos) y todavía más ángeles custodios en posibilidad de socorro. Parece que olvidamos el recetario cuando ha sido el mismo de nuestros abuelos y de presocráticos en coturnos y neandertales con la picha fuera. Contra la falta de cultura: educación, educación y educación. Contra la droga y el alcohol: deporte, deporte y deporte. Contra el fanatismo de cualquier género o el atropello impune: autoridad, autoridad y autoridad. Cuatrocientos ciudadanos han muerto de las peores formas, como un guiñapo, un animal o la musaraña más indefensa en plena vía pública ante la impasibilidad ajena y ese acelerón, tan sórdido, no el del asesinato, sino el que va detrás y esa milonga, ese rollo, no va con él. Quede claro que no prestar ayuda en ocasión, negar el socorro, va contra la ley y es delito. Llega la muerte con guantes de jardinero, guadaña recién afilada, sobre cuatro ruedas por nuestras carreteras… y nadie hace nada, el doble asesinato del silencio.

Compañeros de ciclistas, con mayor velocidad y ruedas, son los motoristas, muchos años decapitados por guardarraíles, barreras imposibles y otras tantas guillotinas de apariencia inofensiva y tajo cruel en carreteras corrientes, también arroyados igual que los anteriores por vehículos de mayor tracción, siempre despreciados por las cuatro ruedas, en tantas y tantas ocasiones formando fratría entre ellos, gracias a teléfonos móviles y transmisores como escudo contra el pensamiento único y los dueños totalitarios del volante. Las carreteras no son de nadie, son de todos, menos humo, más solidaridad. No a los asesinatos de cuatro ruedas, no a los crímenes silenciados y no a los criminales en libertad, sin pagar por sus culpas, con una o varias muertes en su sombra para ocultamiento de familia, amigos, conocidos, sociedad. Protección al más débil, y sin fisuras.

Lo dijo un escritor que también fue visionario H. G. Wells: “Siempre que veo a un adulto encima de una bicicleta recupero la esperanza en el futuro de la raza humana”. Lo avisó Christopher Morley: “Seguramente la bicicleta será siempre el vehículo de los novelistas y los poetas”. Lo avisó Frances E. Willard: “Quien logre llegar a la maestría de la bicicleta ganará la maestría de la vida”. Albert Einstein recurrió varias veces a la misma metáfora: “La vida es como montar en bicicleta: para mantener el equilibrio hay que seguir pedaleando”. Lance Armstrong subrayó la lucha o superación del medio: “Si te preocupa caerte de la bicicleta nunca te subirás”.

Veo, a través de escaparates enormes, a gente pedaleando en bicicletas que no se mueven del sitio, estáticas, en gimnasios que parecen naves industriales o fábricas de conservas. Parecen decirme: “Aquí estamos a salvo”. Ojalá Contador llegue al millón de firmas para hacerse valer todavía más. Veo a escolares en triciclos dando vueltas alrededor de un estanque del parque y deseo que no crezcan, que no se hagan mayores, no sea que la afición siga y acaben de pegatina en cualquier carretera nacional o secundaria. Cuatrocientos muertos en diez años. ¿Y si el próximo es usted? ¿O, tal vez, su hija, un amigo, el familiar menos esperado? El victimario no puede estar mejor referido en datos, cifras y estadísticas porcentuales. Nuestros políticos están ahí para solucionar problemas, no para comer pipas, y el mayor de todos ellos, siempre y en todo lugar, es salvar vidas.

Diego Medrano

Escritor

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