El debate político queda reducido a una simpleza: o elecciones ya o tendremos PSOE para mucho tiempo con el apoyo de ex terroristas, separatistas y comunistas. De momento, tiene ventaja el PSOE sobre el resto. El gentío está contento. Ha merecido la pena llegar al poder, como ha dicho la jefa de la Radio y la Televisión de España, Rosa María Mateo, aunque solo sea para estar unos meses y echar de todos los programas a los paniaguados del PP y sus amigos. Los del PSOE imitan lo que hicieron en el pasado los populares. Las cuentas están saldadas: nadie siente pena por los que expulsan y tampoco expresan grandes alegrías por los que llegan; son los mismos perros con distintos collares. Todos están al servicio del amo de turno. El gentío está crecido y, por eso, premia al PSOE en las encuestas de intención de voto; es el partido más votado, e incluso le gana por 9 puntos y medio al segundo, en el sondeo del CIS, y por 3 puntos en la encuesta de ayer en El Español. El gentío está tan feliz, según la vicepresidenta del Gobierno, que ahora no quiere elecciones; es conveniente agotar la legislatura para seguir dándole gusto al personal. Parece que Sánchez hace bien su trabajo para mantenerse en el poder. No da puntada sin hilo y la tozuda realidad se la pasa por el arco de triunfo. Sigue la tradición de la izquierda de todos los tiempos, es decir, el PSOE nunca se equivoca: jamás atribuye sus fracasos a los errores de sus diagnósticos sino a las perversidades de los hechos. Rectificara todo lo que haga falta si es para mantenerse en la poltrona.
¿Eso es todo? No. Creo que lo mejor está por llegar. El gentío disfrutará de lo lindo, sí, cuando el PSOE consiga acercarse al 30 por ciento de los votos, o sea, a la mayoría absoluta. Ya sé, ya sé que nadie se atreve a vaticinar que un partido político pueda volver a alcanzar un 30 por ciento de apoyos, pero, por favor, seamos realistas, hoy por hoy, el PSOE es, dicho con pesar, el único que se acerca a ese pronóstico, porque tiene en sus manos el Boletín Oficial del Estado, la propaganda, los decretos leyes y, sobre todo, la principal argucia que Zapatero le ha legado a Sánchez: cumplir el pacto con los terroristas de ETA, separatistas vascos y catalanes, a saber, no concederles la independencia o autodeterminación de inmediato sino a plazos. Ese es el pacto de Sánchez con el independentismo, o mejor, eso es lo que mantiene unidos a Sánchez y Torra.
En efecto, aquella terrible argucia de Zapatero, también conocida por “Proceso de Paz”, que le permitió ganar las segundas elecciones en el pasado, es el procedimiento que vuelve a utilizar Sánchez con los separatistas catalanes. En verdad, hoy, 3 de septiembre, ha comenzado la última fase del procés catalán, vicario del famoso Proceso de Paz de Zapatero, cuando Sánchez declaró en la cadena SER que la demanda separatista, o sea, los lazos amarillos, la declaración de independencia del Parlament, los huidos de la justicia, los políticos presos, etcétera, “tiene que acabar en un referéndum por el autogobierno”. ¡Terrible! No. Eso es obvio. Es la conclusión lógica del Proceso de Paz abierto por Zapatero con los terroristas y separatistas. Lo terrible es que los periodistas seguirán cacareando que eso, negociar la independencia a medio plazo, no es una “concesión sustantiva” a los separatistas. ¡Majaderos!