www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Arcadio Baquero, un crítico sincero

Juan José Alonso Millán
miércoles 23 de julio de 2008, 01:14h
En el año 1959, Arcadio Baquero recibía el Premio Nacional de Teatro por su labor como crítico del diario “El Alcázar”. El resto de su vida la dedicó por entero al teatro. De vasta cultura y colosal información. Todo ello, llevado a un ritmo ágil, a veces veloz, y redactado con un estilo vivaz, agudo, brillante y perspicaz; un estilo que podemos denominar periodístico, que es lo que él era.

Lo que se lleva es que los dramaturgos hablemos mal de los críticos. Cuando nos ponen bien era lo normal y si nos ponen a caer de un burro; el burro es el crítico, que no sabe nada. Pero el crítico existe, está ahí, con su vocación y todo. Al crítico se le entiende bien en los toros y en el fútbol. Discursean pero nadie adivina el deseo de sustituir al torero o la de meter un gol de cabeza. En cambio, el crítico literario sabe tanto que se pregunta uno: ¿por qué no se ha hecho poeta, novelista o autor teatral? Se gana más, se trabaja menos y si te descuidas te ponen una calle.

Arcadio Baquero era un crítico teatral puro. De los que soportaban lecturas de comedias y ensayos generales de varias horas de duración, aconsejaban a los empresarios y discutían con los directores. Porque, aparte de su condición literaria, amaba el teatro y a sus profesionales. Se le respetaba, se le escuchaba y se le agradecía has las equivocaciones. Era una época en la que la crítica salía al día siguiente del estreno. La inmediatez era lo que tenía verdadera eficacia.

En la actualidad salen las críticas cuando la obra ya ha desaparecido del teatro. Entre otras cosas porque el crítico acude a ver la obra cuando le apetece y al director del periódico no le parece mal. Así, el teatro ocupa menos espacio, que es de lo que se trata.

El que sufre estas inclemencias es el teatro privado, que suele gozar de poquito dinero para la publicidad. Ocurre lo contrario con el teatro público al que todo espacio periodístico es poco. En tiempos de Arcadio no era así. Había dos teatros públicos, María Guerrero y Español, y el resto, cerca de treinta, regidos por el sector privado. El crítico no era ajeno al esfuerzo y al dinero que se jugaba el empresario privado, y este hecho se valoraba y respectaba en la exigencia de la crítica.

Le debo mucho a Arcadio Baquero, que saludó con entusiasmo mis primeras obras. Al correr el tiempo, fuimos amigos, cosa inevitable al coincidir en el oficio y en determinados sitios: estrenos, conferencias, Café Gijón, etc. A lo largo de mis ochenta comedias ha habido de todo. Jamás un palo del crítico enturbió nuestra amistad.

Si me he ganado la vida con esto de escribir para el teatro, se lo debo a la generosidad de hombres como Arcadio Baquero.

En la presentación de su último libro póstumo sobre el mito de Don Juan en Mayte Conmodore recogió el reconocimiento de la profesión y la amistad de unos cuantos. La presentación del libro corrió a cargo de Concha Velasco, Sancho Gracia, Andrés Amoros, Luis Aguado y un servidor. Arcadio Baquero está entre los ilustres del teatro. Se echan de menos sus críticas al día siguiente. Su sentido del humor, su sentido común, sus críticas razonadas y fáciles de leer. Y sobre todo, a su inseparable María Dolores, tan bella y siempre sonriente como si no fuera la mujer de un crítico. Los que quedamos aquí vamos haciendo lo que podemos, por la salud de este nuestro teatro.

Juan José Alonso Millán

Comediógrafo

JUAN JOSÉ ALONSO MILLÁN es comediógrafo

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (3)    No(0)

+
0 comentarios