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Valls tiene más dudas que un bolero de Los Panchos

Diego Medrano
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diegomedranotelefonicanet /12/12/23
jueves 27 de septiembre de 2018, 20:07h

Sigo la carrera de Manuel Valls a la alcaldía de Barcelona como el gran tour de la temporada. A título de maledicencias, de rumores, en esa poética de Luis de Apostua, decano del periodismo madrileño, que para tantos es flor de cuño: “El rumor es el florón de las sociedades silenciosas”. Maledicencia Uno: ¿Hundió Manuel Valls, como se cuenta, presuntamente, el Partido Socialista francés? Nadie me responde. Maledicencia Dos: ¿Por qué Macron, una vez que hubo llegado a la presidencia, siempre gracias a Valls, le deja de lado, tal vez atemorizado por la fuerza del garzón? Todos ríen. Se trata de un político/político, que llega a pecho descubierto, a calzón quitado, sin siglas, contra el secesionismo, reivindicando su pasada herencia catalana, cotizado por Ciudadanos y el PP, sin hacerle ascos el PSOE, aureolado de prestigio internacional, chapurreando un español afrancesado, un catalán europeo, un francés que quiere volver a presumir de erres rabiosas a la española. Me dice un espía: “¡Esto es la hostia! ¡Una gaditana dirigiendo París y un francés que opta a la alcaldía de Barcelona! Si esto lo cuento en mi pueblo no sale a votar ni Dios”. Así es Europa, Chatín, blindar fronteras o mercados, es lo de Trump. La libre circulación de ciudadanos va con el Club y sin tacañerías.

Manuel Valls, sin solucionar todavía ninguno de los interrogantes anteriores, va en busca de la Barcelona de Vargas Llosa y Oriol Tusquets. Una ciudad abierta, marítima, portuaria, casi Barrio Latino, mar de libertades en los 70, culta y underground, cosmopolita y divertida, lo que se olvida Valls es que hoy hay más gente en las redes sociales que en cualquier bar de la esquina. Se reivindica de izquierdas y va en contra del burgués catalán por antonomasia, como iban los Tusquets y la “Gauche divine”, aunque no suene muy actual todo lo presente, porque lo que toca es la desaparición de la clase media, ricos muy ricos y pobres de solemnidad. Igual Valls, pese a las buenas intenciones, se ha equivocado de fiesta y sus dudas corresponden a un tiempo que no existe. Le preguntaban recientemente a Carmen Maura por la Movida madrileña y lo tenía claro: “¡Aquello fue una mierda! Hoy cualquier tío con un móvil normal rueda un largometraje que te cagas con el móvil”. ¿La Barcelona culta y literaria de Vargas Llosa? Desconozco en qué sitio de Facebook o Instagram se encuentra pero posiblemente solo al alcance de los sueños más perezosos.

Está en diálogo abierto el muchacho, repleto de dudas, abraza a Ciudadanos, que ya ha dicho que sí, que quiere bailar y hablar, pero suspira por más, todos los posibles. Busca una plataforma ciudadana transversal, amplia y sólida, con los enemigos de la pobreza, los mártires del paro, las víctimas de la falta de seguridad. Política social, antídoto contra el populismo, mucha Europa. Echa la vista atrás de sus cincuenta y dos años y cita escritores, intelectuales, el barrio de Horta donde se crió. Se agarra a Maragall, a aquella Barcelona heroica de los Juegos Olímpicos, olvidándose de la mayor, que para todos Maragall fue un excelente alcalde de Barcelona y un pésimo presidente de Cataluña. Resucita, o eso dicen, a hombres claves de aquellas fiestas, como Mascarell, que acude a la llamada de le grandeur. Se centra en la vivienda, en la falta de precios asequibles, sigue con el dedo muy duro en la criminalización queriendo tener el mismo enemigo que París y toda Europa (la inmigración) y da muchos datos económicos, muchas cifras de Primer Ministro, tinglados que solo entiende él. Finalmente, acaba como Napoleón: “Lo que yo propongo es un nuevo Renacimiento”.

¿El independentismo excluye a la mayor parte de los barceloneses? Puede que sí. Otra cosa es que vayan a votar a un francés. Tras pasarse un montonazo de años en París viene ahora a contarnos: “Barcelona merece mucha generosidad. Barcelona es una ciudad que engancha y enamora. Soy barcelonés y es una opción personal de vida, lo digo con mucha emoción y no es un sacrificio”. Me suena al chiste de los vascos: “Nosotros nacemos donde nos da la gana”. Un barcelonés de París, estupendo, que ahora viene con velas de fiestas caducas, las de la Barcelona de García Márquez y Beatriz de Moura. Aquella de Rosa Regás a la que todo el mundo decía: “¡Qué buena estás!”. No lo veo. Las dudas del muchacho son eslóganes y, para los que conocemos el festival, quedan en eso, todavía en más dudas. Otro cantar hubiera sido que hubiese venido con preguntas en lugar de respuestas. Esto de lo que está más cerca es del Festival Musical de Benidorm, y allí se hay que llegar por Julio Iglesias y no Los Panchos.

Diego Medrano

Escritor

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