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ENSAYO

E. M. Forster: Algunos libros

domingo 30 de septiembre de 2018, 19:25h
E. M. Forster: Algunos libros

Selección, traducción y prólogo de Gonzalo Torné. Epílogo de Zadie Smith. Alpha Decay. Barcelona, 2018. 312 páginas. 23,90 €. Se publica una selección de las intervenciones del autor de Pasaje a la India en la BBC como comentarista de libros. Un volumen que es más que una curiosidad, al brindarnos acertadas apreciaciones dichas con sencillez a unos oyentes que adoraban a Forster y su programa. Por Francisco Estévez

Con la paleta de marrones que despliega la suave pero continua entrada del otoño llega a la hojarasca de la mesa de novedades un tallo que reverdece con extrañeza a pesar del tiempo transcurrido y de haber sido concebido como charlas radiofónicas más que como libro. Son dos escollos difíciles de superar. Primero el tiempo, ese censor de belleza implacable, y segundo el género, la mayoría de discursos orales pierden profundidad y vitalidad al secar su tinta en papel en la interpretación moderna que hacemos del verba volant, scripta manent, tan opuesta a su sentido original. Y no es, aclarémoslo antes de nada, por la brillantez del contenido.

Sin embargo, E. M. Forster fue más que ese escritor de un par de novelas afortunadas con que muchas veces lo degradan en la actualidad. Algunos libro. Las charlas de E. M. Forster en la BBC presenta una selección de las charlas radiofónicas de extraña singularidad que diera el autor de Pasaje a la india. Con un título tan humilde conviene poner en situación al lector. Efectivamente, aquí encontraremos la invitación a lectura que realiza el inglés de libros estimables en el horizonte de expectativas que dio aquel lapso de tiempo tan apretado como intenso que va de 1929 a 1958. Quizá sea una extraña combinación de sinceridad contradictoria y llaneza en el discurso la que aporta savia añeja a estas páginas. Desde Inglaterra y emitidas por el India Service, se solicitó al ya consolidado autor impartir charlas en estilo directo sobre libros dirigidas al público llano de su apreciada India.

Como la mayoría de escritores cuando pasan al género crítico, aquí alabará de otros colegas de pluma los intereses que él, de una manera similar o subrepticia, pudo tener como poética (siempre al hablar de otros el primer retratado es uno mismo, ya saben) pero a la vez, y esto eleva sus charlas, es capaz de proponer vías diferentes de acceso a lecturas que resultaran distantes a su estética. Es cierto que peca de ese biografismo, por el cual un libro responde en primera instancia a la experiencia del autor, y que hizo tanto daño a la interpretación de textos. Nada más contrario a la realidad, el escritor de verás es aquel capaz de hacer visible en sus personajes, cuando ya no son del todo suyos, cuando ya se hacen de carne y letra al tomar autonomía, otras vidas y modos de entender el mundo diversos a los del propio autor. Por decirlo de una vez por todas, el autor no tiene obligación de identificarse con el narrador, menos aún con algún personaje, aunque a veces ocurra con motivos deliberado so riesgo de caer en el maniqueísmo si prosigue acendrado dicha vía.

En sus charlas, Forster consigue destacar con tino, por ejemplo, de D. H. Lawrence aquella novela llamada inicialmente Quetzalcóatl y que cualquier interesado por nuestro país hermano mexicano conocerá como La serpiente emplumada. A pesar de entender que crítica y creación sólo son géneros distintos, yerra al interpretar como dos esferas irreconciliables ambas escrituras en Lawrence y en otros escritores. El mecanicismo que establece entre vida y creación puede sonrojarnos en la actualidad, pero aportará detalles curiosos al lector intrigado por las esquinas de la literatura inglesa. Como aquellas cartas de Jane Austen que desgrana con gracejo. Sin embargo, hubiera sido capaz de más profundidad en el retrato bosquejado de Stefan Zweig, que, sin embargo, servirá de contextualización amable al lector neófito.

En Joyce destaca con acierto su condición extraterritorial, que definiera más tarde G. Steiner, al abandonar país, religión e idioma. Con todo, acaso resulten más penetrantes algunas observaciones que realiza de poesía, donde se acerca de puntillas a Eliot. Entendía ya bien Forster que la poesía moderna no se dedicaba ya a buenos versos, ni siquiera a buenos poemas, sino a libros enteros. La semblanza de Kipling bien pudiera definir al británico medio de la época, pero resulta ajustadísima al tildarle de escritor de versos más que como poeta.

No se pierda el curioso lector las impresiones de una representación de Macbeth o, más allá, como aterriza los pensamientos de Yeats a un correcto plano simbólico más acorde con la demanda de sus poemas memorables. Y, de vigencia particular, el rescate que hace de unos versos de Eliot que hoy debieran tatuarse muchos letraheridos: “No estás aquí para versificar, / instruirse, satisfacer tu curiosidad o transmitir informes./ Estás aquí para arrodillarte / donde ha sido válida la oración/ y la plegaria es algo más/ que un orden de palabras…”. Y esa otra punta de lanza que realiza al considerar en el mundo literario cierta “reputación literaria” como, lo que es, sustituto de una lectura profunda.

La pregunta que nos debemos hacer es si resulta de interés la presente colección de bosquejos orales. Tienen un valor de juicio estético mediano e invitan a la lectura. Si resultan vigentes será por el intento de proponer una lectura intercultural con sencillas reflexiones que quizás hoy tomen relevancia. Así es cuando al justificar la utilidad de los libros, Forster se descuelga como sigue: “El mundo no solo no es ahora más seguro, sino que se ha vuelto un sitio mucho más peligroso. Existe un riesgo real de que la civilización europea estalle, las cosas no van mucho mejor en Oriente”. En ello apreciamos al escritor verdadero que tiene al arte literario como invitación a conocer el alma humana a través del placer de la lectura.

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