Estados Unidos da por probado este intento de encubrimiento lanzando desde la nación presidida por Putin.
La trama estatal de dopaje en Rusia que se considera probada después de que el Comité Olímpico Internacional realizara las persquisas oportunas ha visto cómo este jueves se publicaba otro capítulo desconocido. El caso es que Estados Unidos ha acusado formalmente a siete presuntos espías, que forman parte del servicio de inteligencia militar de Rusia (GRU), de haber tejido una red de prácticas de hackeo a algunas de las empresas encargadas de la lucha antidopaje.
El intento coordinado de ataque cibernético a estas agencias tenía por objeto trompicar las investigaciones y maquillar, hasta la oscuridad total, la existencia de un plan sistematizado de dopaje para el deporte ruso. Así lo ha afirmado en esta fecha el Departamento de Justicia del país nortemaricano. Lo ha hecho a través de un comunicado en el que se ha mostrado rotundo sobre las operaciones de este supuesto comando. Todo ello en medio de la polémica por la investigada injerencia del Kremlin en las elecciones presidenciales que devinieron en el mandato de Donald Trump.
El texto proclama que "entre los objetivos de la conspiración se encontraba la divulgación de información robada como parte de una campaña de influencia diseñada para socavar, tomar represalias y deslegitimar los esfuerzos de las organizaciones internacionales antidopaje". Y se arguye que en el punto de mira estaba la erosión de la legitimidad de los Juegos Olímpicos y del Comité Olímpico Internacional, las instancias deportivas que destaparon y penalizaron tal escándalo.
Jeff Sessions ha sido el encargado de presentar los resultados de las pesquisas. El fiscal general estadounidense denunció que este tipo de campañas de piratería informática "representan una seria amenaza" para la seguridad del país. Y reseñó que "estamos acusando a siete oficiales de la GRU por múltiples delitos, incluyendo el uso de piratería para difundir la información personal de cientos de oficiales y atletas antidopaje como parte de un esfuerzo por distraer la atención del programa de dopaje patrocinado por el Estado de Rusia".
En su comparecencia, el alto representante del sistema norteamericano ha subrayado que "todo esto se hizo para debilitar los esfuerzos de muchas organizaciones para garantizar la integridad de los Juegos Olímpicos y otros eventos deportivos". Y también tomó la palabra Christopher Wray, director del FBI. Según su testimonio, los piratas cibernéticos identificados actuaron "como funcionarios del Gobierno ruso", lo que señala directamente a Vladimir Putin,
"El FBI no permitirá que ningún Gobierno, grupo o individuo amenace a nuestra gente, nuestro país o nuestros socios. Trabajaremos incansablemente para encontrarlos, detenerlos y llevarlos ante la justicia", recalcó el mandatario policial, al tiempo que manifestó que los hackers acusado en encargaron de ejercer prácticas que podrían "dañar a víctimas inocentes, a la economía de EE.UU. y a organizaciones mundiales". Por tanto, EE.UU. le ha dado una relevancia capital.
Sessions ha culminado su alocución desgranando la profundidad del escándalo de dopaje ruso, que provocó que decenas de deportistas rusos fueran excluidos o mirados con sospecha. Entre ellos, el histórico icono de la pértiga Yelena Isinbáyeva o el campeón mundial de 110 metros vallas Serguéi Shubenkov, que tuvieron que retirarse sin honores. Los que siguen compitiendo se vieron forzados a hacerlo privados de su bandera e himno en los Europeos, Mundiales y JJ.OO. (Río y PyeongChang), en un operativo que afectó a 1.000 deportistas de ese país de 30 deportes.
La sospecha a los deportisas rusos, pero el informe publicado este jueves señala que los trabajos cibernéticos de maquillaje del dopaje se llevaron a cabo desde diciembre de 2014 hasta mayo de 2018. Y resultaron "persistentes y sofisticadas", con la diana puesta en ciudadanos estadounidenses, entidades corporativas, organizaciones internacionales y sus respectivos empleados. La Justicia norteamericana ha detallado que los informáticos acusados son Aleksei Sergeyevich Morenets, Evgenii Mikhaylovich Serebriakov, Ivan Sergeyevich Yermakov, Artem Andreyevich Malyshev, Dmitriy Sergeyevich Badin, Oleg Mikhaylovich Sotnikov y Alexey Valerevich Minin. Todos de nacionalidad rusa. Y tres de ellos ya habían sido inculpados en relación con las injerenias en las elecciones presidenciales de 2016.