Nos cuesta en ocasiones cambiar la forma de comportarnos cuando nos salta a la vista alguna de aquellas cosas que no queremos ver aunque sabemos de su existencia. Nos ocurre con la pobreza, con la indigencia, o también cuando compartimos espacio con personas que padecen enfermedades congénitas o adquiridas, la angustia de no saber qué hacer o cómo actuar nos atenaza, además de no poder apartar la mirada de esas personas, no porque haya maldad o afán de ser un mirón, es una forma más de reaccionar que, casi como el miedo, es difícil de controlar.
Eso le ocurre a Hugo, protagonista de A merced de un dios salvaje, de Andrés Pascual. Hugo no entiende cómo puede comportarse la gente de una forma tan extraña con su pequeño Raúl. Raúl padece el síndrome de Dravent, una epilepsia severa acompañado de un retraso cognitivo. Pero, obviamente a los ojos de Hugo nada es tan severo, a excepción de los brotes epilépticos.
A esta situación añadimos que están solos, el uno con el otro, pues la madre de Raúl falleció y esa pérdida siempre será insustituible. Precisamente será otro fallecimiento el que desencadene este apasionante thriller.
La abuela materna de Raúl ha muerto, y le ha instituido como heredero de una parte de su patrimonio, conformado principalmente por una bodega centenaria, productiva y rentable, situada en San Vicente de la Sonsierra, en la provincia de Logroño.
A raíz de esto Hugo y Raúl inician un largo viaje desde las islas Canarias hasta La Rioja para solventar el tema hereditario. Su llegada a la Finca Las Brumas será el comienzo de una concatenación de acontecimientos que conforman el desarrollo de esta novela negra. Vamos a sentir cada uno de los escalofríos que experimenten sus personajes, sus miedos, su tensión, en definitiva, nos zambulliremos plenamente en esta trama.
Sentiremos, al igual que Hugo Betancor, como tiene la urgencia extrema de convertir esa herencia de su hijo en liquidez, necesita ese dinero para resolver una cuestión turbia de su vida, que incluso la está poniendo en peligro
Andrés Pascual recurre a su tierra -ha nacido en Logroño-, y a su excelente forma de narrar -que ya demostró en títulos anteriores-, para conseguir lo que toda novela de suspense debe hacer, generar tensión y ser adictiva. Pero con el trasfondo de una historia personal y de sentimientos que no deja indiferente.