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El cebrianazo: ¿golpe de estado sorpresa en la RAE?

Diego Medrano
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diegomedranotelefonicanet /12/12/23
lunes 08 de octubre de 2018, 20:05h

Los espías de patios de monipodio, los exploradores de cercanías, los asustadores profesionales de gallinas bravas, las orejas parlantes, los huelebraguetas de ocasión, buhoneros de la risa y limosneros palaciegos daban la noticia entre dientes cariados y sonrisas en macho de vieja alcahueta o puta reventona: “Cebrián quiere dirigir la Real Academia de la Lengua y no conoce quitas en su ansia”. Volvía o vuelve el cebrianazo, el consiguiente baile de delfines, empezaban las horcas caudinas y la humillación de Roma por los samnitas. El cebrianazo –según fuentes- ya había comenzado antes del verano. Darío Villanueva hoy en El País va cerrando el coto de las fechas: “Los cargos se renuevan anualmente, todos los primeros jueves de diciembre. Todos son candidatos. Y si uno es elegido ha de aceptar, salvo que tenga un grave asunto de salud. Así que no hay candidatos, por tanto, ¿qué carrera va a haber?”. Los gallegos, ya se sabe, son los mejores en estos menesteres de diluir las nubes negras inminentes.

Los escuderos de Cebrián son: el propio Villanueva, Emilio Lledó, Luis Goytisolo y José B. Terceiro. Contrarios al cebrianazo son: Luis Mateo Díez, José María Merino, Carmen Iglesias, Pérez-Reverte, Sánchez Ron, Gutiérrez Aragón, Álvarez de Miranda, Blecua, José Antonio Pascual y Luis María Anson. Se cuenta en los mentideros que Villanueva marcha por un calentón, pero él mismo en las hojas volanderas de la mañana lo explica a doble espacio: la asignación del Estado ha bajado de los cuatro millones de euros a la mitad, el diccionario no se vende a pesar de que cotiza visitas de sesenta millones por la red, la asociación Pro-Rae y otros patrocinios han disminuido y sacar la barca al mar requiere un empresario, alguien de la pasta, un Rey Midas, para lo que Villanueva no se encuentra capacitado.

La docta casa se encuentra huérfana de liderazgo. Nadie quiere cargar con el mochuelo. Hablan de gestión errática de Cebrián en la PRISA última, de la necesidad de un gestor eficiente y lo que podrían hacer todos es leer de una puta vez el libro amarillo de Luis Barcarce: Prisa, liquidación de existencias (Foca), donde se cuenta por lo menudo el ascenso de Cebrián y la desmantelación del chiringuito, tantas veces gubernamental, desde el acenso de los Polanco al accionariado y su historia oculta, la realidad de la Operación Trevijano en el caso Sogecable, el rescate de la bancarrota por el PP contra los catalanes y demás exquisiteces tras el cortinón de seda de las intrigas menos ventiladas . Lo más hermoso esa poética del héroe en muchas páginas: “Prisa soy yo”, eslogan de Cebrián con la barba seria de los domingos sin resaca. Francomoribundia y La agonía del dragón, pura luz.

Recuerdo, al sesgo, unas declaraciones de Gregorio Morán, en la promoción de su infame y resentido El cura y los mandarines donde, sí, decía que claro, que Planeta había dado marcha atrás en la publicación del libro por lo que contaba de Víctor García de la Concha (cuatro pellizcos de monja) y por el mucho dinero que suponía editar el diccionario y el negociazo que tenía Planeta. Otro soñador septuagenario, bajo sombrero barato y con información del Parte de la Uno, cuando no había más tele. Hoy no quieren diccionarios o enciclopedias ni en lance. Se ven torretas enteras en la basura al anochecer. El diccionario de la RAE se puede consultar a golpe de móvil completamente gratuito. Hay quien lo baja al contenedor porque no está dispuesto a cargar con la losa por media ciudad. Ni bibliotecas públicas u otros organismos admiten enciclopedias como regalo. Su reciclado en papel higiénico es lo más óptimo, aunque me temo que rasca y no es de ley.

Me hace gracia la condición de rotundos parias de los escritores españoles en la que nadie recala. Francisco Umbral sabía la débil situación del gremio: “Me juego el porvenir cada día”. El escritor es un don nadie y hoy más que nunca: el periódico puede echar al columnista estrella más famoso cualquier mañana de borrascas porque no hay nadie imprescindible; el editor juega con el escritor lo que no está escrito, le paga anticipos si quiere, le posterga publicaciones dos o tres años si se encuentra juguetón, en un momento dado puede aplazar segundas ediciones si está más cachondo. El escritor es un títere de duermevela, apenas una alimaña entre corrientes, su grandeza es su público pero dentaduras mucho más perversas pueden triturarle, escabecharle sin mayores trances, pisotearle como una colilla.

El cebrianazo se escuda en querer luchar contra la censura política, contra la corrección política como forma de aquella anterior, contra los eufemismos de este tiempo pusilánime, contra una educación que ya no trae un plato de garbanzos con todos los títulos del universo, contra los escritores no leídos ni aplaudidos en pos de youtubers e instragramers. Se alude a Cebrián, entre los mismos pingüinos con pajarita, como “arrogante y ambicioso”, denuncia ABC. Otros juegan con florín: “Viene marcado por una espantosa gestión del grupo Prisa en el que tuvo las más altas responsabilidades y que ha quedado gravemente dañado tras su paso”. La defensa es que “es muy de izquierdas” y “no ha perdido la calle”.

Dos millones de déficit, subvención actual de 1,6 millones de los 4 que tenía, cero ganancias por la digitalización, patronazgos en huida, agenda cultural nula de nuestra clase política. Luis María Anson quita hierro a las divisiones: “Todos nos llamamos de usted y nos tratamos con cortesía como en el siglo XVIII”. El cebrianazo auténtico sería empezar a vender a mil euros el diccionario y con las ganancias pagar todas las deudas de PRISA. Me parece que voy a pedir una segunda ronda porque es como para pensar el asunto con los ojos cerrados. Juan Luis, sé fuerte. Luis, sé fuerte. Rato, sé fuerte. Mariano, cuidado con los dedos al partir las cigalas en Sanxenxo.

Diego Medrano

Escritor

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