Así es el título del libro que se va a presentar el próximo martes día 16, por parte del Presidente de la Asociación Católica de Propagandistas, Alfonso Bullón de Mendoza y el Obispo de Getafe y Presidente la Comisión de Medios de la Conferencia Episcopal Española, Monseñor Ginés García Beltrán. Un ensayo en el que han participado periodistas y comunicadores que pertenecen a la UCIP-E (Unión Católica de Informadores y Periodistas de España), coeditora del libro junto con CEU Ediciones.
Todos sabemos que el mundo de la comunicación vive tiempos de profundos cambios. La proliferación de nuevas tecnologías llega ya a todos los ámbitos e implica, en mayor o menor medida, a todos los seres humanos. La globalización ha aumentado la capacidad de los medios de comunicación social, pero también ha acrecentado su exposición a las presiones ideológicas y comerciales. Como nos decía San Juan Pablo II en junio del año 2000, con motivo del jubileo de los periodistas, “esto os debe inducir a vosotros, periodistas, a interrogaros sobre el sentido de vuestra vocación de cristianos comprometidos en el mundo de la comunicación”.Y esto es lo que se trata de expresar en el ensayo, que va dirigido no solo a los profesionales católicos, sino a todos los comunicadores.
El mundo de la comunicación es difícil y complicado. Es más, los intereses comerciales lo hace todavía más extraño y a veces con intereses ocultos. No puedo olvidar también las palabras de San Juan Pablo II que en el mismo jubileo nos decía textualmente: “Con su influencia amplísima y directa en la opinión pública, el periodismo no se puede guiar únicamente por las fuerzas económicas, por los beneficios y por los intereses particulares. Al contrario, hay que sentirlo como una tarea en cierto sentido "sagrada", realizada con la conciencia de que se os confían los poderosos medios de comunicación para el bien de todos y, en particular, para el bien de los sectores más débiles de la sociedad: los niños, los pobres, los enfermos, los marginados y discriminados. No se puede escribir o transmitir sólo en función del índice de audiencia, en detrimento de servicios verdaderamente formativos. Tampoco se puede recurrir indiscriminadamente al derecho a la información, sin tener en cuenta otros derechos de la persona. Ninguna libertad, ni siquiera la libertad de expresión, es absoluta, pues encuentra su límite en el deber de respetar la dignidad y la legítima libertad de los demás. Nada, por más fascinante que sea, puede escribirse, realizarse o transmitirse en perjuicio de la verdad. Aquí no sólo pienso en la verdad de los hechos que referís, sino también en la "verdad del hombre", en la dignidad de la persona humana en todas sus dimensiones”.
Un ensayo coordinado por el que esto escribe, junto a Álvaro de la Torre, y en el que han participado Manuel Cruz, Miguel Ángel Malavia, Cristina Sánchez Aguilar, José Luís Restán, Juan Díaz-Bernardo Navarro, María Ángelez Fernández, Fernando Bonete, Elsa Tadea, Rafael Miner, Víctor Cortizo, Leopoldo Seijas, Isidro catela, José María Legorburu y Manuel María Brú.
Sirva pues este ensayo para que los futuros periodistas y los profesionales acreditados en el mundo de la comunicación tomen, tomemos, conciencia de los retos que nos encontramos en nuestro diario andar por los medios.