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POESÍA

Pere Gimferrer: Las llamas

domingo 14 de octubre de 2018, 18:50h
Pere Gimferrer: Las llamas

Epílogo de Aurora Egido. Fundación José Manuel Lara. Sevilla, 2018. 112 páginas. 14 €.

Por Francisco Estévez

Una refinada y mayúscula formación literaria, un agudo oído rítmico, la constante exploración por entre los caminos internacionales que la tradición poética ha horadado y ninguna concesión al aplauso fácil ni al desmayo afectado del verso son algunas de las claves literaria que, a la contra de los abanderados de la actual parapoesía, aupada hoy día a la cima de las listas de ventas, caracteriza con fidelidad la poesía entera de Pere Gimferrer. En efecto, el segundo poemario del barcelonés, Arde el mar (1966), aquel sonoro y eufónico golpe sobre la mesa de la poesía española de mitad de siglo, sacudió de una vez por todas el realismo de tramoya confiriendo nueva estética que con el fuego novísimo llevó al cine, la culturización del lenguaje, en definitiva, a una nueva sensibilidad donde la poesía ya no volvió a ser la misma pues “Ardía el bosque silenciosamente”.

Las llamas puede interpretarse como el cierre circular, tras más de cincuenta años, del largo periplo del poeta novísimo (la terminología acuñada por José María Castellet en su célebre y sintética antología de 1970 aún resulta de recibo). Veintidós poemas escritos en versículo largo, o por mejor decir, en una suerte de verso libre que encubre con sutileza otros metros y ritmos combinados con mano libre y sabia respetando siempre una cadencia que permite vibrar al lenguaje merced al sonido musical y mediante la simbolización por el color de la metáfora, la condensación y una sabia utilización de recursos como la elipsis, la polisemia o la intertextualidad con nuevo giro semántico al variar la función y sentido final de la cita original. El amor y la muerte, esos dos temas que se funden en uno solo y acaso sea la única conversación de interés del ser humano, estructuran el libro como temas predilectos de Gimferrer, junto al paso del tiempo.

En otras palabras, Eros y Thanatos maridados en el símbolo de las llamas que rastrea el autor por la gran tradición literaria, resignificando el motivo, modificando en ocasiones, ampliando en otras. La hoguera, el fuego, la flama, repite como metáfora la existencia pues son “las llamas del deseo del vivir”, y al mismo tiempo es imagen visual precisa y luminosa del amor, frente a la negra noche. Probablemente el sentido de la palabra poética pueda resumirse, concentrarse en su mejor entendimiento, desde esas dos llamas, a sabiendas de que “Todas las llamas son la misma llama. / Amor, la única llama” y, por decirlo con otro clásico, aquí redivivo, la llama de amor viva.

Queda el poemario con el único orden cronológico del ritmo de escritura donde comprobamos los vaivenes de temperatura vital y fogosa de la lumbre vital. Buena muestra pueden ser poemas como “Aldaba” o desde el sentido “Girándula”: “El sueño de ser uno cada uno, / el sueño de ser dos que ya no serán dos, […] donde penden las brasas de los árboles / dejan caer las nieves del amor” hasta el convencimiento de que “en el derrumbamiento de la luz / hay un último rostro carmesí / que no se borrará con la estampida: / la careta de fuego del amor”.

Firma un magnífico epílogo la académica, profesora y especialista del barroco, Aurora Egido, donde ilumina en clave poética el llamear flamante y desbroza algunos de los senderos mayores transitados por la tradición literaria tanto española como europea y, a la postre, en intenso diálogo con el poemario precedente, al cual sitúa como último eslabón de esa cadena de fuego. No se pierda el lector uno de los poemarios del año de mano de uno de nuestros grandes poetas. Frente a tanta banalidad, tanta ascua negra y esa ceniza opaca de las letras improvisadas, la luz constante de la poesía, del flamígero amor, resplandece en Las llamas de Pere Gimferrer.

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