El martes 22 de octubre fue inaugurada en el Parlamento Europeo la exposición "The Hispanic world: a common heritage". Estos días el ilustrado público de Estrasburgo pudo enterarse de la labor que realizó España en América, y convertirse en un público ilustre y libre de los viejos tópicos que entorpecen tanto la comunicación y el pensamiento. La persona que organizó la muestra de los paneles, que desmontan la leyenda negra, es Borja Cardelús, el presidente de la Fundación Civilización Hispánica, cuyo empeño en deshacer los prejuicios anti-hispanos es ejemplar y digno de loa.
Borja Cardelús tiene los objetivos muy claros: "Reconstruir el diluido edificio de la comunidad hispánica" a través del proyecto educativo de la Fundación. ¿Por qué se ha diluido esta comunidad? Acaso, ¿es poco lo que une a todos los países del idioma español? Nada más que la lengua, la religión, las costumbres cotidianas unen ambos lados del Atlántico y trascienden hasta el Indico. Muchos son conscientes de esto, pero pocos se atreven a "difundir la verdad oculta y combatir la versión falseada sobre la historia y la obra de España". Este "sencillo" objetivo es muy complicado de realizar, ya que numerosas universidades e instituciones de carácter académico y educativo están empeñadas en propagar la trasnochada versión que habla del imperio español como depredador y maltratador del indígena. Desde enero de 2018 podemos contar con la labor de la Fundación Civilización Hispánica (www.edaf.net) que trata de recuperar la realidad histórica frente a las ideologías políticas que la simplifican y denigran a una mera historia de bronce, según la cual sólo hay buenos y malos. Y los malos resultan ser siempre los españoles… ¡Cuánto daño está haciendo a la cultura española esa “universidad” ideologizada”!
¿Quién se opone a esta visión manipuladora de la historia de España? Muchos intelectuales e investigadores, españoles y extranjeros, tratan de divulgar el mensaje claro: España no tuvo colonias, no tuvo política de extinción del indio y que el cristianismo no eliminó sus tradiciones primitivas, sino sustituyó las más crueles. Este mensaje es tan claro como difícil de extender, si no imposible defender abiertamente en varias universidades e instituciones académicas. Por extrañas circunstancias, que todavía quedan por investigar, no se reconoce el papel de España en la ampliación de la civilización Occidental al nuevo Mundo, no se reconoce que la misma independencia de los países hispanoamericanos sería imposible sin España. Tampoco se quiere indagar mucho sobre aquella sociedad mestiza y rica. Al contrario, nos la quieren mostrar como una sociedad sumisa, estancada bajo el yugo del monarca y de la Inquisición, una sociedad de vencedores y vencidos sin más. Poco han avanzado los “historiadores” actuales, se nutren de los mismos tópicos que los románticos decimonónicos. No explican la diferencia entre los abusos particulares y la política paternalista del Estado, ni siquiera indagan las instituciones y derechos creados en aquel entonces y que hasta hoy perviven tanto en la estructura de los estados hispanos y como en el derecho internacional.
Es necesario oponerse a estas visiones falsas y políticamente manipuladas. Agrada el hecho de que un político, Javier Nart, vicepresidente de la Alianza de los Liberales y Demócratas, se ha atrevido a presentar la exposición sobre las contribuciones hispanas al desarrollo de la humanidad. La exposición recorrerá varias ciudades de Europa, de España y de ambas Américas, haciendo una larga parada en los Estados Unidos, que durante tres siglos fueron explorados por los misioneros y soldados españoles e hispanoamericanos. Y si la exposición no llega a nuestra ciudad, leamos los libros de Borja Cardelús: La civilización hispánica, La huella de España en Estados Unidos, España en el Pacífico, Inca o La Florida española... Toda labor tiene el objetivo de "elevar el orgullo y la autoestima de los españoles y los hispanos". Insisto que el problema de España y de los países de habla hispana es un problema ontológico. El exagerado complejo de culpa de los españoles y la perplejidad de los americanos que no conocen sus raíces sólo se superan a través del conocimiento y la mirada limpia al pasado común. Los descendientes de los pueblos que más de tres siglos convivieron ahora son más de 600 millones y hablan la misma lengua y religión, comparten los rasgos generales de la cultura y del carácter.