La nadadora tuvo que renunciar a los Europeos por culpa de unos vértigos recurrentes.
Mireia Belmonte, nombre mayúsculo en la historia del deporte español, no ha vivido en 2018 la mejor temporada de su pomposa trayectoria. La campeona olímpica y mundial de 200 mariposa se ha visto obligada a sacrificar la mitad del curso para reponerse de los síntomas que le ha dado su cuerpo. Y es que la nadadora ha arrastrado vértigos, migrañas y mareos hasta que ella y su entrenador entendieron que su anatomía exigía un parón.
El pico se desató en los Juegos Mediterráneos. En ese campeonato, en el que ganó dos oros y dos platas, vio las orejas al lobo y su técnico, Fred Vergnoux, confesó la impotencia del siguiente modo: "Estamos muy preocupados, porque no sabemos lo que le pasa. Entrena de puta madre y cuando viene el momento de subir la intensidad en competición no va bien y tiene muchos mareos". Su pupila había llegado penúltima en la prueba de los 400 estilos (en la que era favorita) y todo el esfuerzo para llegar bien a esos Juegos se fue al garete.
Tras esa desilusión, ambos se condujeron a Barcelona para someterse a las pruebas médicas que han determinado que los vértigos son lo suficientemente graves como para sacrificar el Europeo de Glasgow. Entonces, Belmonte efectuó el anuncio que nunca había querido tener que hacer. "Los vértigos de los últimos meses me impiden competir con garantías en los Europeos de Glasgow. Tras las pruebas médicas, todas satisfactorias, los médicos me recomiendan no forzar. Deseando prepararme con fuerza para el Mundial’19 en Corea. Todo mi apoyo al equipo español", escribió en su Twitter.
Su ausencia en el campeonato europeo, objetivo de la temporada, representó la prueba más rotunda de la seriedad de la preocupación. Porque las molestias sufridas a lo largo de estos meses no han ofrecido una causa concreta. Los especialistas consultados barruntan que en el caso de esta deportista de élite se trataría de un cuadro consecuente al entrenamiento de alto rendimiento, con alteración del sistema nervioso simpático y parasimpático. Pero no es seguro.
Por eso, han interpretado que el cuerpo ha dado una señal de la necesidad de descanso. Y es que la natación y, sobre todo la especialidad de 200 mariposa, desgasta mucho a aquellos que llevan al límite sus posibilidades. Testimonio de esa erosión es que de las ocho nadadoras que participaron en la final de los 200 mariposa de los Juegos de 2012 (en Londres, donde consiguió el oro), sólo Natsumi Hoshi y la española repitieron en la cita por la gloria en Rio 2016. Y la campeona de aquel evento británico, la china Jiao Liuyang, lleva seis temporadas sin competir. Aunque tiene sólo 26 años. Mireia, con 29, apunta a los Juegos de Tokio.
Por ello ha de medir los esfuerzos. Y más cuando su salud se resiente con síntomas flagrantes. Ya en los Mundiales de Kazán (2015) sufrió una tendinitis en los dos hombros que la multiplicidad de traumatólogos consultados por la nadadora y su entrenador no supo inferir un diagnóstico uniforme. La ausencia de una hipótesis unitaria hizo que esos Mundiales fueran suprmidos de la senda de Belmonte. Esta vez han sido los vértigos los que le han arrancado el intento por batir el récord de los 200 mariposa en los Europeos de Glasgow.
Pero de este revés ha sacado conclusiones optimista la estrella catalana. Este sábado ha explicado que
2018 "ha sido un año distinto, más de desconexión" por la lesión que le ha impedido competir, pero le "está sirviendo mucho para ir mejorando" de cara a 2020, "el año de
los Juegos de Tokio". Y ha subrayado que la cita tokiota "es la más importante" en su horizonte, si bien "la temporada anterior (2019) también lo es" por ser "un año en el que todo el mundo mira los rankings para saber cómo estás de cara a los Juegos".
"Me encuentro bien, después de haber estado entrenando unos días en Sierra Nevada", ha confirmado una badalonesa que el 10 de noviembre cumplirá 28 años. Se ve "con fuerzas" para "seguir con el programa habitual de pruebas" y afrontar una temporada venidera en la que los objetivos primordiales son "el Mundial de Corea del Sur y, antes, el Campeonato de España en primavera", en el que deberá "conseguir las mínimas" mundialistas. Y despidió su balance de situación compartiendo su "ilusión por ser la abanderada de España" en Tokio 2020.