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TRIBUNA

Las derechas

domingo 28 de octubre de 2018, 19:59h

Sánchez se ofende al llamarle Casado cómplice del golpismo separatista. No se ofendió cuando Iglesias acusó al PSOE de tener las manos manchadas de cal viva. En su victimismo, Sánchez rompe relaciones con el PP. También Hitler simulaba ofenderse cuando la Sociedad de Naciones le tildaba de belicista. Los totalitarios nunca soportan la verdad.

A su apabullante conocimiento sobre diplomacia económica, Sánchez suma su pericia como penalista. Con la solemnidad de un jurisconsulto romano sentencia que los sucesos del 1-O en Cataluña no constituyen delito de rebelión. Un hilo conductor de radicalismo liberticida enhebra de vez en cuando al PSOE: Del “Otegui como hombre de paz”, de Zapatero, al “no hay rebeldes”, de Sánchez. Es ese socialismo revolucionario y guerracivilista que prefiere aliarse con terroristas y separatistas denigrando a los demócratas. Ya lo hizo en la II República para dinamitarla con su golpe de Estado en 1934. Es un socialismo que padece una irrefrenable inclinación a ser cazador furtivo en lugar de guardia forestal. Un salteador de caminos de libertad que convierte en caminos de servidumbre. Con ello peligro la democracia. ¿Será verdad que lo único que conoce este socialismo de la democracia es su sombra?

Aún así, el Gobierno afirma que las derechas crispan y desestabilizan. Con qué afán despectivo emplea el término referido al PP y a Ciudadanos, y el de extrema derecha dedicado al Vox de Abascal. Con un presidente incapaz de dar una a derechas, el PSOE ha desarrollado una técnica propia en materia de ataques soeces e improperios contra quienes no piensan como él: xenófobos, intolerantes, fachas, belicistas, doberman y el célebre “tontos de los c...” de un infausto alcalde de Getafe, aplicado a votantes de la derecha. Este legado de invectivas ad hominem lo lleva en su ADN. En la URSS, el acopio de insultos era muy superior al del pan.

Aceptar y alardear de los insultos proferidos por los adversarios siempre ha sido un pasatiempo nacional británico. En 1950, Aneurin Bevan, ministro de Sanidad en el Gobierno laborista de Clement Atlee, y polémico por su radicalismo, declaró que todo lo que no era socialismo era “vermin”, término claramente despectivo que, según el contexto, puede traducirse por bicho o gentuza. A raíz del insulto de Bevan, un grupo de imaginativos y burlones ciudadanos, nada amigos del socialismo intervencionista y de fuerte presión fiscal, constituyeron el Vermin Club o Club de la Gentuza, que rápidamente empezó a ser popular y atrayente en toda Gran Bretaña. El Vermin Club hizo acto de presencia en la campaña electoral. Y al definirse negativamente (todo lo que no era socialismo), sus dirigentes elaboraron un manifiesto en pos de unir a liberales y conservadores frente al laborismo. Aquel conato de coalición tuvo sus consecuencias en las elecciones de 1950, ya que los laboristas ganaron los comicios por solo 7 diputados de diferencia ante sus dos rivales, perdiendo 78 escaños con respecto a la elección anterior. ¿Para cuándo un gran club antisánchez? España o Sánchez.

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