El tenista ruso logró domar al serbio para sumar su título más importante.
París tiene un nuevo y sorprendete patrón. Se trata de Karen Khachanov, de 22 años y 18º del mundo. El ruso consiguió sacar de eje al favorito a todo y nuevo número un de la ATP, Novak Djokovic. La clase que despuntaba el joven jugador acabó por hacer descarrillar a un erosionado jugador balcánico que con sus 31 años no supo cómo neutralizar la potencia rival y vio cómo su racha de triunfos consecutivos se quedó en 22. El resultado final (7-5 y 6-4) entregó con justicia el Masters 1.000 capitalino, el primero de su trayectoria deportiva, a Khachanov.
"Desgraciadamente no he podido recuperarme (del partido con Federer), pero no quiero hablar de eso. Quiero hablar del nivel que él ha mostrado esta semana. Mereció ganar este partido. Es un joven que viene pegando fuerte, que está ya a un gran nivel. Hoy ha demostrado el motivo por el que vamos a verle mucho en el futuro", expuso 'Nole' al término del envite. Eso sí, se mostró satisfecho por hacer reconquistado la cima del tenis: "Voy a volver a ser número uno, ¿qué más puedo pedir? He ganado más de 20 partidos seguidos y he hecho cinco meses increíbles. Llego al final de la temporada con mucha confianza".
Khachanov, por su parte, no pudo evitar su incerdulidad ante la cota lograda. El heredero de Marat Safin, como es conocido, sólo se había impuesto hasta este domingo en torneos ATP 250 (Moscú y Marsella en 2018), pero en este campeonato parisino ha dejado en la cuneta a cuatro jugadores que forman parte del Top-10 (Isner, Zverev y Thiem). "Es mi mejor título, una forma magnífica de terminar la temporada. Puede que no esté llorando, pero estoy muy feliz. Estoy muy satisfecho de la manera en la que he jugado todo el torneo", proclamó.
El ruso confesaría que sus derrotas previas ante el propio Djokovic o Rafael Nadal le han valido para darse cuenta de que había de "elevar mis límites y trabajar todavía más duro". "Me daba cuenta de que tenía el nivel y que todo era cuestión de mejorar en algunos detalles. Creía en mi y me decía que tenía que continuar, que algún día las cosas irían mejor para mi, así que en cada partido he elevado el nivel, hasta llegar al que he hecho hoy contra Novak, el numero 1", ha diagnosticado.
Lo que no ha expuesto Karen es el cansancio que ha arrastrado Djokovic tras las tres horas de semifinal, con un nivel tenístico supremo, en las que se batió el cobre con Roger Federer. Menos de 24 hoas antes de comparecer en la final. De este modo, el ruso relevó a Jock Sock -ganador en 2017-, toma el testigo de Safin -ganó el torneo en 200, 2002 y 2004- y se convirtió en el tercer tenista en la historia de la prueba que alza el trofeo sin ser cabeza de serie.
Su escasa experiencia en la élite de este deporte no amilanó a un Khachanov que hasta París sólo había competido en una semifinal de Masters 1.000 (Toronto 2018, siendo derrotado por Nadal) y que ha ganado todas las finales que ha jugador en el circuito masculino (cuatro de cuatro). Con sólo 36 partidos en torneos de esta altura, no se amilanó al encontrarse con un Djokovic lanzado, que jugaba su final número 47 y que pretendía igualar los 33 títulos de Nadal. De hecho, en esta temporada gloriosa, sobre todo la segunda mitad de la misma, ha recuperado la diferencia de 8.060 puntos al español para llegar al ATP Finals de Londres como mejor del planeta.
Había perido una vez desde que ganara Wimbledon. Una inercia imperial que le llevó a acomontonar las copas del Abierto de Estados Unidos, y de los dos últimos Masters 1.000, Cincinnati y Shangai. Y en lo concerniente al evento parisino encadenaba 30 sets concatenados ganando, una deriva que rompió Cilic en la batalla de cuartos de final. Dejaría en la retina del aficionado la obra maestra que compartió con Federer, porque en la final no dio la talla desde el plano físico. Simplemente, no pudo. Y Khachanov amortizó la oportunidad con templanza impropia de su edad.
Sobre la cancha sólo se verían chispazos del jugador sólido y brillante que ha dominado a todos en los últimos siete meses. El martilleo de la potencia y los raquetazos del ruso abrasarían sus escasas reservas, teniendo que jugar al tipo de duelo impuesto por el aspirante. En esa estructura no fue más oposición que la hora y 37 minutos a la que su orgullo llevó a estirar en encuentro. De esta pomposa manera, casi barriendo a un icono, el ruso confirma su salto del 45 del mundo -así empezó enero- a llamar a las puertas del Top-10.