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TRIBUNA

La política importa

Diana Plaza Martín
domingo 04 de noviembre de 2018, 19:26h

En la última semana del mes de octubre en México ha tenido lugar un hecho con pretensión paradigmática. Tras realizar una consulta popular algo sui géneris, el gobierno electo encabezado por Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha cancelado la construcción del nuevo aeropuerto de la Ciudad de México. Para quién no esté al día de este asunto, rápidamente diré que era una obra polémica por su alto impacto medioambiental, así como por su proceso de licitación, pero que en la actualidad estaba construida al 30% lo cual obligará al gobierno mexicano a indemnizar a los grupos empresariales implicados.

La consulta realizada el pasado domingo 27 preguntaba a los ciudadanos mexicanos que tuvieran a bien acercarse a los lugares en los que se habían puesto mesas, sobre si consideraban mejor seguir con la construcción de Texcoco, aeropuerto que iba a sustituir al actual o si preferían que siguiera operando éste al unísono con el de Toluca (ciudad a 60 km de la Ciudad de México) y la transformación de la base aérea de Santa Lucia en aeropuerto comercial.

El resultado de la misma fue a favor del plan de los tres aeropuertos que implica una obra de aproximadamente tres años y medio para acondicionar Santa Lucia. Este resultado y la inmediata cancelación de la construcción del aeropuerto de Texcoco, demostró en palabras de AMLO que en México a partir de ahora “hay una frontera entre la política y el poder económico”; y es que uno de los argumentos que más se desenvainaban para criticar esta decisión era el efecto que sobre “los mercados” iba a tener la cancelación de mencionada infraestructura vía la desconfianza de la inversión extranjera.

Ante estas críticas AMLO, además de responder con el mensaje citado, se reunió con varios grupos empresariales del país, encuentros tras los que algunos le dieron su apoyo mostrando que “los mercados” están encarnados por personas que pueden responder a las decisiones políticas de manera también política (particularmente bajo el argumento nacional de trabajar por México).

Pero AMLO no es el único que esta semana ha puesto a la política por encima de otros ordenes tradicionalmente más potentes en los lenguajes oficiales, la Caravana Migrante también lo ha hecho. Hace quince días escribía para este medio una reflexión sobre ese fenómeno en el que afirmaba que Only one world no es posible. En ese artículo traía como ayuda al intelectual francés Regis Debray, al cual, a pesar de su ya avanzada edad, voy a alinear de nuevo.

Debray diferencia entre frontera y muro, siendo el primero un espacio que limita, define quién es el otro otorgándole un estatuto de igualdad y, por ende, establece una zona en la que el diálogo y el intercambio son irremediables. Por contra, el muro no permite los intercambios, es una estructura totalitaria. Así mismo, la frontera es una definición de límites que no responde a ningún designio natural, sino que a lo largo de la historia ha sido trazada por personajes encarnados de un halo sagrado, pero personas a fin de cuentas. Esto es, son límites subjetivos que con el paso de los años se han convertido en naturales.

Por esta razón, Debray afirma que las fronteras han de existir pero han de hacerlo de forma ética, ya que al responder a razones políticas no pueden negar su naturaleza que, valga la paradoja, no tiene nada de natural. Esta reflexión teórica es la que me lleva a afirmar que en los últimas dos semanas en México la política ha vencido de nuevo a otro orden, el jurídico, que responde más a aquello que consideramos indiscutible.

Enrique Peña Nieto, actual presidente de México, decía el 19 de octubre que los migrantes podrían pasar siempre y cuando llevaran consigo los documentos de viaje necesarios y una visa otorgada por México. Declaraciones que hizo a sabiendas que estaba pidiendo un imposible y que la opinión pública nacional, así como la regional le estaba mirando y esperando para decirle: no tienes autoridad moral para no dejar a los migrantes centroamericanos pasar hacia EEFUU, es más, no solo tienes que dejarlos pasar sino que tienes que brindarles seguridad y atención, ya que tú estás pidiendo lo mismo por los tuyos en la frontera norte.

Finalmente, como todos sabemos, México dejó pasar a los migrantes centroamericanos de forma completamente desordenada e incluso peligrosa, y mostró que su frontera sur es una frontera sumamente ética, esto es, abierta para todos aquellos que moralmente tengan derecho a cruzarla.

No obstante, cuando los migrantes lleguen a la frontera norte se van a encontrar con un muro, ante el cual no importa las razones que les hayan llevado, los muros no dialogan, no filtran, son totalitarios.

Es un muro que como decía la profesora Elena Sinitsyna en el Foro Debate del Instituto Universitarios de Investigación Ortega y Gasset en México del pasado miércoles desafía al concepto de civilización y nos sitúa como humanidad ante el reto de convivir con la otredad en un mundo en el que los discursos de odio avanzan y con ellos se dilapidan las fronteras necesarias para la convivencia.

A México ha regresado con fuerza la política quitando el velo de naturalidad y objetividad con el que actuaba el ámbito económico y en el cual se basaban las decisiones políticas en un círculo complejo de irresponsabilidades. Es decir, a México han regresado algunas fronteras, pero también algunos muros con los que aún no sabemos qué hacer.

Desde Tijuana, viendo el muro.

Diana Plaza Martín

Coordinadora Maestría en Relaciones Internacionales Instituto Ortega y Gasset México

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