Va para cuarenta años que aquellos jóvenes socialistas, llevados por su ardor, se liaron la manta a la cabeza y comenzaron a dar palos de ciego a la filosofía: fuera la filosofía tradicional, abajo las cátedras por oposición, nada de elitismo intelectual ni de excelencia, a igual trabajo igual salario, los padres al poder en la educación, café para todos, en fin, el fracaso escolar. La nueva Ítaca era el play, clay, way, el feminismo patoso, y la nueva doctrina social de la santa iglesia emergente: a España no la iba a conocer ni la madre que la parió. Todo se sustanció conforme al guión: los nuevos maestros y profesores “okuparon” su espacio, consolidaron su silloncito, y a vivir que son dos días. Publicaciones cero, investigaciones nada, orgullo de ser maestros ninguno. Perfil más bajo imposible. Resultado: en la sociedad envilecida los maestros capean hoy el temporal entre depresión y absentismo, y se quejan de los lodos cuyos polvos ellos mismos propiciaron.
Otro tanto ocurre en la Universidad podrida. Pendientes de las subvenciones europeas, y consolidado el nepotismo, no pocos de los grandes burócratas que ahora reparten becas sustanciosas y presiden tribunales para sus paniaguados y lamebotas -donde no aprobaría en libre concurso ni Aristóteles- se han jubilado sin publicar ni un solo libro y media docena de artículos con una jerga embolismática y flatulenta que ni ellos mismos pueden digerir. En el pecado llevan la penitencia, la jodida próstata por haber retenido tanto. Por lo demás, estos grandes holgazanes estériles comprueban que aquellos siervos a los que auparon, una vez en el poder, se vuelven desagradecidos y traidores, hoy por ti mañana por mí. Promoviendo funcionarios adeptos promovieron farsantes del ideal.
Por otra parte, la ósmosis entre universidad y política alcanza unos niveles de bochorno inenarrables. Masters que no se hacen, doctorados cooptados, universidades patito sin ninguna categoría intelectual no son sino la punta del iceberg. La exministra Carmen Alborch es presentada en El País como el no va más de la investigación y la docencia universitaria en derecho mercantil, ¡ay, esta mercadería mercantil de mercado!
Y ahora (deja vu) vienen tan eufóricos los mismos de ayer: del delenda est philosophia al veneranda est philosophia. ¿Se han fijado ustedes en que siempre son los mismos que ponen, deponen y reponen? Ni siquiera es el mismo perro con otro collar, es el mismo perro con el mismo collar. Leer a Platón en griego y a Hegel en alemán sí es filosofía; estudiar cada día para luchar contra el desorden establecido si es filosofía, alentar lo eterno en el ser humano sí es filosofía.
Este artículo no agradará a ningún poderófilo, y menos aún a los propios profesores de filosofía. No han aprendido que la filosofía no se cambia por habichuelas. Y no aprenderán que su miserable condición les volverá a arrastrar a la definitiva desaparición de la filosofía.