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El chófer de Bárcenas se pasa de frenada

jueves 08 de noviembre de 2018, 19:43h

Llega el glorioso fantasma de los Fondos Reservados, qué maravilla. La huerta está fresca para los primeros tomates, el bancal hermoso y reluciente tras la siembra, el césped y la hierba mojados para otro portento… solo nos falta un Paesa, listo y audaz, que meta en el morral trescientos millones recién ordeñados de la ubre pública e impúdica. Siguen siendo necesarios los Fondos Reservados, sí, cómo no, hace falta viruta para pagar a manguis, randas, chalanes, soplones, yonquis, mujerzuelas, todas las bocas de la calle que no sueltan prenda si no se las abona. Nuestro Villarejo del alma, y el Ministerio del Interior, pagan dos mil eurillos al mes al chófer de Bárcenas durante dos años, con los Fondos Reservados, para que cante y tire del hilo Arenas, Cospedal, Soraya, pero sobre todo del primero, Arenas como sombra mayúscula del Bárcenas internacional, de fundación en fundación con el cartapacio debajo del sobaco, con el que ahora se tapa la cara a la entrada y salida de los juzgados nuestro Villarejo, listo entre los listos, con grabaciones de más de cuatrocientos quinquis vestidos por Pierre Cardin (lo decía mucho Paco Umbral: “No soy más que un quinqui vestido por Pierre Cardin”).

España vuelve a lo siempre: la pillería, la truhanería, el dinero público para pagar historias raras, negras y mendaces. Ahora van a empezar a irse de la mui chóferes, con la agenda nocturna de bares de señoritas, cocaína fina para el naso, billetes atados con una goma, semáforos inciertos y desordenados de la fría madrugada y jarana de la buena, el señorito en el asiento trasero, aturdido por alcohol y placeres, con la lengua torcida como un besugo recién pescado de la bacanal de chapapote. Ay, los chóferes, qué divertido. El de Bárcenas con dos sueldos, uno acordado por Villarejo, el otro el que pagaba el PP, a veces igual se confundía de pagador, porque todo es igual, billetes unos encima de otros con el tacto suave y la música peligrosa del delito que no es delito, chato, porque el que va en el asiento trasero va mucho peor que yo, hombre. Los ojos silentes, entre el retrovisor y el gatillo de la infamia, delatar es un nuevo ocio/negocio, siempre ha sido igual, la información es lo que más dinero da, por eso el periodismo auténtico se escribe a la luz de las farolas, el nudo de la corbata a la altura del ombligo y los dedos firmes por la ginebra en lo mucho que nos han contado hoy las señoritas de mal vivir y los camareros golfos, otros chóferes, que no pierden detalle y, de la que traen y llevan vasos, jamás apagan la grabadora oculta.

No está nada mal la elección de los tres vértices del triángulo: Arenas el principal, Soraya por un lado de la base y Cospedal por el otro. ¿Alguna relación entre los tres vértices? Eso es lo que había que saber. Pero, antes que nada, ese dúo Bárcenas/Arenas del que todo el mundo sospechaba que había tomate. Todo se le pide al chófer, y éste dice tranquilos, amigos, que llevo un Audi y no un avión, se parecen pero no es lo mismo, el retrovisor da para lo que da, y las paradas lo mismo, porque muchas veces son en el aire, para aquí y ya te aviso cuando vengas a recogerme, y yo no sé lo que hay ahí, coño. Dos mil euritos frescos, añadidos al sueldo, todos los meses durante dos años, por esa labor de recoger destinos, fechas, situaciones, alguna conversación atrapada al sesgo, como quien hace lo mismo con las moscas, ser rápido con la mano y cerrar el puño sin que se note. El chófer lo sabe todo. A los ministros de Franco que iban de putas y se les recriminaba además hacerlo en coche oficial, mucho ha contado Anson, éstos tenían siempre una coletilla muy simpática: “Hombre, ¡no iba a venir andando!”. Buenos están los tiempos, te lo digo yo, para andar por la calle así como así.

Esta España mágica es la de siempre. Aquí todo tiene que ver con el grifo. El grifo público, abierto impunemente para unos cuantos, y el grifo privado, tantas veces en la misma cañería que el otro. Los de las Tarjetas/Black decían que sólo había un grifo, que todo eran emolumentos/gratificaciones del mismo sueldo, y casi nos lo creemos. Vuelven los Fondos Reservados, esa es la gran noticia, dinero negro que anda suelto y no se puede decir nada porque es del Estado. Cojonudo. El Estado tiene también dinero negro, reservado, que ayuda a mejorar la salud de lo ya dicho: manguis, quinquis, yonquis, abrazafarolas y borrachines de todas las especies. ¡¿No iba a venir andando!? Claro que no, coño. En la política hay que ser un barbián, persona desenvuelta y decidida, si se va de señoritas se va, y punto. ¿Y si el barbián acaba en barbó (proxeneta)? No, pasa nada, ahí está el chófer para contárnoslo a doble espacio y todo seguido, como diría Emilio Arnao, que solo puede pagar el bonobús.

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