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TRIBUNA

Trump y Estados Unidos en elecciones

jueves 08 de noviembre de 2018, 19:44h

No es casualidad el inmenso interés que han despertado las elecciones norteamericanas de este 6 de noviembre, no solo en Estados Unidos, sino también en el resto del mundo. Un momento importante de la democracia norteamericana, donde había elección de una parte del Senado, la totalidad de la Cámara de Representantes y de Gobernadores, era una buena oportunidad para respaldar o rechazar a uno de los gobernantes más poderosos y polémicos del mundo: Donald Trump.

¿Quién ganó las elecciones de midterm, como se les denomina? La respuesta no es fácil ni unívoca, y podemos estar en uno de esas situaciones históricas donde parece razonable que todos tengan una buena razón para celebrar y otra para lamentar. A medida que se conocían los resultados, se consolidaba la tendencia que hoy es una realidad política: el Partido Republicano tendrá una mayoría en el Senado, mientras el Partido Demócrata logró superar a sus rivales en la Cámara de Representantes. En la práctica, estamos frente a un empate político, que solo podrá dirimirse el martes 3 de noviembre de 2020, cuando se realicen las elecciones presidenciales en Estados Unidos, uno de los premios mayores de la política mundial.

El resultado muestra algunas novedades interesantes, que son consideradas buenas noticias, pero que podrían llegar a ser más simbólicas en una primera etapa, antes que producir cambios reales en la política norteamericana. En este ámbito puede situarse la mayor representación femenina en el nuevo Congreso, así como también la irrupción de figuras de las religiones minoritarias y también de etnias indígenas norteamericanas. Habrá que ver el impacto que esto podría llegar a tener.

En cuanto a la evaluación del gobierno de Donald Trump, sin duda la respuesta es ambivalente. Un problema de fondo para los opositores al gobierno de Trump es que la famosa “ola azul” no llegó, los demócratas no barrieron a los republicanos e incluso el giro izquierdista es menos profundo que el experimentado el 2006, cuando el partido de Obama conquistó la mayoría en la Cámara de Representantes, preanunciando lo que sería su victoria un par de años más tarde. La mayoría demócrata en la Cámara se explica por varias razones. Entre ellas destaca el apoyo recibido en las grandes ciudades y sus suburbios, incluso en territorios donde los republicanos tradicionalmente tenían gran respaldo. También es posible advertir la importancia del apoyo en el voto femenino hacia los demócratas -que además apostaron por tener muchas candidatas- de casi de 2 a 1 sobre los republicanos. Finalmente, en muchos de los distritos claves donde los demócratas vencieron a incumbentes republicanos, los candidatos demócratas son “moderados”, conocidos como morados, y no paladines de izquierda: es decir, son definidos como demócratas pro vida o conservadores fiscales.

Pese a ello, en el Senado la situación se dio de manera distinta, y la mayoría republicana se mantendrá hasta el final del gobierno de Donald Trump. Por lo mismo, el propio Trump quizá hoy está más cerca de su reelección que hace unos días. Pero, por lo mismo, la eventualidad de un segundo gobierno que algunos temen y rechazan, es muy probable que el resto de su mandato sea cada vez más difícil y que la resistencia, fiscalización, obstrucción e investigaciones promovidas por la oposición será crecientes, no solo como parte de una responsabilidad política, sino también para evitar que los republicanos se mantengan otros cuatro años en la Casa Blanca. Las posibilidades son varias, y algunos ya hablan incluso de la eventualidad de un impeachment, o bien el rechazo a la construcción del muro que se levantaría con México o incluso la posibilidad de investigar al propio Presidente y sus declaraciones de impuestos.

Por todo esto, resultado en la Cámara de Representantes y en el Senado, la repartición de poder que ha implicado el resultado electoral quizá sea una buena noticia para Estados Unidos y para el propio gobierno de Trump. Es evidente que tanto el gobierno como la oposición hubieran preferido triunfar en cada una de las elecciones, mostrando su clara superioridad política sobre su tradicional rival. Sin embargo, la situación ocurrió de otra manera y eso implica un necesario giro político, y tal vez la necesidad de que la búsqueda de acuerdos reemplace el clima belicoso y la división que se aprecia desde hace algún tiempo en Estados Unidos. Después de todo, la democracia es el gobierno de la mayoría, pero también es un régimen de limitación del poder y que tiene numerosas complejidades que en estos tiempos es necesario tener en mente a la hora de gobernar o de analizar la situación de una sociedad.

Una de las conclusiones evidentes de estas elecciones es que el país está dividido, aunque está democráticamente dividido, y por ende tiene una fórmula específica de zanjar los problemas políticos. Por otro lado, Estados Unidos tiene un Presidente considerablemente más impopular en la prensa y las redes sociales que en las urnas, como demostró en su propia elección y en los comicios de este martes 6 de noviembre y, eventualmente, como podría demostrar el 2020. Aunque le pese a sus adversarios, el fenómeno Trump sigue vivo.

Quedan muchas cosas abiertas y otras que requieren más estudio. Es evidente que, en Estados Unidos, dividido en solo dos grandes partidos, las posiciones de los candidatos y de los electores son mucho más que dos: hay izquierdas y derechas, conservadores y liberales de distinto signo, emergen algunos socialistas (concepto que no tiene el mismo significado que en Europa o América Latina), es probable que las agendas internacionales, nacionales o grupales se vayan reconfigurando y permitan nuevas discusiones políticas, candidaturas y resultados. Después de todo, estamos frente a una democracia que lleva más de dos siglos de vida, que ha demostrado capacidad para evolucionar y también para superar las grandes dificultades que les ha puesto la historia por delante.

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