El principal afán del Gobierno es confundir a los medios sobre cuándo serán las elecciones generales. Por eso, lo primero en política, como en todo, es salir de la confusión. Un par de evidencias no vendrán mal para salir de la oscuridad. Vamos con la más obvia: Sánchez, el único que tiene la prerrogativa de clausurar la legislatura y convocar elecciones, se resistirá a convocarlas en marzo, mayo y octubre del año que viene y, por supuesto, intentará alargar su estancia en el Gobierno todo lo que le pida el cuerpo y más… Nadie descarte lo peor con este personaje. Estamos ante un “caradura” que le da lo mismo ocho que ochenta. Es bochornoso que alguien quiera prorrogar unos Presupuestos, los de Rajoy, que ni siquiera quiso negociar. Le importa una higa saltarse todos los imperativos que impone un Estado de Derecho para seguir llamándole a este tinglado: democracia. Si Sánchez es incapaz de autolimitarse en el ejercicio del poder, entonces podemos esperar cualquier cosa de este Gobierno, incluida naturalmente la desaparición de uno de los baluartes del régimen democrático: las elecciones. Estas pueden retrasarse hasta el final de la legislatura e incluso pudieran ser retrasadas…
Preparémonos para lo peor y quizá el futuro nos depare una política menos mala. En política no hay mayor aspiración que soportar una política menos mala. Cuando la nación está siendo derrotada y el Estado se desmorona, es un eufemismo hablar de democracia en España Esto es un tinglado bananero que, por fortuna, aún resiste gracias a los auxilios de Europa y la propia tradición española. En muchos aspectos estamos peor que Venezuela en 2002… En esta peligrosa circunstancia, ayer lunes, Sánchez y su ministro de Fomento se dedicaron a llenar de ruidos y zarandajas el espacio público político. Infectaron con sus declaraciones a todos los medios. Farfullaron consignas y frases hechas sobre la posibilidad de convocar en los próximos meses elecciones generales. Todo es hojarasca. Sánchez las convocará cuando, de verdad, se lo exijan Podemos y los separatistas que lo han puesto ahí de figurón para acabar con el sistema constitucional del 78.
La segunda evidencia es aún más lamentable. Sánchez llegó al poder de chiripa, o sea sin apenas legitimidad democrática, y seguirá en la poltrona hasta el último momento, si es que no se perpetua en el gobierno por la colaboración de la estulta Oposición. PP y Ciudadanos, aunque cueste reconocerlo, ejercen una oposición blandita e ineficaz, entre otros motivos, porque no consiguen echar del poder a quien con malas artes llegó. Por lo tanto, no perdamos el tiempo especulando sobre los escenarios posibles para una adelanto electoral, porque es una forma de darle oxígeno a un gobierno falaz y mentiroso: llegó al Gobierno con la consigna de que convocaría elecciones inmediatamente, pero ahora sospechamos que incluso podría no convocarlas. Pongamos, pues, pie en pared y respondamos a Sánchez: usted ya no marca ni la agenda política de sus turiferarios y halagadores, que no paran de repetir que Sánchez, como César, gobierna al margen del legislativo. Mentira. Sánchez y el PSOE no “gobiernan” sino que desgobiernan.