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Poesía

María Zambrano: Poemas

domingo 25 de noviembre de 2018, 17:28h
María Zambrano: Poemas

Edición de Javier Sánchez Menéndez. La isla de Siltolá. Sevilla, 2018. 209 páginas. 16 €.

Por Federico Aguilar

“Estoy demasiado rendida para escribir, demasiado poseída. Sólo podría hacer poesía, pues la poesía es todo y en ella uno no tiene que escindirse. El pensar escinde a la persona: mientras el poeta es siempre uno. De ahí la angustia indecible, y de ahí la fuerza y la legitimidad de la poesía”, escribió María Zambrano (Vélez-Málaga, 1904-Madrid, 1991) en febrero de 1939 en uno de los textos de este volumen, pulcramente preparado por el poeta y fundador de la editorial que lo acoge, Javier Sánchez Menéndez. La confesión de la pensadora malagueña no significa en absoluto que considerara su dedicación a la poesía como algo menor. Al contrario, el género le ofrece un fulgor especial. Bien lo explica Sánchez Menéndez: “María Zambrano utilizaba la poesía para que le ayudara a salir de sus impases teóricos. Su cansancio, las vías sin salida aparente (sin salida racional) en su pensamiento, hacia que acudiera a la poesía para buscar aquella luz que sólo se enciende en la oscuridad profunda, como la aurora, la visión permanente que le faltaba para poder seguir el orden de su pensamiento”.

Y no solo esto. En la autora de Claros del bosque, pensamiento y poesía se imbrican de manera soberbia y plena en una sugerente cosmovisión que tiene como eje la razón poética. De ahí que la lectura de sus poemas resulte una vía quizá más accesible y gozosa para acceder a ella, máxime cuando se acompañan de notas una esclarecedora introducción de Sánchez Menéndez. En este volumen se recogen cincuenta y un textos, entre los que se encuentran veintidós escritos en verso, tomados, salvo alguna excepción, del tomo VI de las Obras completas de María Zambrano, coordinadas por Jesús Moreno Sanz en Galaxia Gutenberg.

Junto a los poemas, los otros son textos breves en prosa, reflexiones, en algunos casos con forma de aforismo, más o menos extensas y con ecos variados. Valga un ejemplo con resonancias calderonianas: “Sí, ya la vida es sueño. Y la verdad en ella no puede estar vista ni conocida, sino soñada. Mas soñada según la verdad. Soñar según la verdad es vivir verdaderamente”. Si queremos recurrir a las etiquetas.

Algo que es lo que menos importa frente a la potencia de la filósofa que consiguió despertar, siendo aún muy joven, el interés de Ortega y Gasset, quien la invitó a la mítica y exigente tertulia de Revista de Occidente, y que hizo justamente acreedora de los dos más grandes galardones literarios españoles: el Premio Príncipe de Asturias en 1881 y el Cervantes en 1988.

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