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EDITORIAL

La factura del 'procés'

viernes 30 de noviembre de 2018, 08:23h

Los tres últimos presidentes de la Generalidad, Artur Mas, Carles Puigdemont y Quim Torra, han dedicado todos sus esfuerzos y buena parte de los presupuestos a impulsar una ilegal e imposible República independiente a costa de las políticas sociales. La sanidad y la educación, sobre todo, han sufrido unos desorbitados recortes que han llevado a la situación actual. Faltan médicos y profesores y los hospitales sufren una de las mayores colas de espera de España. Los ciudadanos catalanes, despreciados por sus dirigentes políticos, han resultado ser los perjudicados.

El desgobierno de los tres últimos presidentes y el empeño en agitar la secesión han provocado también la salida de más de tres mil empresas, el desbocado incremento del desempleo y la inseguridad ciudadana. Los escuadrones de los CDR campan a sus anchas agrediendo a los jueces, a los políticos no separatistas y a todos aquellos ciudadanos que se signifiquen por su oposición al independentismo. Se suceden las manifestaciones violentas, los cortes de carreteras y de las vías del tren con cualquier excusa. La que fue una de las regiones más prósperas y tolerantes de España se ha convertido en un continuo campo de batalla.

En los últimos días los funcionarios de la Sanidad, de la Educación, de la Administración y hasta los bomberos han celebrado multitudinarias manifestaciones en Barcelona para protestar por su situación económica y profesional. Se sienten abandonados por la Generalidad y han tomado la calle plantando cara a la policía local, incluso a las puertas del Parlamento catalán. Pero el presidente títere Quim Torra ni se ha asomado. Ha mandado a su vicepresidente Aragonés y al consejero Eduard Pujol a dar la cara, a justificar cínicamente que la culpa de los recortes es del Estado. Han vuelto a repetir lo de “España nos roba” como único argumento. Incluso, se han atrevido a declarar que en una Cataluña independiente esto no pasaría.

Pero ese mantra ya no sirve. Los catalanes, incluso los más independentistas, están sufriendo en sus carnes las consecuencias del desgobierno de la Generalidad, del derroche del dinero público en alimentar el “procés”, del despilfarro en propaganda, en abrir embajadas en mediomundo, en los continuos viajes a Waterloo de Torra y su tropa de asesores… Y con razón han decidido plantar cara a sus dirigentes en la calle. Ahora las masivas manifestaciones no son para reivindicar la República independiente si no para denunciar la desfachatez, la pasividad y la ineficacia de la Generalidad.

Y ante esta crisis, el Gobierno de Pedro Sánchez intenta pescar en río revuelto. La vicepresidenta y la ministra de Hacienda han salido en tromba para presionar al desaparecido Quim Torra, para chantajearle, para prometerle que si apoya los presupuestos, Cataluña obtendría más de 2.000 millones de euros como contrapartida. Una ridícula y sucia maniobra que tampoco servirá para sus propósitos.

Cataluña, en fin, está en manos de unos cuatreros políticos que desprecian a sus ciudadanos, mientras Pedro Sánchez, en lugar de aplicar el artículo 155 como único modo de resolver los múltiples conflictos, mira para otro lado a la espera de obtener su botín más preciado que no es otro que permanecer en La Moncloa al precio que sea. A cambio, los catalanes se encuentran desamparados. Ellos son los más perjudicados, los que están pagando la factura del “procés”.

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