Lionel Messi acabó quinto y Griezmann fue tercero en la votación.
Se cumplieron los pronósticos. El fútbol ha premiado en este 2018 a Luka Modric como su patrón indiscutible. El centrocampista croata se hizo con un Balón de Oro histórico: el primer que reacer en las manos de un jugador diverso a Cristiano Ronaldo y a Lionel Messi en más de una década. Su participación protagonista en el viaje soñado de Croacia hasta la final del Mundial ruso y su rol irremplazable en el Real Madrid campeón de las tres últimas Ligas de Campeones le bastaron para alzarse con el prestigioso galardón.
Y eso que la gala organizada por France Football, celebrada bajo la imponente cúpula acristalada del Grand Palais de París, ha resultado un homenaje explícito a la selección francesa campeona de la cita mundialista del pasado verano. Estaban presentes en el evento nombres como Antoine Griezmann, Lucas Hernández, Lemar o Kylian Mbappè. Éste último, de tan solo 19 años, se hizo con el premio Raymond Kopa, destinado al mejor sub-21 del año. Pero el primero, astro del Atlético, se fue con las manos vacías.
Antoine, que fue tercero hace dos años, repetiría puesto en la votación final, por detrás de Cristiano Ronaldo y de Luka Modric, Mbapè concluyó cuarto, por delante de Lionel Messi -quinto, en la peor posición que recuerda del argentino en este premio-. El colchonero no escondió su malestar por volver a quedarse a las puertas de la gloria individual. "Quería estar aquí por respeto a mi profesión y ahora solo me queda seguir trabajando junto a mis compañeros para poder estar al año que viene en el puesto de Luka", manifestó, tras declarar, resignado, que estaba "orgulloso de estar en el podium".
Modric, por su parte, se quedó sin palabras en la recepción del entorchado que le hace entrar en los anales del balompié internacional. "Algo extraordinario he tenido que hacer en este 2018, el año de todos mis sueños", comenzó en un reflexión que sobresaldría destacando que es "un honor" ganar el premio tras diez triunfos consecutivos de "dos inmensos jugadores" como Messi y Ronaldo. "Cuando eres niño tienes sueño y los míos eran ganar títulos. Este Balón de Oro es todo lo que yo podía soñar", confesó el cerebro madridista que salió triunfal. Y que bastó para que la entidad de Concha Espina empate a Balones de Oro con el Barça.
"Ser el mejor nunca es fácil. Para mí no lo ha sido. He tenido que aprovechar las ocasiones", se reivindicó Modric, al que Florentino Perez tildó como el mejor jugador dentro y fuera del campo. Y las ausencias de Cristiano Ronaldo y de Lionel Messi no deslucirían una ceremonia que coronó al balcánico de 33 años, que es icono en su país y figura subrayada en la historia del gigante madrileño. Ganador del Balón de Oro y premiado por la UEFA -Mejor Jugador en Europa- y por la FIFA -Mejor Jugador del Mundo por la FIFA. Asimismo, en este 2018 inauguraría France Football el Balón de Oro Femenino, que sería inaugurado por la noruega del Lyon Ada Hegerberg, triple ganadora de la Copa de Europa.
La escandinava quiso enviar un mensaje de apoyo a todas las chicas que practican un deporte que se abre camino, en medio del tributo francés a su selección masculina. El entrenador Didier Deschamps -campeón en el 98 como mediocentro y en el 2018 como técnico- se llevaría gran parte de los aplausos. Pero la tribuna presente no podría celebrar otro triunfo de su fútbol en el galardón individual más importante -después del logrado por Zinedine Zidane en 1998- y acabaron abucehando a un Modric emocionado.
El triunfo de la fe en uno mismo y del trabajo de un refugiado croata
A este "niño de la guerra", proveniente de una aldea remota de los escarpados montes de Velebit y bajo sospecha por su baja estatura, le preguntaría al término de la gala sobre sus sensaciones. "Cada trofeo es muy importe y bonito. Yo prefiero los títulos colectivos pero cuando ganas algo así te llena de orgullo y estás contento de que otros te reconozcan tu trabajo y tu juego este año", manifestó. Y destacó que considera que "esto no es solo por el trabajo de este año, que ha sido espectacular, es por toda mi trayectoria, por todo lo que he conseguido y el nivel que estoy mostrando en los últimos años". "En el fútbol la constancia es importante y en los últimos años he sido constante. La gente ha reconocido eso y me alegro mucho", sentenció.
Modric, tímido fuera de la cancha y un gobernador sobre el césped, reconvertido en recuperador de balones si se tercia y dispuesto a batallar en todo tipo de partidos le ha llegado el éxito total algo menos de tres décadas después de pastorear cabras, cuando tenía cinco años. A los seis perdería a su abuelo Luka, de quien recibió el nombre y que fue asesinado por paramilitares serbios. Entonces, su familia se convirtió en refugiada del conflicto, teniendo de huir después de que los paramilitares quemaran su casa y sembraran los caminos de minas que hoy en día todavía son un peligro latente.
Y sería en los aparcamientos de la ciudad costera de Zadar fue donde comenzó a jugar al fútbol. Sorteando bombardeos cercanos. De aquella época saldría la consistencia mental y el compromiso caso marcial que ha mantenido con respecto a su trayecgoria deportiva. Pasaría por Zagreb, Mostar, Londres o Madrid, siempre con el recuerdo de los bombardeos padecidos."La guerra me hizo más fuerte, fue un momento muy difícil para mí y para mi familia. No quiero arrastrar eso conmigo para siempre, pero tampoco quiero olvidarlo", declaró en una ocasión, aunque no le guste hablar de su intimidad ni de aquella etapa.
Los problemas económicos también aliñarían la fortaleza de un futbolista que fue rechazado por el Hajduk Split. Pero no se acomplejaría: transformaría esa negativa en motivación. Modric empezó a entrenarse a los siete años, como refugiado, en el NK Zadar. Y no tardó en destacar. El Dínamo se fijó en él y su primer entrenador profesional, Zoran Mamic, le recuerda de este modo: "Le había visto cuando todavía jugaba con los cadetes y enseguida me enamoró. Se notaba esa enorme precisión técnica, su enorme versatilidad de movimientos, cosas tremendamente importantes, pero también estaba ese "factor x" que sientes cuando ves algo extraordinario".
Pero, como dijo ese lunes, nunca le fue dado ninguno de sus logros. Antes de llegar a la primera plantilla del Dínamo fue cedido a varios equipos para curtirse y convencer de su valía pese a su baja estatura. En 2003, en el HSK Zrinski de Mostar, de la primera división bosnia, entusiasmó al público; y en 2004 recaló en el Inter Zapresic, club de una localidad cercana a Zagreb que el que lograría su mejor clasificación como subcampeón de liga. Su técnica era ya superlativa. Y de vuelta en el Dínamo de Zagreb ganaría la liga croata a partir de 2005 y en 2008. Hasta que con 22 años fichó por el Tottenham y se fue a vivir a Londres. El resto es conocido. Ivan Rakitic, rival en el Barça y compañero en la selección, le define así: "Luka no es solo el mejor jugador de todos los tiempos, sino también una gran persona, un líder que seguimos".