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TRIBUNA

Venezuela: 20 años de chavismo

jueves 06 de diciembre de 2018, 19:17h

El 6 de diciembre de 1998 Hugo Chávez triunfó en las elecciones presidenciales de Venezuela. Lo que en cualquier país democrático habría sido simplemente un proceso electoral como tantos otros, en este caso marcó el comienzo de una nueva revolución en América Latina.

En efecto, la victoria de Chávez no era sólo un cambio de gobierno, sino la promesa de un nuevo régimen. El chavismo, como proyecto histórico, fue una rebelión contra el pasado reciente venezolano, una protesta contra las elites y una manifestación de desencanto contra una democracia gastada, que el ex militar manifestó incluso a través de un intento de golpe de Estado. Paralelamente, Hugo Chávez reivindicaba a figuras históricas universales de reconocimiento universal en Venezuela, como Simón Bolívar, junto a ciertos íconos revolucionarios latinoamericanos, como Fidel Castro, en una etapa en que el dictador cubano enfrentaba una etapa de decadencia, tras la caída de los socialismos reales y la dureza de las condiciones de vida en la isla bajo el llamado "periodo especial".

El proyecto chavista tenía dos novedades importantes respecto a otros gobiernos de la región. El primero era su decidida voluntad de poder, que se reflejaría con el paso de los años de manera indubitada. Con ello, Hugo Chávez no solo gobernaría durante su periodo presidencial, sino que organizaría un régimen que le permitiera reelegirse, lo que haría hasta su muerte. El segundo era su marcada vocación latinoamericanista, pero no meramente declarativa, sino derechamente política, de acción práctica, con la decisión de influir y trasladar el proyecto bolivariano a otras sociedades, de manera de que el continente en su conjunto avanzara hacia una nueva forma de sociedad.

El proyecto chavista, denominado Socialismo del siglo XXI, fue un proyecto regional que en sus primeros años resultó visible y exitoso, al menos bajo algunos parámetros. De esta manera, era posible ver cada cierto tiempo, en reuniones internacionales, a figuras como Evo Morales (Bolivia), Néstor Kirchner (Argentina), Luis Inacio Lula da Silva (Brasil), Rafael Correa (Ecuador), José Mujica (Uruguay), entre otros gobernantes, que incluso recibieron continuidad a través de Cristina Fernández en Argentina o Dilma Rousseff en Brasil. De esta manera, la revolución bolivariana parecía avanzar a paso firme, con resultados, superando a otras alternativas como las derechas, el socialcristianismo o la izquierda en sus versiones de tercera vía o socialdemocracia.

El Socialismo del siglo XXI tenía un ingrediente adicional interesante: estaba desarrollando una revolución, deudora espiritual del castrismo, pero mediante mecanismos democráticos, con la vía electoral para llegar al gobierno, sin apelar a la violencia armada que había significado enormes costos para la región en las últimas décadas del siglo XX. Con ello, adquiría una legitimidad que no podía ser cuestionada, en un continente que desde la década de 1980 había experimentado procesos de transición a la democracia en muchos países, después de años de dictaduras militares. En otras palabras, se podía apoyar o discrepar de los líderes chavistas, pero para sacarlos del poder era necesario ganarles en las elecciones, tarea que no se veía fácil, considerando la popularidad que gozaban muchos de ellos.

¿Por qué se daba esta situación de triunfos electorales y gran popularidad? En el caso de Chávez, es habitual apelar al carisma del líder venezolano, así como a su capacidad de comunicación directa con el pueblo, en un estilo populista que desafiaba tanto a los convencionalismos como a las instituciones. Sin embargo, había más que eso: Venezuela también contaba con una gran riqueza, el petróleo, con precios muy altos. Este boom le permitía tener al Estado enormes recursos, que el gobierno de Chávez utilizaba directamente en "ayudas" o "subsidios" a la población, en una política tan generosa como peligrosa, a la vez con mano abierta a la gente, pero suponiendo que contaba con un fondo infinito del cual nunca se debería rendir cuenta. Craso error.

En los últimos años hemos vistos desmoronarse el proyecto chavista tanto en Venezuela como en otros países de la región. Desde luego, influye la muerte del propio Hugo Chávez, en el ejercicio del poder. Con ello, el Socialismo del siglo XXI se quedó sin su líder y principal promotor internacional, el hombre que comprendía mejor que nadie el carácter internacional de la revolución bolivariana. Asociado a eso está su reemplazo por Nicolás Maduro, que no tiene la torpeza que le asignan algunos adversarios, pero está muy lejos de la popularidad de Chávez, aunque conserva la ambición de poder de su predecesor y la convicción de que se pueden entregar muchas cosas en el camino, pero no el poder.

En el plano económico, en los últimos años ha existido un doble proceso que ha horadado las bases del chavismo. En primer lugar, el fin del boom de los commodities significó rápidamente -en el caso venezolano- una baja sustancial de los ingresos provenientes del petróleo, con lo cual el populismo económico se quedó sin una de sus bases de sustentación, como era el dinero que parecía infinito. En segundo lugar, la economía comenzó a mostrar su verdadera cara en algunos aspectos especialmente delicados, como la incapacidad del aparato productivo, una inflación absolutamente descontrolada y un Estado incapaz de tomar decisiones medianamente razonables para revertir la crisis, sea por razones ideológicas o de otro tipo.

La consecuencia final de todo este proceso ha sido una situación política y social caracterizada por la pérdida de respaldo popular del régimen y la consolidación práctica de la dictadura de Nicolás Maduro, ante el riesgo de perder el gobierno. La Asamblea Nacional, con mayoría opositora, fue clausurada por el régimen, que inició un nuevo proceso constituyente para conservar el poder. Todo esto se da en medio de una dramática crisis social y humanitaria, que ha tenido en los últimos años algunas expresiones tan tristes como repetidas.

La pobreza generalizada que afecta a la población es notoria, y se expresa en el aumento de la desnutrición, un sistema de salud precarizado hasta el extremo y una miseria creciente. En consecuencia, millones de ciudadanos venezolanos -la cifra ya se acerca al 10% de la población del país- ha abandonado su patria en busca de mejores perspectivas de vida. Por lo mismo, a 20 años del comienzo del chavismo, seguramente habrá muy pocas celebraciones de cumpleaños, y es posible que muchos estén pensando más bien en la cuenta regresiva, esperando el fin de la pesadilla.

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