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ORIENT EXPRESS

"Knightfall" y el nacionalismo catalán

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 23 de diciembre de 2018, 19:42h
Actualizado el: 23/12/2018 19:50h
Si usted quiere discutir en la cena de Nochebuena, tal vez la serie “Knighfall” sea un buen comienzo. Estrenada en 2007 en HBO España, esta producción de templarios, caballeros e intrigas medievales para el History Channel también se puede ver en Netflix.

La polémica ha estallado por una tergiversación histórica y su consecuencia lingüística. En efecto, la serie en versión original -recuérdese la ambientación medieval con sus princesas, sus damas y sus nobles cortesanos- se refiere, en uno de los episodios de la primera temporada, al “reino de Cataluña”. En la versión doblada al español, por el contrario, hace referencia al Reino de Aragón (“seré reina de Aragón”). Los doblajes a otras lenguas siguen la denominación de la versión original inglesa. Por cierto, cuando la estrenaron en HBO, ni quiera se molestaron en cambiar la versión doblada al español y directamente se lanzaron a hablar, al igual que en la original, de Cataluña como reino.

Así, la serie distribuida por HBO y por Netflix ha asumido una de las tergiversaciones de la propaganda que los nacionalistas catalanes llevan décadas difundiendo: la existencia de un pretendido “reino de Cataluña” en lugar de la “Corona de Aragón”, en la que se incluía el Reino de Aragón y el Condado de Barcelona. Me hago cargo de que hay matices históricos según el periodo, pero lo relevante para la bronca que ha venido después ha sido que Netflix lo haya considerado en Twitter “un error en el doblaje”.

Sin embargo, el error no está en esta versión doblada, sino en la versión original en inglés, que será la que se vea en todo el mundo. En España, en general, la propaganda nacionalista se detecta rápido y cualquier espectador fuera de los círculos nacionalistas identifica el error o la manipulación (después volveremos sobre esto). El problema es que esta serie crea, so pretexto de la ficción, un marco simplemente falso y ajeno a la realidad histórica pero aparentemente correcto. No pretende ser “fantasía” sino sólo “ficción” ambientada en un periodo que pretende representar correctamente. Recuérdese que es una producción hecha para el History Channel, no para Sci-Fi. Sin embargo, lo que cuenta es mentira.

Por supuesto, uno podría pensar que la historia debe estudiarse en los libros y no en las series de ficción, pero es ingenuo pensar que el espectador inglés, belga o alemán va a dudar de lo que vea en la serie y se va a ir a la biblioteca para estudiar los manuales al uso. En el mejor de los casos, me temo que la mayoría se irá a Google, donde -igual que en la vidriera de los cambalaches que decía el tango- yace por igual el conocimiento y la mentira. Si es afortunado, tal vez dé con una buena fuente. Si no, acabará en manos de la prensa nacionalista catalana o los intelectuales al servicio del “procès” y el engaño quedará confirmado. Ya saben: son los mismos que sostienen que Colón, Cervantes o Da Vinci eran catalanes. El coronel Pedro Baños dedica en “Así se domina el mundo” todo un apartado a la “dominación indirecta a través del arte y la cultura”. Esta serie dista de ser ninguna de las dos cosas, pero puede resultar muy útil a los nacionalistas catalanes como producción televisiva con el sello History Channel y la difusión de Netflix y HBO. También esto es “soft power”.

Dado que Netflix ya protagonizó el escándalo de la campaña publicitaria de la película “Fe de etarras”, uno no debería sorprenderse de su respuesta en Twitter y de la falta de explicaciones posteriores. La empresa ya ha demostrado que sabe hacer buen uso del marketing del escándalo y que conoce bien a su público.

Tal vez desconozca, sin embargo, las consecuencias sociales y políticas de abrazar y difundir las mentiras de la propaganda nacionalista. Uno ya no sabe qué debe suceder en Cataluña para que se tome en serio el daño que la tergiversación de la historia y la manipulación del relato vienen produciendo. Miles de catalanes han crecido con esas falsedades. Muchos de ellos son los que pretenden ahora defender “la república” hasta que llega el sentido común y les habla a través de un “mosso d´esquadra”: “¡qué república ni qué cojones! ¡La república no existe, idiota!”. Ni el mejor guionista de Netflix podría haber imaginado una escena semejante. En Cataluña, hace mucho tiempo que la realidad ha superado a la ficción.

El New York Times ha publicado esta semana una investigación sobre Facebook, en la que se ha revelado que autorizó a Netflix y otras empresas a acceder a datos personales de los usuarios. Quizás la plataforma sepa algo que nosotros no sabemos y ha decidido apostar por la audiencia nacionalista catalana frente a la inmensa mayoría de los catalanes y del resto de los españoles, que sabemos distinguir entre una ficción y una mentira.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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