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TRIBUNA

A México Papá Noel le regaló un Jenga

Diana Plaza Martín
sábado 29 de diciembre de 2018, 20:00h

En México, como en el mundo, llamar a algún político populista se ha convertido en lo normal de cualquier período electoral. Es decir, el espacio político se constituye por el –populista- y los Otros y no por el de derechas o izquierda. Los Otros, al parecer, no son populistas, sino demócratas, por tanto, el populista no es demócrata y, por ende, amenaza la democracia de los países en lo que pretende gobernar.

No obstante, el populista siempre llega al poder a través de un proceso electoral, por lo que su talante no democrático no se puede probar hasta que efectivamente llega a él; lo cual siempre deja al debate político en un ámbito básico e incluso simplón, de criticar las propuestas del otro en razón de su supuesto carácter antidemocrático y no tanto por su contenido per se. Esto es, y acá viene la teoría y no sólo la opinión de los Otros, el espacio político de México sería un espacio populista al ser un ámbito donde no hay adversarios políticos sino enemigos y donde siempre está en peligro el sistema democrático y la estabilidad del país.

En México, como ya es sabido por todos, hemos tenido una tormenta perfecta populista puesto que no solo gobierna el candidato tachado como tal, Andrés Manuel López Obrador, sino que lo hace con mayoría en las Cámaras, es decir, su partido, MORENA y aliados, tiene la mayoría en la cámara de senadores y diputados por lo que, realmente, no es necesario dialogar ni acordar con nadie para legislar, ni para gobernar.

Pero, obviando que la gente votó mayoritariamente por la opción que según los Otros es antidemocrática, volvamos a la idea de que es necesario probar en ejercicio lo que se dijo en campaña.

En la víspera de Navidad se cayó el helicóptero en el que viajaba la gobernadora del Estado de Puebla Martha Érika Alonso y el ex gobernador del mismo Estado y marido, Rafael Moreno Valle. Ambos representaban uno de los bastiones de oposición nacional, no solo al pertenecer a otro partido político (Partido Acción Nacional), sino porque las elecciones de ese Estado fueron impugnadas por fraude.

Este trágico hecho en seguida fue utilizado por la oposición twittera para mostrar lo antidemocrático del gobierno, es decir, acusaron a AMLO de estar detrás de la muerte de Alonso y Moreno Valle sin ningún tipo de prueba y a los minutos de conocerse la noticia. Ante estas acusaciones, el presidente respondió primero denominando a los críticos como “mezquinos fascistas” y posteriormente como “canallas”, aunque finalmente terminó el discurso, cual homilía dominical, pidiendo a todos que nos “serenemos” y que tratemos de llevarnos bien.

No obstante, el discurso público en México permite que se repartan acusaciones tan graves como las aquí mencionadas sin ningún tipo de consecuencia. Yo, particularmente recuerdo un suceso muy similar acaecido a menos de un mes de mi llegada a este país, el “avionazo” en el que el por entonces Secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño moría el 4 de noviembre de hace una década. En aquel momento, es cierto que no se acusó a nadie frontalmente, debido a que los “enemigos eran múltiples”, pero igualmente pocos eran los que creían que había sido un accidente.

Es decir, el discurso político en México es por naturaleza polarizante, siempre lo ha sido, entre los amigos de la patria y los enemigos; esa es la cultura política del país en la que el disenso no es bienvenido porque para todos su opción política es la único que permite que México no entre en crisis y ahí, exactamente, es dónde está la clave.

El mexicano vive perpetuamente con miedo de entrar en crisis. Particularmente en la actualidad se rememora asiduamente la crisis de 1982, sin considerar que en aquel momento la economía mexicana estaba estrechamente ligada al petróleo y que el crédito internacional se ofrecía con la misma facilidad que el hipotecario en España a principios de este siglo. Pero no importa, el mexicano vive su realidad sabiendo que ésta se puede degradar de forma vertiginosa de la noche a la mañana y, por ello, cada cambio de gobierno hay una parte de la población que lo pasa muy mal, ya que siente que, este vez sí, el bloque que le van a quitar al Jenga (una torre formada por bloques en la que el juego se trata de ir quitando piezas y colocándolas arriba sin que ésta se desplome) va a hacer que la estructura colapse.

En la teoría sobre populismo se suele decir que el escenario ideal para que afloren estos líderes es la crisis, este sería el caso de Europa tras la de 2008 y sería el caso de otros escenarios latinoamericanos, no obstante, México es el rara avis de la región, siempre gobernado por un partido único hasta el cambio de siglo y nunca gobernado por un gobierno autodenominado ni señalado como de izquierdas, ni populista, hasta la fecha. Es decir, si bien ha habido cambio de gobierno cada seis años desde 1934, este se siente más real y por ello una gran parte de la población vive con miedo a que los cambios desplomen al país.

Regresando a la metáfora del Jenga, los mexicanos están acostumbrados a que todos quiten bloques y que el país siga en pie, es más, la gran propuesta de campaña de AMLO es que el país va a ser mejor solo con que se dejen de quitar bloques, esto es, acabando con la corrupción acaecida en el denominado por el presidente como “período neoliberal” iniciado en 1988 con Salinas de Gortari (aquí albergo mis dudas de si lo inicia con ese presidente por ciertas políticas o porque los dos anteriores ya han fallecido y está feo echarle la culpa a los muertos).

Lo que sí es cierto, es que en lo que vemos si la torre de Jenga aguanta, la oposición va a seguir tratando de probar lo que dijo en campaña y, por ende, polarizando el discurso público. La buena noticia es que esto no es novedad, es lo de siempre e incluso en la actualidad importa menos, ya que el gobierno actual no tiene que darse a la tarea de hablar y menos con aquellos que le acusan de cosas tales como matar a los adversarios políticos.

Pero regresando a nuestro juego de mesa y en vísperas del cambio de año, esperemos que los mexicanos veamos en 2019 como la torre se hace más estable y crece, de hecho, ese
es el punto del juego, quitar bloques para hacer crecer la torre sin que ésta se desplome. Moraleja: si no quitas piezas no creces, eso sí, si quitas la incorrecta o muchas de un mismo lado te desplomas. Let’s play! (no nos queda de otra).

Diana Plaza Martín

Coordinadora Maestría en Relaciones Internacionales Instituto Ortega y Gasset México

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