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Ensayo

José Antonio Marina, Javier Rambaud: Biografía de la Humanidad

domingo 30 de diciembre de 2018, 20:35h
José Antonio Marina, Javier Rambaud: Biografía de la Humanidad

Ariel. Barcelona. 2018. 573 páginas. 18,90 €.

Por José Antonio González Soriano

El célebre pedagogo José Antonio Marina y el historiador Javier Rambaud presentan en Biografía de la Humanidad. Historia de la evolución de las culturas un curioso libro, mezcla de antropología psíquico-moral, filosofía -en clave evolucionista- de la historia y relato sintético de los principales acontecimientos de la humanidad. En sus páginas tratan de hallar términos adecuados para ofrecer una respuesta al enigma ya planteado por Kant en 1798: la pregunta sobre si el género humano progresa continuamente hacia lo mejor. Al respecto, señala Kant que lo que nos interesa es la historia moral del conjunto de los seres humanos, “reunidos socialmente y esparcidos en pueblos sobre la tierra.”

Kant quería fundamentar su esperanza en el progreso moral de la humanidad, a través de la disposición política de los pueblos a apoyar las Constituciones basadas en sus derechos -las constituciones republicanas, como recurso esencial para poner trabas a la guerra, “fuente de todos los males y de toda depravación de las costumbres”-. ¿Pero cómo mantener entonces la esperanza cuando se constata que los pueblos flaquean en el propósito de poner sus derechos sociales y políticos por encima de cualquier otro beneficio material hipotético, y cuando se es testigo de que la guerra y la destrucción continúan presentes por doquier en la convivencia de la familia humana?

Nuestros autores deploran el pesimismo histórico de la postmodernidad, pero tampoco se sienten motivados a confiar solo en la memoria histórica de la lucha por la liberación de los pueblos, como Kant proponía, y presentan en su lugar un proyecto (un tanto numinoso) denominado “ciencia de la evolución histórica”. Este libro oficia como introducción a dicha “ciencia”. Propone un punto de partida que se reitera a lo largo de sus páginas: “Cuando las sociedades se liberan de la pobreza extrema, de la ignorancia, del dogmatismo, del miedo y del odio al vecino y al diferente, evolucionan convergentemente hacia un modelo ético universal que se caracteriza por el respeto a los derechos individuales, el rechazo a las discriminaciones injustificadas, la confianza en la razón para resolver problemas, la participación en el poder político, las seguridades jurídicas y las políticas de ayuda.” El problema es que, para conseguir los objetivos que aparecen consignados en primer lugar, es necesario que se pongan en marcha las actitudes y principios que aquí se mencionan como consecuencia de los primeros. Por tanto, esta “ley de progreso ético” se basa en una dudosa tautología y parece más un desiderátum que un “factum”.

En cualquier caso, este volumen nos proporciona un recorrido ameno por la historia universal, como si de un jugoso libro de texto se tratara, procurando tomar nota de todos los avances y retrocesos significativos de ese supuesto esbozo ético global que habría ido construyendo el pensamiento religioso, filosófico y político, así como el desarrollo científico, a través de los tiempos.

Así llegamos a la conclusión final (también de estirpe kantiana): la fortaleza contemporánea de la noción de dignidad, como valor intrínseco del individuo basado en su mera existencia, y que se halla presente tanto en la Declaración universal de los Derechos Humanos como en los textos constitucionales de los países democráticos de todo el mundo, constituye la pieza clave para vislumbrar un futuro mejor. Los autores reconocen que se trata de una esperanza “performativa, constituyente y precaria”. Pero cierto es que no contamos hoy con mejor patrimonio heredado en nuestra tarea de seguir construyendo una sociedad mundial libre, igual y fraterna.

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