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REAL MADRID

Érase una vez Gareth Bale, un cristal de 100 millones de euros

sábado 05 de enero de 2019, 20:47h
Actualizado el: 06 de enero de 2019, 20:44h
El galés, llamado a liderar el barco merengue, se vuelve a lesionar. Por Diego G.

El 26 de mayo de 2018, en Kiev, Gareth Bale había tocado techo con el Real Madrid. Al fin. Después de vestir la elástica merengue desde 2013, fue en esa fecha cuando el zurdo gozó de su noche de gloria con el gigante español. Pasados los múltiples pesares por los que tuvo que atravesar, bien en forma de malestar físico, bien por mor de la pérdida de la titularidad en favor de esquemas más equilibrados y menos verticales. En el verde del NSC Olimpiyskiy anotó un doblete al Liverpool, chilena icónica incluida. Se granjeó la legitimidad de un fogonazo rotundo.

Pero sobre ese mismo césped sobre el que Cristiano Ronaldo susurró su despedida, el británico aprovecharía su ascenso al cielo para emitir un despacho en disidencia ciertamente fuera de contexto. Expuso el siguiente planteamiento, con la medalla de campeón de la Liga de Campeones al cuello: "Tuve una lesión a principios de temporada que me mantuvo cinco o seis semanas fuera, pero luego he estado bien, en forma, y no he tenido continuidad. Necesito jugar todas las semanas y eso, por una razón u otra, no ha sucedido. Este verano tengo que sentarme con mi agente y ver qué hago".

"Estoy muy decepcionado por no haber sido titular esta noche, ya que creo que lo merecía. El entrenador (Zinedine Zidane) toma esas decisiones y hay que respetarlo. En cuanto supe que iba a salir lo único que quería era tener un impacto positivo", remarcó, presumiblemente tras haber hablado con su volcánico agente. El galés se sabía en la mejor posición negociadora con Florentino Pérez desde que el magnate español desembolsara en torno a 100 millones de euros por él.

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An incredible player and a top guy! It has been a pleasure to play alongside you for the last 5 years. Good luck for the future my friend 🏆🏆🏆🏆

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Y la fricción desencadenada por sus palabras en el madridismo, en comparación con el terror desencadenado por Ronaldo, fue descriptivo en la rueda de prensa de Zidane. Porque el Bernabéu, y todo analista, sabe que la dimensión del luso no admite parangón con la del extremo zurdo. Por ende, la amenaza de marcharse, a pesar del doblete, supo a anécdota más que a golpe a los cimientos del proyecto deportivo. El técnico galo regfutaría esta percepción ante los medios.

"Cristiano se tiene que quedar sí o sí, es del Real Madrid y lo que ha hecho no hay palabras para describirlo. Se debe quedar, lo veremos", remarcó al serle puesta sobre la mesa las palabras de Ronaldo. Cuando compartieron con él la queja de Bale, con otro tono menos apasionado, más gélido, contestó de este modo: "Al final, esto es un equipo, una plantilla y no va a cambiar. Intento, como siempre, hacer lo mejor para el equipo, lo que veo según como trabajamos y de vez en cuando uno se merece jugar más, pero son decisiones del entrenador. Es normal que (Bale) quiera más continuidad y regularidad. Cada uno mira por lo suyo y le entiendo".

Esta disparidad de trato no define más que la plasmación en palabras de lo visto. Una lectura positivista demuestra que Bale no está en condiciones de ejercer como heredero del cinco veces Balón de Oro. Desde ningún parámetro. Su rendimiento, salpicado de apariciones coyunturales y más o menos decisivas en eliminatorias, no ha dado para maquillar su guadianesco discurrir global. Porque su vertiente contragolpeadora, único modo de brillo que le permiten sus aptitudes, le ha llevado a perder la titularidad sin más argumento que ese: el de sus limitaciones en estático. Por ello el Atlético de Madrid es su némesis y espejo menos condescendiente.

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Honoured to have played 200 games for the best club in the world. @realmadrid

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Y, por si sus unidireccionales capacidades y apagones de concentración defensiva no bastaran para negar la capitanía del barco que reclamó en Kiev, las lesiones emergen como elemento de análisis tozudo. Bale se ha infortunado 23 veces desde que pisara por primera vez Chamartín. En todas las temporadas que ha jugado -seis- se ha lesionado. En todas. Esa rémora ha torpedeado su ritmo y el del colectivo, sobre todo en este curso que ve a Ronaldo batir récords en Turín.

El pasado jueves, ante el Villarreal, sufrió una lesión de grado 1 en el sóleo izquierdo, con receta de baja para tres semanas. El horizonte de regreso está puesto para el 19 de enero, ante el Sevilla. Hasta entonces, como en el Estadio de la Cerámica y en tantas otras oportunidades, el técnico de turno habrá de componérselas como pueda. Planteándose volver a la posesión para amortiguar la baja del punzón. Santiago Solari, siempre defensor de su plantilla, reconocería al término del 2-2 levantino que las causas del pinchazo fueron que "ellos vinieron a presionar, ya que estaban perdiendo, y buscaron el empate y la otra es que la salida de Bale que nos restó profundidad y, con ello, nos costó mucho encontrar los espacios a su espalda". El argentino tuvo que dar un volantazo en el entretiempo.

La rumorología ha colocado a Bale en rampa de salida de forma consistente, también este verano -como moneda de cambio de Hazard-. Y su agente ha esputado muchas veces que su cliente está deseoso de volver a la Premier. Todo ello, amén de lo contemplado en la estadística y en las sensaciones que traza el césped -en cuanto a estilo, automatismos, eficacia y versatilidad-, niegan protagonismo ganador al galés. Y le acercan cada vez más al fantasma frágil de Arjen Robben. Salvadas las distancias en lo relativo a técnica. Los 81 partidos oficiales que no ha podido jugar por lesiones representan una montonera de difícil digestión para la cúpula. ¿Cómo hacer jugador franquicia a un profesional que se ha lesionado once veces del sóleo, dos del cádriceps, dos del tobillo y dos del abductor, amén de las afecciones en gemelo, pantorrilla, rodilla, músculo piramidal, muslo y cadera?

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