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FÚTBOL

La depresión según el imperial capitán italiano, Gianluigi Buffon

EL IMPARCIAL
miércoles 09 de enero de 2019, 20:41h
Actualizado el: 10 de enero de 2019, 04:20h
El actual portero del PSG ha admitido haber pasado un drama psicológico antes del hacer cima en el balompié.

Gianluigi Buffon ha sorprendido al planeta futbolístico este martes con un testimonio íntimo y personal que ha compartido con la revista Vanity Fair. El actual portero del PSG se a abierto a la edición italiana de la publicación internacional para explicar algunos de los epidosios menos conocidos de una figura colosal en Italia, campeón nueves veces de la Serie A y del Mundial 2006 con la Nazionale. Venerado por propios y extraños, sobre todo por la tribuna de la Juventus, club que no abandonó cuando fue relegado a descender de categoría por el Moggigate, no se sabía demasiado de su faceta privada.

Pero el icono del calcio ha querido exponerse en una conversación que arranca con un incidente que tivo con la Policía. "Es una historia que se remonta a hace veinte años. Después de un partido le di un billete a un fanático del Parma. En el peaje había un puesto de control policial. Tan pronto como vio las luces azules, desapareció. Y me quedé yo solo. Hoy, por supuesto, ya no volvería a cometer esa ligereza, pero sigo reconociendo a ese chico capaz de solidarizarse con un amigo. Incluso un amigo que está equivocado", admitió Buffon en esa anécdota en la que fue aporreado cuando empezaba a despegar.

En ese Parma lograría ganarse un hueco en la élite, conquistando la UEFA. Antes, en su etapa juvenil, perteneció a un grupo de hinchas radicales del Carrarese y arrastró consigo simbología de tipo fascista. También en esta entrevista desnuda esta arista. "Fui un ultra, del Commando Ultra Indian Tips, el nombre del grupo de fanáticos que seguían al Carrarese. Todavía los llevo impresos en mis guantes", avanza antes de reconocer que en esa etapa tomó drogas. "Cuando era joven, albergaba un sentimiento de omnipotencia e invencibilidad, me sentía indestructible. Pensaba que podía exagerar, hacer lo que quería. Lo hice una vez. En todo caso, recuerdo la nube de humo que rodeaba a los fanáticos de Casertana, una niebla causada no por humo, sino por 200 porros fumados todos juntos. Es como si lo hubiera visto ahora", narró.

Después de definir a aquellos que iban al fondo ultra como "chicos normales, soñadores e idealistas. Alguna persona intersante y algún que otro deficiente", Buffon vuelve al recuerdo de Parma para explicar una de las "gilipolleces" que dice haber cometido de joven. Como cuando respondió mal al técnico Nevio Scala en aquel vestuario. "Hice mi mierda, probé el sabor y, en cierto sentido, me alegro de no haberlo olvidado. (Nevio Scala) Se volvió hacia mí y me miró como nadie más lo había hecho. Estaba furioso y tenía toda la razón. 'No tomes drogas, no te dejes drogar, no busques otra cosa fuera de ti', son principios que mis padres me enseñaron pronto. A los 17 años, cuando puse una pastilla en mis labios en la discoteca, sé cómo y por qué digo que no", repasa.

Ha cabido en el texto una referencia social e idológica. Le fue puesto sobre la mesa el suceso en el que aficionados del Inter emitieron cánticos racistas contra el defensor del Nápoles Koulibaly. "Si un barco se hunde en Lampedusa y mueren 300 personas, nos conmovemos y también pensamos en adoptar a los niños huérfanos. Pero si no se hunde, nos quejamos de la entrada de 300 inmigrantes y nosotros preguntamos qué vienen a hacer. Es difícil tratar de contextualizar lo que sucedió en Milán. El odio es un viento obsceno, de cualquier parte sopla. No sólo en un estadio. Porque tengo una fuerte sospecha de que el fútbol, en todo esto, solo actúa como un pretexto", argumentó al respecto una voz autorizada, que tantas veces ha reclamado respeto para los valores nacionales y para la selección italiana.

Y en este punto comartió uno de los momentos más oscuros de su viaje futbolístico. Correspondiente a hace quince años. "Durante unos meses, todo perdió sentido. Me pareció que la gente no se preocupaba por mí, sino sólo por lo que debía encarnar. Que todos le preguntaban a Buffon y ninguno de 'Gigi'. Fue un momento muy complicado. Tenía 25 años, montando la ola de éxito y fama. Un día, a pocos minutos de un partido de la Liga, me acerqué a Ivano Bordon, el entrenador de porteros, y le dije: 'Ivano, deja que Chimenti caliente, no tengo ganas de jugar'", ha señalado. Estaba en la Juventus, por fin, pero la mente le jugó una mala pasada.

"Tuve un ataque de pánico. No podía ni correr. Si no hubiera compartido esa experiencia, esa niebla y esa confusión con otras personas, tal vez no hubiera salido. Tenía la claridad de comprender que ese momento representaba una línea divisoria entre rendirse y lidiar con las debilidades que todos tenemos. Nunca he tenido miedo de mostrarlos o llorar. Es algo que me pasa y de lo que no me avergüenzo en absoluto", sentenció. Y destacó la no clasificación de Italia para el pasado Mundial como otro punto negro en su trayectoria: "Que nosotros, los jugadores, nos rebelamos ante el seleccionador es absurdo. Ventura tuvo nuestra máxima disponibilidad y le defendimos en cada ocasión. En cierto punto, es cierto, se sentía solo. Pero tal vez un apoyo diferente debería haber sido dado por aquellos que dirigían (la federación). Evidentemente, muchas cosas no funcionaron como debían", zanjó.

Aquel 13 de noviembre en el que Suecia apartó a Italia de Rusia 2018, Buffon se despidió entre lágrimas. “Siento mucho que mi último partido oficial con Italia haya coincidido con la eliminación. Lo siento no ya por mí, sino por la afición. Hemos fallado en algo que podría ser importante a nivel social, es la única pena que tengo, porque el tiempo pasa y es cruel, y está bien que así sea”, dijo, compungido, ante la televisión. Todavía sobre el césped. Inconsolable, no podría articular más palabras al aprehender que no iba a volver a jugar para la selección nacional. Ni a alcanzar a Zoff, cuando defendió la meta azzurra con 40 años en 1982.

Y el 18 de mayo, Buffon clausuró su estancia en la Juventus de forma oficial, con un mensaje en sus redes sociales. Corroborando que este año iba a resultar especialmente emotivo. "Seis mil ciento once días. Seis mil ciento once momentos de pura pasión. De alegría, de llanto, de derrotas y victorias", comenzaba el escrito. Y proseguía del siguiente modo: "Gracias a cada uno de ustedes. Porque cada uno de ustedes ha ayudado a hacer que cada momento de mi vida sea especial en blanco y negro. Una vida que se ha convertido en una segunda piel. Una piel que he lucido, amado y respetado. Y que he guardado y protegido con todo mi ser, con todas mis limitaciones, pero también con toda la pasión que siempre me ha acompañado. Con el mañana, un camino termina. Termina un libro que escribimos juntos. La emoción es muy grande. Demasiado".

"Inevitablemente comenzará un nuevo camino. Un nuevo libro. Debe comenzar. La Juventus permanecerá más allá de cualquier jugador, ¡siempre! Y por eso seguirá escribiendo otras páginas importantes de su libro que pienso e imagino infinitas. Porque el suyo es un ADN único e incomparable. Irrepetible y magnífico. La Juve es una familia. Mi familia. Y nunca dejaré de amarla, agradeciéndole y llamándola "hogar". Porque me dio mucho. Todo. Ciertamente mucho más de lo que le he hecho", añade para, de inmediato, asumir que "para mí, aprenderé a mirar el futuro con otros ojos. Comenzaré a reunir los nuevos desafíos que la vida me propondrá con la curiosidad de quienes no quieren dejar de sentirse "en juego". Y sentiré el temor saludable de aquellos que han experimentado muchos desafíos, a veces ganados, muchos otros perdidos, pero quienes saben que cada uno de ellos es diferente del anterior. Y por lo tanto más difícil".

Y se despidió subrayando que en "llegué al estadio (de la Juventus, Dell Alpi) en bicicleta. Yo era muy joven. Mañana me gustaría alejarme metafóricamente para poder saborear cada momento, sentir la fatiga del desapego. Y la alegría de los saludos. Para emocionarme. Y para entender que nunca estaré lejos de ese lugar al que llamaré "hogar". Por siempre". "Para saludar a los compañeros y amigos que nunca dejaré de llamar a fratelli (hermanos)", concluyó.

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